QUÉ HACER ANTE LA AVALANCHA DE PANTALLAS QUE SE AVECINA.

En general, la relación de los hijos con las pantallas crea un desasosiego entre los padres que se manifiesta en un cúmulo de preguntas. Desde las clásicas ¿Qué miran? y ¿con quién se relacionan? a la ya angustiante: ¿Son nativos digitales o adictos digitales?… No conozco a un padre ni a una madre que no sufra por este tema. Pero durante este confinamiento las pantallas se han convertido en unas grandes aliadas. ¿Qué hubiéramos hecho sin ellas? Nos han ayudado muchísimo: a trabajar, estudiar, conectar con la familia y los amigos. Y su presencia en la era post-Covid 19 va a ser cada vez más abrumadora… Ahora toca aprender a gestionarlas y, para ello, tendremos que cambiar un poco el chip respecto a nuestro prejuicios sobre el tema. Eso lo que me recomiendan los tres expertos entrevistados para el reportaje que he escrito sobre el tema en el Magazine de La Vanguardia. ¡Espero que os guste!

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COSAS QUE LAS FAMILIAS HEMOS APRENDIDO DURANTE EL CONFINAMIENTO

Os comparto mi último artículo en el MAGAZINE de LA VANGUARDIA donde expongo cuatro aprendizajes familiares muy valiosos durante la cuarentena.

— Podemos parar.

— Nuestros hijos son capaces de tolerar la frustración.

— Nuestros hijos son autónomos.

— Las emociones se gestionan en casa.

Porque, como decía el dicho, “si te dan un limón, hazte una limonada” o “no hay mal que por bien no venga”. Un abrazo y cuidaros mucho. Aquí el link de nuevo. 

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Virus, familia y ansiedad ¿Cómo lidiamos con esta emoción ambivalente?

La crisis sanitaria del Covid-19 está provocando ingentes dosis de ansiedad en todo el planeta. Una ansiedad que crece de forma exponencial a medida que conocemos las consecuencias económicas y sociales del dichoso virus. Comparto este reportaje escrito para la nueva sección de Parenting del Magazine de La Vanguardia, con consejos de expertos para lidiar con esta emoción tan compleja en estos tiempos turbulentos.

Aprovecho para mandaros también un abrazo (virtual, por supuesto). Y muchos ánimos.

 

 

LA NIÑA MÁS MIMADA DEL MUNDO

Se llama Ivanka Trump y es una persona que se me hace sencillamente insoportable. Después de su última actuación: saltarse el confinamiento en una  crisis sin precedentes para ir a celebrar la Pascua en el club de golf de su papá, no puedo resistirme a escribir unas líneas sobre ella.

No es la primera vez que aparece en este blog: en una entrada antigua dije que ella y su esposo, Jared, son el epítome del concepto de “entitlement”: esas personas que se creen con derecho a todo tipo de privilegios y no manifiestan ningún tipo de agradecimiento por su suerte.

Esa es Ivanka Trump: la niña mimada más mimada de la tierra. La niña que, pese a no estar cualificada, se ha convertido en asesora presidencial. La niña arrogante  que no ha mejorado en nada la vida de los ciudadanos estadounidenses porque, sencillamente, no le interesa.

La niña a la que solo parece preocuparle acertar en una cosa: sus estilismos y lucir unas cejas perfectamente depiladas. La niña que por ser “hija de”, va a una reunión del G-7 y hace comentarios banales con completa naturalidad. La niña que enchufa a su marido (tan o más inútil que ella) en la maquinaria de la Casa Blanca. La niña que, con voz susurrante insta a los norteamericanos a quedarse en casa y después coge un avión para irse al club de golf con su familia.

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Después de instar, con su voz aterciopelada, que nadie saliera de casa, la niña cogió un avión con su familia y se fue al club de golf de su padre, a celebrar la Pascua. Hipocresía en estado puro.

