Este lunes, 11 de enero, se pone a la venta un libro que he escrito, titulado HIPERPATERNIDAD y que publica la editorial barcelonesa Plataforma. El libro es fruto de la observación y el trabajo alrededor de un tema que me fascina desde hace tiempo: la excesiva atención que hoy les prestamos a los niños y niñas.
En el siglo XXI las familias han evolucionado de modo que los hijos se han convertido en su centro. Y dispuestos a “darles todo” y a conseguir una prole perfecta que parece que la sociedad demanda orbitan los hiperpadres, quienes ejercen una crianza basada en estar siempre encima suyo, anticipándose a sus deseos y resolviéndoles todos sus problemas.
La HIPERPATERNIDAD es un cocktail con ingredientes como la estimulación precoz, las agendas sin espacios en blanco, la tolerancia cero a la frustración y los enfrentamientos con maestros que osen cuestionar las maravillas del niño o la niña.
Aunque ejercida con toda la buena intención del mundo, la HIPERPATERNIDAD se está llevando por delante aspectos tan vitales en el desarrollo de los hijos como son la adquisición de autonomía, la capacidad de esfuerzo y el tiempo para jugar. También provoca familias estresadas y niños tan sobreprotegidos que, irónicamente, tienen más miedos que nunca.
El libro se subtitula «Del modelo mueble al modelo altar» en referencia a una frase de mi abuela paterna (madre de siete hijos y abuela de veinte nietos), la cual, cuando un niño o niña nos poníamos pesaditos, aconsejaba actuar «como si fueran muebles». Es decir: ni caso.
Hoy, la tendencia ha cambiado radicalmente: en muchas familias los hijos e hijas están colocados en una especie de altar doméstico; se les rinde pleitesía, como si fueran seres omnipotentes, y se les hacer sentir especiales por el mero hecho de existir. Parece que para ser buenos padres o buenas madres debamos hiperprotegerlos, evitarles la más mínima frustración, darles todo y defenderlos como fieras ante cualquier atisbo de crítica.
La hiperpaternidad presenta modelos ya conocidos como los padres helicóptero (que sobrevuelan sin tregua las vidas de sus retoños, pendientes de todos sus deseos) y los padres apisonadora (quienes allanan sus caminos para que no se topen con dificultades). También hablo de los más novedosos padres guardaespaldas (progenitores extremadamente susceptibles ante cualquier crítica sobre sus hijos o, incluso, a que se les toque), los padres-mánager, las madres-tigres y los pintorescos padres-bocadillo (quienes en el parque sostienen, con infinita paciencia, la merienda del niño o la niña, esperando a que se dignen a darle un bocado).
Este modelo de crianza es originario de EEUU y es característico de las clases medias y altas. Se está convirtiendo en un signo de los tiempos: hoy todos somos un poco hiperpadres (aunque hay grados: en mi libro hay un test para calcularlos).
Todos los expertos entrevistados para mi libro (del pedagogo Gregorio Luri al defensor del movimiento slow, Carl Honoré, pasando por Cristina Gutiérrez Lestón, de la Granja; la psicóloga Maribel Martínez y la ya desparecida maestra Josefina Aldecoa, entre otros), consideran que el modelo de crianza hiper debería ser reconducido. Porque todos amamos y deseamos proteger a nuestros hijos e hijas, sí, pero hay formas de ser unos buenos padres sin estar todo el día detrás de ellos y sacrificar aspectos tan valiosos en su desarrollo como son su adquisición de autonomía, su responsabilidad y su tolerancia a la frustración.
Mi libro, tras una primera parte en la que analizo (creo que rigurosamente), este fenómeno, reivindica en la segunda ejercer el underparenting o la “sana desatención”: relajarse un poco, empezar a confiar en los hijos y dejarlos más a su aire.
Por cortesía de la editorial Plataforma, incluyo el primer capítulo: Hiperpaternidad_capitulo1 así como el TEST para evaluar el nivel de hiperpaternidad de cada uno Test de Hiperpadres Plataforma Editorial ¡Espero que os guste! Un abrazo, Eva

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