¿DEMASIADO MADRES? LA CRIANZA DE APEGO Y LA HIPERMATERNIDAD.

Adjunto a esta entrada mi reportaje ¿DEMASIADO MADRES? aparecido en el MAGAZINE de LA VANGUARDIA. Está dedicado a la llamada crianza de apego, que se está convirtiendo en tendencia dominante en los Estados Unidos.

Así lo afirma una de mis entrevistadas, la doctora Amy Tuteur: obstetra y divulgadora y una de las voces más críticas en su país contra este tipo de crianza. Para Tuteur, los postulados del apego: como la lactancia extendida y a demanda, el colecho y el porteo, que demandan que la madre esté prácticamente ‘enganchada’ al hijo, le hacen un flaco favor a la mujer.

No solo las “devuelven al hogar”: Tuteur denuncia la presión sobre las madres de un modelo de crianza que fomenta una competencia insana por quién es la madre más apegada o la que ha tenido un parto más natural. “Me parece una presión injusta e innecesaria —me explicó—. He visto a demasiadas mujeres que se consideraban fracasadas porque su bebé –sanísimo, por cierto–, había nacido por cesárea o habían recibido la epidural”. Y es que, como comentaba la periodista de EL PAIS Luz Sánchez-Mellado en esta columna titulada Hipomadres, cuando se trata de demostrar quién es la mejor madre: “La mujer es loba para la mujer”.

La doctora Tuteur considera que esta crianza intensiva es un tipo de hipermaternidad porque, aunque se presente como “alternativa” y “natural”, el objetivo es, me explica, es conseguir un hijo especial, mejor que los otros. Más apegado, más seguro, más inteligente… También lamenta que los seguidores de esta crianza se hayan apoderado del nombre “apego”; como si el vínculo entre madre e hijo solamente se pudiera conseguir haciendo lo que postulan los gurús de esta crianza intensiva.

En el texto también hay testimonios de un grupo de madres de apego, las cuales están encantadas de criar a sus hijos de este modo. Algunas optaron por esta crianza porque lo ven como “lo más natural del mundo”: aseguran que están felices y que no pretenden nada especial para sus niños. Otras lo ven como una manera de desafiar al sistema mientras que para otras, el estar constantemente pendientes de sus hijos tiene como principal objetivo que estos: “No se desconecten nunca de lo que sienten, de lo que les pasa”.

Pero mi pequeño “scoop” en este reportaje me lo dio el pediatra Carlos González, autor del libro Bésame mucho; una de las biblias de los seguidores de este movimiento. Fue él quien me comentó, vía email, que “eso de ‘crianza con apego’ no tiene mucho sentido. El apego es una necesidad básica del ser humano y todos los niños tienen apego. No depende ni de la lactancia ni del porteo, que son cosas que están bien, pero no son el apego en el sentido psicológico del término”.

Pero pasen y lean (más abajo la versión original, sin editar y aquí, el link al MAGAZINE de LA VANGUARDIA) y saquen sus propias conclusiones:

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¿DEMASIADO MADRES?

La llamada crianza de apego se está convirtiendo en tendencia en Occidente. En especial, entre mujeres de clase media, con educación superior, que consideran que la mejor forma de criar a los hijos se basa en el máximo contacto físico y en un retorno a “lo natural”. Sus partidarios aseguran que produce mejores niños, pero los críticos lo ven como otra forma de competir por quién es más madre, además de un retroceso para el feminismo. Por Eva Millet

De niño, el psicólogo John Bowlby vio muy poco a su madre. Concretamente, una hora al día, siempre después de cenar. A su padre, médico del rey de Inglaterra, ni eso.