Ivanka y Jared son el colmo del nepotismo y la soberbia y un perfecto ejemplo de lo tremendos que pueden llegar a ser los niños mimados. Porque los niños mimados no solo son insoportables: su falta de empatía los hace también peligrosos. Ese es precisamente el caso de Ivanka: una niña consentida que, como su padre, desconoce un concepto tan básico como es el del bien común.

¡Qué familia!

 

CONFINAMIENTO: UNA PRUEBA DE FUEGO PARA LA FAMILIA

Estamos, sin duda, en una de las situaciones más extrañas que viviremos en nuestras existencias. Recluidos en casa, las 24 horas del día y sin fecha clara de salida, debido a un virus con forma de corona que ha puesto el mundo patas arriba. ¡Más de un tercio de la población del planeta estamos confinados!

Esta situación inédita pone a prueba a la familia que se ver forzada a convivir de una forma intensísima. En mi caso, de tener dos hijos adolescentes que entraban y salían, nos vemos los cuatro en casa, 24/7, con una gata gordísima por testigo. Incluso ella parece estar algo agobiada por tenernos en su territorio todo el día.

Frente a los que quieren que esta vivencia se convierta en otra competición para demostrar que somos los mejores padres —los más activos, entregados e imaginativos— y que vamos a pasar esta prueba con sobresaliente, yo reivindico otra cosa.

Reivindico, más que nunca, el aprobado. Y un cierto laissez faire en estas anormalísimas circunstancias. Con un cinco, repito, basta. Lo explico en este reportaje en la nueva sección de Parenting del Magazine de La Vanguardia que aprovecho para presentaros. Espero que os sea útil. Un abrazo (virtual, por supuesto).

Molly, confinamiento.
Nuestra gata, Molly, levemente molesta por nuestra presencia constante en “su” casa.

REFORMATORIO DE PADRES Y MADRES

“Estamos en el año 2030. La obsesión de los padres por educar a sus hijos –en la mayoría de los casos hijos únicos–, para un mundo extremadamente competitivo genera una tensión emocional que a menudo se desborda y provoca situaciones agresivas. En ellas, invariablemente, han estado implicados los progenitores…”. Así empieza “Reformatorio”, una ficción sonora de Radio Nacional de España (RNE), con guión de la escritora Elvira Lindo.

Lo escuché por casualidad y obviamente, lo he disfrutado muchísimo: narra la historia de un matrimonio de profesionales de clase media-alta dispuestos a darle TODO y hacer TODO por su hijo, que son  internados por orden judicial en un “reformatorio para padres”. ¿Las razones? Sendas agresiones a la profesora de piano de su hijo y al árbitro del partido del balonmano de la criatura. El niño se va a una familia de acogida porque la relación con los padres es “tóxica”.

Como se desgrana en los primeros e impagables minutos del docudrama, el Estado tiene que reaccionar ante la avalancha de progenitores sobreprotectores, agresivos e hipercompetivos que agreden a  maestros, jugadores, entrenadores y árbitros y/o se enzarzan entre ellos en batallas campales en chiqui-parks porque una madre ha osado llamar la atención a un niño ajeno. Los niños reaccionan quedándose atónitos o experimentando su primer ataque de ansiedad.

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Elvira Lindo, autora del guión, colabora también como actriz radiofónica en esta ficción sonora que tiene mucho de realidad.

Los disturbios son alarmantes y el Ministerio de Educación en la ficción de Lindo decide tomar medidas para “anteponer el bienestar del menor”. La medida estrella, en los casos más alarmantes (“porque hay padres reincidentes”, dice el personaje de la ministra de educación), es la retirada momentánea de la custodia de los hijos y un proceso de reeducación a los padres (“no sólo como padres sino también como ciudadanos”, recalca).

Preguntada por las causas de este fenómeno, el personaje de la ministra responde:  “Son muchos los factores: podríamos hablar de una competitividad enfermiza, proyectada en los hijos, de una vanidad delegada que consiste en ser alguien a través de los éxitos de los hijos, una compensación de las frustraciones y, desde luego, una mal entendida sobreprotección”. La idea es reinsertar para que no delincan porque, como dice el personaje de la ministra de educación: “Agredir es delinquir”.

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El equipo, al final de la grabación.

¡No se lo pierdan! Aquí está el link al podcast. Con estupendas interpretaciones de Cecilia Freire, Víctor Clavijo, Carmen Ruiz, Eulalia Ramón, Rodri Martín, Juan MegíasJuan Suárez y la colaboración especial de Íñigo Alfonso (director y presentador de Las mañanas de RNE) y la propia Elvira Lindo.

 

 

 

LA HABITACIÓN DEL ADOLESCENTE: CAOS, CONFLICTO Y OPORTUNIDAD.

Ropa y zapatos esparcidos, camas deshechas, bolsas, envoltorios, cáscaras de pipas, latas vacías, papeles, libros, cargadores de móvil, vasos de agua a medio beber y bocadillos a medio comer que empiezan a ser colonizados por hongos del género penicillium… ¿Les suena? ¿Podría ajustarse esta descripción al dormitorio de sus hijos adolescentes?

Comparto mi último post del año, dedicado a un espacio de la casa que con la llegada de la adolescencia a menudo se convierte en fuente de conflicto en las familias. Pero también, si se gestiona bien, puede ser una oportunidad educativa. Como madre de dos adolescentes vivo alguna de las situaciones que describo en este reportaje, publicado en el Magazine de LA VANGUARDIA. Dejo el link aquí y el texto, a continuación.

La habitación del adolescente

Texto de Eva Millet y fotos de Ana Jiménez — 22/12/2019

Especialmente en la adolescencia, la cuestión del dormitorio, su uso y orden, se convierte en un foco de tensión en la familia, además de un reflejo de los profundos cambios que se producen en una edad en la que la habitación se convierte en un bastión frente al mundo. Bien gestionado, sin embargo, este espacio puede transformarse en una herramienta educativa más.

Un cuadro de Jackson Pollock”. “El big bang”. “Un horror”. “Puro caos”. Estos son algunos epítetos utilizados para describir el espacio del hogar que más conflictos provoca entre padres e hijos: la habitación de estos últimos. En especial, cuando alcanzan la adolescencia, etapa en la que para muchos chicos y chicas su dormitorio se convierte en el bastión de su privacidad, la fortaleza frente a un mundo que no les comprende.

El reguero de ropa, zapatos, camas deshechas, bolsas, envoltorios, cáscaras de pipas, latas vacías, papeles, libros, cargadores de móvil, vasos de agua a medio beber y bocadillos a medio comer que empiezan a ser colonizados por hongos del género penicillium es algo conocido por los progenitores. Madres y padres que observan, perplejos, como sus retoños han pasado de tener un cuarto razonablemente ordenado –y en el que no pasaban demasiado rato– a convertirse en reyes del caos y ermitaños domésticos. Como comenta Pilar, madre de una adolescente de 13 años: “Mi hija nunca había estado en su cuarto, pero ahora siempre está ahí metida, pese al desorden que tiene”.

Un desorden que, como a tantos jóvenes, no parece perturbarle. De hecho, se queda perpleja cuando su madre le insta a “recoger un poco” su dormitorio. Tumbada en su cama triunfalmente deshecha, rodeada de ropa tirada, la persiana echada en pleno día y la mesita de noche salpicada de restos de galletas, suele responder con un mudo encogimiento de hombros o un indignado: “Déjame en paz… ¡Es mi habitación!”. “Y lo que normalmente hago –explica Pilar, resignada– es cerrar la puerta aunque, eso sí, antes abro la ventana, para ventilar”.

Sonia vive una situación similar con su hijo de 15 años, experto en depositar la bolsa de deporte sobre la silla (“con la equipación, bien sudada, en su interior”, describe la madre). Y ahí se queda la bolsa, rodeada de una explosión de zapatillas, calcetines y otras prendas que le rinden pleitesía. “Mi hijo nunca ha sido muy ordenado, pero los niveles de ahora… ¡Pasa de todo! El orden, la limpieza, no son importantes para él”, comenta la madre, un punto indignada.