Bowlby nació en Londres en 1907 en una familia acomodada. Fue criado por niñeras y a los diez años lo mandaron a un internado, otra costumbre muy inglesa. A Bowlby, aquel flagrante desapego de sus padres —considerado en la sociedad post-victoriana la mejor manera de educar a los niños—, lo marcó tanto que dedicó su vida a estudiar sus consecuencias. Está considerado el padre de la llamada Teoría del apego que, en esencia, postula que para que el desarrollo social y emocional sea normal, los humanos necesitan formar un estrecho vínculo emocional con un cuidador, al menos durante los primeros seis meses de vida.

 Bowly formuló su teoría a mediados del siglo pasado, cuando Naciones Unidas le encargó un informe sobre las consecuencias de la orfandad en la Europa de la posguerra. Su énfasis en la importancia de establecer una sólida relación afectiva con los hijos se ha hecho incontestable. Hoy el afecto es un pilar de la crianza, considerado tan necesario como la alimentación y la educación.

Pero, con el paso del tiempo, la teoría de Bowlby se ha ido transformando. De la teoría del apego se ha pasado a la llamada “crianza de apego” (attachment parenting en inglés), que postula que para conseguir el apego emocional las madres han estar, literalmente, enganchadas al niño, y no solo durante los primeros seis meses. ¿Cómo? Mediante prácticas como la lactancia prolongada, el dormir con los hijos (colecho), llevarlos encima y no en cochecito (el porteo) y estando constantemente pendiente de sus necesidades.

 Como tantas otras cosas, el concepto de attachment parenting nace en Estados Unidos, siendo uno de sus principales ideólogos el pediatra William Sears. Sears y su esposa Martha, enfermera, son un matrimonio profundamente religioso. Padres de ocho hijos, han publicado más de treinta libros. En el más famoso, The Attachment Parenting Book, no hay referencias a Bowlby pero sí un sinfín de indicaciones para convertirse en los mejores padres —y, sobretodo, madres—, a través de una dedicación intensa. Según los Sears, quienes sigan su estilo de crianza conseguirán unos niños “maravillosamente especiales”. No solo “más inteligentes” que el resto, como escriben, sino también, con mejor salud, mejor desarrollo y mejor comportamiento.

Las directrices para conseguir esas criaturas “mejores” son siete: un estrecho vínculo post-parto; lactancia materna (prolongada y a demanda); porteo; colecho; respuesta inmediata al llanto; equilibro y límites (en referencia a no olvidar el vínculo con la pareja) y, finalmente: desconfiar de los consejos de los “adiestradores de niños” (es decir: aquellos que dan consejos diferentes a los suyos).

 En las últimas dos décadas la crianza de apego se ha ido convirtiendo en la ideología dominante en Estados Unidos, ya que es habitual entre las mujeres blancas, de clase media y con estudios superiores. Se da asimismo entre las famosas: Pamela Anderson tuvo a sus dos hijos en un parto en casa, los amamantó durante más de un año y duerme con ellos. Angelina Jolie declaró en 2007 que la familia dormía junta, en una cama especialmente diseñada.

 La crianza de apego ha irrumpido también en España, siendo asimismo conocida como “crianza natural” o “respetuosa”. “Hace unos años solo cuatro hippies iban con el bebé pegado todo el día, ahora esa tendencia ya lleva logo institucional”, explica Miriam, madre de dos niñas de tres y seis años. Miriam colabora en el espacio Yoga con Gracia, en el barrio homónimo barcelonés, donde se reúnen las mamas graciosas. Un grupo que, como se definen en su blog: “Comparte ideas y recursos en torno a la maternidad y crianza respetuosas, con apego y graciosas”.

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Al inicio, Miriam no era consciente de estar practicando una crianza determinada: “Pero al final terminas siendo de la secta”, bromea, “porque una cosa te lleva a la otra: empiezas queriendo recuperar un embarazo más consciente con tu cuerpo; llega el parto y optas por el parto natural y después, no quieres ceder la responsabilidad de la educación de tus hijos y buscas opciones de crianza compartida”. Sin olvidar: “La lactancia prolongada y el colecho multitudinario, ¡cuatro en la cama! Es un encadenado”, concluye.