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“El big bang”. “Un horror”. “Puro caos”… ¿Les resulta familiar? Foto: ANA JIMÉNEZ

Algo similar le pasa a ­Federico, padre de Teo, de 17 años, que explica que su hijo “no es que sea desordenado: es lo siguiente”. La habitación del chico es peque­ña, lo que, para su padre, “sirve de atenuante”, pero el desorden es monumental. De nuevo: la bolsa con la ropa de deporte usada, vasos de agua medio vacíos y ropa desperdigada.

Salvo contadas excepciones, las habitaciones de los hijos, al llegar la adolescencia, se convierten en un foco de colisión con los padres. “Sí. Es un clásico de los conflictos entre padres e hijos. Lo sigo viendo cada día”, explica la psicóloga barcelonesa Maribel Martínez. “Es un tema, además, importante: para el hijo es su espacio, y les pide a sus padres que le dejen. Y para los padres es su casa. Esta contradicción establece una pequeña lucha de poder, y ya tenemos el conflicto servido”, agrega. Experta en terapia familiar, Martínez es autora del libro ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? (Arpa Editores), una frase que se pronuncia con mucha frecuencia en las familias de todo el mundo, y no sólo respecto al estado de la habitación.

“Terapéuticamente, esta cuestión en concreto no es lo que lleva a los padres a la consulta, pero siempre surge como algo transversal”, dice el también psicólogo Ángel Peralbo, director del área de adolescentes del Centro de Psicología Álava Reyes de Madrid. Sin embargo, añade, en ocasiones, el estado del cuarto preocupa a los padres más allá de un tema doméstico: “Creen que el desorden sería el reflejo de una desestructura mental que podrían tener los hijos o hijas”.

En cierto modo, los temores de estos padres tienen su lógica. Incluso el progenitor más avezado se asusta ante ciertos niveles de dejadez, pero, especialmente, ante la indiferencia que sus hijos sienten por su entorno decadente. Ante el aire enrarecido, el reguero de ropa, la cama deshecha, los restos de comida…  No sorprende que, ante este cuadro, sean muchos los padres y las madres que se pregunten, algo alarmados: ¿Qué le pasa?

“¡Lo que le pasa es que es adolescente!”, responde Francisco Mora Teruel, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Neurociencia por la de Oxford. En uno de sus libros, Mitos y verdades del cerebro (Paidós), ya detalla lo que sucede en el cerebro durante una etapa que, “en términos de conducta, es una vorágine”, dice, “el periodo de la vida humana en el que realmente se vive en riesgo”. Este experto recuerda que en las fases comprendidas entre la pubertad (de los 12 a los 14 años) y la adolescencia (de los 14 a los 18), el cerebro experimenta “cambios profundos”. Se conforma nada más y nada menos que el cerebro adulto. “Ello conlleva vicisitudes y tiempos convulsos que se expresan en la conducta, y que tantas veces sufren los padres de algunos adolescentes al manifestarse en forma de desajuste o falta de acomodo en las relaciones con la familia, el colegio o la sociedad”.

Como neurocientífico, Mora Teruel recuerda que “una de las características principales del adolescente es que se trata de un individuo siempre en busca de recompensas. De placer con inmediatez, además”. El cerebro adolescente está en una situación de querencia constante de halago. “¿Y qué ocurre con eso? Pues que esta urgencia le hace prestar muy poca atención a lo que significa la inmediatez de su entorno. Incluso en la cuestión de las relaciones, pero, sobre todo, en aspectos como el desorden”.

El cerebro adolescente, todavía inmaduro pero en plena trasformación, no tiene tiempo de pensar en hacerse la cama o en recoger la ropa tirada. “El adolescente no planifica a largo plazo, lo hace a corto término. Y eso provoca que ni clasifique ni ordene lo que no le interesa. Y que tampoco piense en los demás (como sus padres), que son los que tienen que hacer esa tarea por él”, resume Mora Teruel.