Miriam ha reunido para este reportaje a cinco mamás de apego, además de a dos padres, los cuales quieren reivindicar el papel masculino en un modelo que los tiene poco en cuenta. Aunque todas crían a sus hijos básicamente de la misma manera (lactancia prolongada, porteo, colecho y con alternativas a la guardería), a ninguna les gusta la idea de etiquetarse. Raquel, que tiene un niño de tres años, ve su decisión de apostar por el apego como: “Un proceso natural, equiparable al empoderamiento ciudadano en la política, en contra de un sistema capitalista, neo-liberal, que ofrece muy poco tiempo para la crianza”. Para Natalie, profesora de inglés y con un niño también de tres años, la crianza natural es algo que literalmente, ha mamado: “Éramos seis hermanos, mi madre nos dio a todos lactancia prolongada, dormíamos con ella, hemos crecido en el campo, hemos jugado con no-juguetes: todo muy natural”, resume. Para ella: “No criar a mi hijo pero trabajar para un tío que me paga es una forma de esclavitud. Criarlo es algo que tengo que hacer yo, su madre”.

Mientras hablan, sus hijos juegan libremente por la sala de yoga, haciendo un ruido considerable que dificulta que los adultos se entiendan. En ningún momento se les pide que bajen el nivel sonoro: otro de los pilares de esta crianza es adaptarse a las necesidades del niño; si grita, será por que lo necesita. Es el infante, sabio por naturaleza, quien dirige su educación. Por tanto, es habitual que desde pequeñito, “elija” por sistema, incluso algo tan fundamental como cuándo y dónde quiere irse a dormir. Rodolf, un padre del grupo, explica que su hijo de cinco años es quien escoge si le apetece dormir con ellos o no: “Hacemos un colecho muy flexible. Él va y viene con total libertad”.

¿No es excesivo, este estar constantemente pendiente? “No es cuestión de estar encima, sino de estar atento a sus necesidades”, matiza Maite, madre de tres hijos y abogada, aunque que no ejerce en la actualidad. Ella, explica, lo que busca en este modelo: “Es que mis hijos no se desconecten nunca, de lo que sienten, de lo que les pasa, y que yo, como madre, pueda conectarlos con el amor universal”.

Las cinco entrevistadas aseguran estar encantadas con esta crianza intensiva. Este estar constantemente pendientes no les parece ni un punto masoquista ni exagerado. Ante tanta unanimidad, la pregunta es si los niños criados así son diferentes. “Al tener sus necesidades emocionales cubiertas desde el principio sí, son distintos”, afirma Natalie. Maite opina lo mismo: “El niño ha tenido el amor, el abrazo, ha sido cogido cuando ha llorado… Tendrá una confianza en si mismo que creo que solo se puede conseguir con una crianza de apego”. Aunque todavía no puede probarlo empíricamente, también cree que tendrá una adolescencia distinta: “Porque si ya te damos lo que necesitas no lo vas a tener que buscar cuando eres adolescente o adulto”.

No coincide tanto con ellas Eugenia, psicóloga y madre de dos niños: “Para mí es un error enfocarnos en esta crianza por resultados tipo «quiero que mi hijo tenga una adolescencia mejor». Puede haber personas que crían con lactancia prolongada, porteo y colecho y no transmiten un apego seguro”, señala. Eugenia es la única del grupo que cita a John Bowlby y a otro teórico del apego, el psicólogo Peter Fonagy. “Me interesé por este tema cuando estudié la carrera”, cuenta, “aunque ellos no tradujeron sus teorías a ningún tipo de crianza. Eran teóricos a secas”.

De convertir una teoría en una práctica se han encargado autores como el citado Sears, no sin críticas. Entre ellas, las de la doctora estadounidense Amy Tuteur, obstetra, madre de cuatro hijos y divulgadora médica. “Uno de los problemas con los Sears y otros gurús del apego es que transmiten el mensaje, sin base científica, que los niños criados con este intenso contacto físico van a ser mejores”, explica en conversación telefónica con el Magazine.