El cerebro no adquiere su madurez hasta los 25 años, edad en la que la mayoría de los jóvenes españoles aún no se han independizado. ¿Quiere esto decir que muchas familias tendrán que aguantar el caos doméstico durante varios años? En principio, no debería ser así porque, como señala Mora Teruel, “aunque la genética nos determina en un 25%, el 75% restante de la persona son la cultura y la educación que se recibe. Y en función de ambas, esos periodos de pubertad y adolescencia se pasan de una u otra manera”.

Por ello, resultará mucho más fácil la convivencia con un adolescente al que ya de pequeño se le asignaron tareas en el hogar que con uno que nunca ha movido un dedo en casa. “Es cierto, si jamás les hemos pedido que pongan una mesa o doblen un jersey, no podemos pretender que, por arte de magia, a los 13 años tengan su habitación impecable: tenemos que empezar a educar en el orden y en las tareas domésticas desde pequeños”. Así de claro lo tiene la organizadora personal Marta Fernández, cuya empresa, Bye-Bye Caos, ha ordenado más de un cuarto adolescente. “El mayor problema es la ropa –cuenta–; una clienta me llamó para organizar el vestidor de su hija. Tenía más de cien tejanos y docenas y docenas de pares de zapatos. ¡No había días en un año para ponerse todo!”.

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La genética importa pero la educación, más: resultará mucho más fácil la convivencia con un adolescente al que ya de pequeño se le asignaron tareas en el hogar que con uno que nunca ha movido un dedo en casa. FOTO: ANA JIMÉNEZ

Marta siempre ha sido “muy ordenada” y así ha educado a su hija, que ahora tiene 14 años. Por ello, le cuesta entender la fase actual de la adolescente, que consiste “en cambiarse tres o cuatro veces al día y dejarlo todo acumulado en la clásica silla de la ropa… ¡que odio!”, dice. De todas maneras, está convencida de que es algo pasajero. “Ahora estamos en un momento delicado, no dudo que volverá a la normalidad, porque siempre ha sido ordenada. Entre tanto, mucha paciencia”, concluye, resignada.

NIÑOS, ADOLESCENTES Y ANSIEDAD — (mi nuevo libro)

En dosis adecuadas, puede ser una aliada. Porque si no sintiéramos una cierta ANSIEDAD en nuestro día a día no saldríamos de la cama cada mañana. Sin una cierta ansiedad perderíamos todos los aviones y trenes de nuestra vida, solo los genios sacarían sobresalientes en un examen y nadie entregaría una tarea a tiempo o ganaría un torneo deportivo. Tampoco seríamos buenos cuidadores, porque esta emoción fundamental nos ayuda a crear lazos afectivos y fomenta la empatía.

Sin embargo, la ansiedad tiene un lado oscuro muy poderoso, que se manifiesta en su capacidad de fastidiarnos la existencia si se presenta en dosis excesivas.

A esta emoción fundamental y compleja, que tiene una posición central en el pensamiento psicológico, y que sedujo al mismísimo Freud, he dedicado mi último libro, que se publica esta semana.

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NIÑOS, ADOLESCENTES Y ANSIEDAD (Plataforma) pone el foco en la ansiedad entre los menores. En parte porque, si hasta hace relativamente poco se consideraba que los trastornos de ansiedad no eran cosas de niños, hoy se habla —especialmente en los medios anglosajones— de una epidemia entre los más jóvenes.

Mi percepción es que ni lo uno ni lo otro. Como el dinosaurio, la ansiedad entre niños y adolescentes siempre ha estado allí. Lo que ocurre hoy es que hay más consciencia y se diagnostica más: la Organización Mundial de la Salud calcula que, en el mundo, entre el 10% y el 20% de los niños y los adolescentes experimenta trastornos mentales, siendo los relacionados con la ansiedad los más comunes.