Tuteur ha publicado el libro Retroceso: la culpa en la era de la crianza natural (Dey Street Books). En el denuncia la presión sobre las madres de este modelo que equipara a un culto. “Lo escribí porque recibo muchos mensajes de madres que se sienten fatal al creer que estaban fallando por no seguir los dictados de la crianza natural: me parece una presión injusta e innecesaria”, explica. En un momento en el que se es más vulnerable, Tuteur denuncia una competencia insana por quién es la madre más apegada o la que ha tenido un parto más natural. “He visto demasiadas mujeres que se consideraban fracasadas porque su bebé —sanísimo, por cierto—, había nacido por cesárea o habían recibido la epidural. En ocasiones, me he preguntado si el parto no era más importante que el bebé”.

La doctora lamenta la distorsión que se ha dado a las teorías de Bowlby. “El nombre que los Sears han escogido es muy bueno, porque todos han oído hablar de la Teoría del apego y saben que el apego es importante”, dice. También denuncia que se de el mensaje de que el apego es difícil, que solo se conseguirá siguiendo determinadas directrices: “¡No es cierto; es algo espontáneo!”, exclama indignada. “En treinta años de carrera he observado que lo más importante para los niños es que sepan que sus padres los quieren, pero que el método específico de nacimiento y de alimentación y el número de horas que han sido cargados al día, son irrelevantes. Los bebés no necesitan una madre perfecta sino una madre lo suficientemente buena”, sintetiza.

Incluso Carlos González, autor de superventas como Bésame mucho (Temas de Hoy), comenta, vía e-mail, que: “Eso de ‘crianza con apego’ no tiene mucho sentido. El apego es una necesidad básica del ser humano y todos los niños tienen apego. No depende ni de la lactancia ni del porteo, que son cosas que están bien, pero no son el apego en el sentido psicológico del término”.

Este pediatra está considerado uno de los referentes de la crianza natural en España, por lo que sorprende que aproveche este reportaje para aclarar que: “Nunca he usado (que yo recuerde) términos como ‘crianza natural’ o ‘con apego’”. Lo que él recomienda, explica, le parece lo más convencional del mundo:Lo que ofrezco es libertad: si quieres coger al niño en brazos, puedes hacerlo; si quieres metértelo en la cama, puedes hacerlo, si quieres darle el pecho sin mirar el reloj, puedes hacerlo”.

Publicado en 2003, Bésame mucho está considerado una respuesta —tanto ideológica como de mercado editorial—, a una tendencia de crianza más conductista, que apuesta por rutinas y límites, epitomizada por el método para enseñar a dormir a los niños del doctor Estivill; la “bestia negra” de las madres de apego. En el libro de González (que, sin complejos, se define como “la guía definitiva para criar con amor”), se insta a “respetar” al niño. También dedica páginas a rebatir lo que llama “la puericultura fascista” y a convencer a los padres que el que un bebé duerma de un tirón por la noche es casi una anomalía, así que es mejor dormir con él y darle de mamar cada vez que se despierte.

En el libro existe una clara polarización entre lo que llama la crianza convencional (que, según él, ve a los hijos como “enemigos” a los que domesticar), y la suya, que los considera como “amigos” a los que entender. El término medio, dice, no es posible: “Lo que comento sobre el niño ‘amigo o enemigo’ no se refiere a dos tipos de padres, sino a dos marcos teóricos en los que parecen basarse los libros o los consejos al respecto. Y precisamente critico esa supuesta primacía del término medio que, en algunos temas, no produce moderación, sino más bien híbridos contra natura”.