Los terapeutas, eso sí, están sorprendidos ante una ansiedad entre los menores cada vez más precoz y virulenta. Una ansiedad que no deja de ser un reflejo de la actual sociedad ansiosa e hipercompetitiva y de una crianza sobreprotectora, cada vez más en boga (la hiperpaternidad, ¿les suena?). Con esas infancias cada vez más frenéticas y con menos tiempo para el juego: un derecho de la infancia que, junto a los abrazos, es uno de los mejores ansiolíticos.

“Niños, adolescentes y ANSIEDAD” pretende ser una radiografía de esta emoción compleja, poniendo el foco en los menores. A través de reflexiones de numerosos expertos, entrevistas con niños y adolescentes y una bibliografía seleccionada, he tratado de explicar de una forma clara y concisa cómo y por qué afecta la ansiedad a nuestros hijos.

Cómo la describen y la enfrentan. Cuáles son las nuevas fuentes de ansiedad —con las redes sociales como uno de los factores estrella— y porqué el padecerla se está convirtiendo en algo codiciado entre algunos jóvenes. Qué síntomas deben de alertarnos y de qué manera padres e hijos podemos lidiar con ella, para aprender a convivir en paz con esta emoción clave.

Os invito a leer la Introducción a mi nuevo libro deseando que sea de vuestro interés. Yo he experimentado no pocas dosis de ansiedad al escribirlo, pero creo que ha valido la pena profundizar en esta emoción que, nos guste o no, nos acompaña durante toda la vida.

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Sobre hijos y mascotas.

Captura de pantalla 2019-09-02 a las 13.22.04Al leer este reportaje de la BBC, titulado LAS PAREJAS SIN HIJOS QUE TRATAN A SUS MASCOTAS COMO HIJOS, recuerdo el comentario que alguien me hizo un día:

— Tu próximo libro tendría que tratar el tema de las hipermascotas: hiperperros, hipergatos… —me dijo—. Dueños de animales que tratan a sus perros o gatos como personas, mimándolos en exceso. Trabajo en un veterinario y veo cosas extrañas.

Quien esto escribe adoptó una gata hace algo más de un año, Molly, un animal tan encantador como padecedor de todo tipo de dolencias. Ello ha hecho que las visitas al veterinario hayan sido muy frecuentes en los últimos meses. Somos casi clientes VIP, y he podido observar de primera mano algunas de esas “cosas extrañas” que me comentaba aquella persona.

De parejas de caniches vestidas de Burberry’s a una oferta médica para los animales que va mucho más allá de las vacunaciones: hoy hay “asesoramiento dietético”; “estudios endocrinos”; “profilaxis dentales” e, incluso, psicólogos para perros que recomiendan suministrar Diazepám (tranquilizantes) a los animales los días previos a la verbena de San Juan. Que conste que odio, odio, los petardos de San Juan y simpatizo totalmente con los pobres animales que sufren por el ruido, pero me resultó algo extraño aquel goteo de dueños llevándose Diazepám para sus perros, la verdad.

Todo esto me viene a la cabeza cuando leo el citado reportaje de la BBC, firmado por Jessica Klein, donde se explica que en Estados Unidos son cada vez más las parejas que deciden no tener “hijos humanos” —como describe una de las entrevistadas—. Las razones que esgrimen tienen que ver con el cambio climático y la sobrepoblación mundial. Sin olvidar “el gasto” que suponen los hijos, como señala uno de los entrevistados. O las “preocupaciones” que estos generan.

Algunos optan, por eso, por adoptar o comprar un animal (generalmente, un perro), al que tratan, aseguran, como a “un hijo”. Ello hace que se consideren una familia como cualquier otra. “Somos una familia, nuestra perra es nuestro niña”, describe Melissa Grieco, que en el video que acompaña el reportaje es descrita como “mamá de perro”.

Captura de pantalla 2019-09-02 a las 13.20.03Melissa cocina para su mascota (pechugas de pollo, kale, guisantes, “incluso lechugas”), le prepara fiestas de cumpleaños y se dedica a su animal —dice medio en broma—, como “una madre helicóptero”. Insiste que ella, su esposo y su perra forman una familia: “El mundo está cambiando y la gente se está volviendo cada vez más abierta a lo que es una familia, que hoy puede tener diferentes formas y maneras de ser”, concluye.