En un mundo cada vez más polarizado, el apego se está instaurando con fuerza, ante un cierto asombro de quienes creen que se puede amar a los hijos sin ejercer esta maternidad tan intensa para, entre otros, desafiar al sistema. El sistema sin embargo, también se nutre de una tendencia que, como señala la doctora Tuteur, es un “negocio enorme”. Pero para ella, lo más escandaloso de esta crianza natural es que “promueve ideas en su mayoría anti-feministas, normalmente dictadas por hombres”, añade. Un retorno a la época en la que el principal papel de la mujer era quedarse en casa, al cuidado de los hijos. Este retroceso ha sido denunciado por la filósofa francesa Elisabeth Badinter, quien en el libro La mujer y la madre (la Esfera de los Libros), califica esta maternidad intensiva como “una nueva forma de esclavitud”. Badinter asegura que esta nueva tendencia que “por razones etológicas y ecológicas”, empuja a las mujeres a parir en casa y a rechazar la epidural, a amamantar a su bebé non-stop y usar pañales reutilizables, lo que hace, en el fondo, es forzarlas a abandonar los avances “que las han liberado”.

“Yo creía que la libertad femenina es tener igualdad de derechos legales y económicos, de acceso a la educación, a la política…”, rebate Carlos González, para quien la liberación de la mujer: “Será poder hacer con mi hijo lo que quiera: cogerle cuando quiera, darle el pecho cuando quiera o ponerlo a dormir donde yo quiera”. No coincide con él la periodista Juana Gallego, directora del máster de Género y Comunicación de la UAB, quien también detecta un retroceso claro del papel de la mujer en esta fiebre del apego. “Para mí es una tendencia que surge a partir de corrientes que se producen de forma casi inconsciente”, explica, “a menudo fruto de una coyuntura económica: cuando hay una expansión se tiende a que las mujeres se incorporen al mundo público mientras que en la época de recesión, vamos para casa”.

Gallego añade que estamos en un momento de “individualismo exacerbado”, donde lo colectivo ha perdido peso y cada uno tiene que resolver sus problemas de forma individual. “Y dentro de esta tendencia detecto que el feminismo, como movimiento emancipatorio colectivo, se está desmontando”, lamenta. Madre de dos hijos ya emancipados, reivindica el sentido común en la crianza: “Ni dejar llorar al niño hasta desgañitarse ni estar pendiente todo el día, porque entonces se creen el centro del mundo y después el mundo… ¡No es así!”.//

 

 

 

 

 

4 comentarios en “¿DEMASIADO MADRES? LA CRIANZA DE APEGO Y LA HIPERMATERNIDAD.

  1. Muy interesante el artículo, Eva. Filósofas feministas (o feministas filósofas) como Badinter o en España Amelia Valcárcel hablan de la “ofensiva naturalista” que ven como un fenómeno de vuelta al patriarcado. Yo tomé con entusiasmo la idea y puedo asegurar que supone, en gran medida, una reducción de la mujer al espacio doméstico. No podemos olvidar que la maternidad es también una cuestión política y esta es una cuestión pública.

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  2. El apego seguro no tiene nada que ver con la lactancia a demanda, el porteo y el colecho. Estas son reacciones extremas y pendulares al adiestramiento o a la rigidez en la crianza que también se han dado. Suponen una equivocada interpretación o confusión respecto a la teoría del apego. De lo que se trata es de que la madre, los padres, sepan interpretar las demandas del bebé y le ofrezcan respuestas cálidas y afectuosas, estableciendo rutinas pero sin rigidez, con sentido común, producto de la observación, del tanteo y de la sensibilidad que les permiten conocer a su bebé. De esta manera el niño va representando en su mente a alguien diferenciado de él mismo que le cuida, atiende y le da seguridad. Alguien que interpreta sus demandas corporales, físicas pero también emocionales de frustración, malestar, soledad, bienestar…, proporcionándole con esta comprensión una contención a sus ansiedades. El bebé irá adquiriendo la posibilidad de autoregularse aprendiendo a expresar su satisfacción, su malestar de forma adecuada y desarrollando e identificándose con la empatia que sus padres le han ido proporcionando con sus cuidados.

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