En el reportaje se cita también a la doctora Amy Blackstone, profesora de sociología de la universidad de Maine, quien ha escrito un libro sobre esta nueva corriente de los “children-free”. Ella misma ha optado por no tener descendencia pero ha detectado, sin embargo, que “una manera en la que las familias sin hijos expresan su instinto de crianza es a través de su conexión con sus mascotas”.

Captura de pantalla 2019-09-02 a las 12.24.46En su libro, titulado SIN HIJOS POR ELECCIÓN, donde detalla “el movimiento que está redefiniendo la familia y creando una nueva era de independencia”, la doctora cita algunos ejemplos de personas sin hijos que consideran a sus animales como tales: como un hombre que cuando supo que su perro iba a morir dejó su trabajo para acompañarlo en sus últimos días. O una pareja que emprendió una batalla legal por la custodia de sus gatos.

El amor hacia los animales, darles un trato digno, es sin duda un signo de civilización. Soy una amante de los mismos y no soporto su maltrato.  Me parece algo imperdonable.

Dicho todo esto, no me parece que, como describía Melissa Grieco, una pareja con un perro equivalga a una pareja con un hijo. Las familias son mucho más sofisticadas, en lo bueno y en lo malo. Y sirva como ejemplo esta escena en la enésima consulta veterinaria de nuestra gata, Molly. Entró un señor de mediana edad, algo agitado. Su perro había muerto la semana anterior. “No podemos soportar su ausencia”, le dijo a la persona del mostrador: “¿Sabeis de alguna camada reciente, de la misma raza?”.//

EL DESCONCERTANTE MUNDO de los YOUTUBERS INFANTILES

Comparto mi reportaje aparecido en el Magazine de La Vanguardia sobre el fenómeno de los Youtubers infantiles, mundo que me ha dejado absolutamente perpleja: no solo por los contenidos —banales y comerciales—, de los videos sino, también, por el papel de los progenitores detrás de estas precoces estrellas de internet. ¿Padres o mánagers? Aquí tenéis el link y, más adelante, el texto completo. Sacad vuestras propias conclusiones.

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El 70% de los niños entre los 2 y los 11 años ven vídeos de YouTube a diario. Una audiencia enorme, que seguirá aumentando, y sirve de acicate para el fenómeno de los youtubers infantiles: nuevas estrellas de internet, menores de edad, que muestran sus vidas a la cámara. No lo hacen solos: sus padres gestionan estas carreras precoces, que pueden ser muy lucrativas.

Texto de Eva Millet/Ilustración: Neus Carreras

Abrir paquetes. Si se tuviera que sintetizar el principal cometido de los youtubers infantiles, esta sería la descripción más adecuada. En la jerga de la plataforma de vídeos más potente del mundo este gesto se conoce como “unboxing” —o abrir regalos en cámara— y es a lo que los niños youtubers de estos y otros lares parecen dedicar gran parte de su tiempo. Cajas que contienen juguetes, por supuesto, que suelen ser de colores brillantes, casi tanto como los suelos de las casas que estas criaturas habitan y sirven de escenario a sus videos. Tras abrir las cajas, estos youtubers precoces recitan las marcas de los juguetes que contiene. Algunos muestran el producto a cámara, detrás de la cual están sus padres, los encargados de editar y publicar el material para alimentar a los cientos de miles —incluso millones— de seguidores de sus hijos.

Los niños y niñas más famosos de YouTube también conducen vehículos miniatura: quads o cuatro por cuatros eléctricos, cuya principal función parece ser la de aplastar juguetes. Hay una cierta pulsión destructiva en este mundo: se destrozan juguetes, se salta encima del capó del carísimo coche en miniatura o se lo embadurna de pintura para “divertirse”. Hay también poca consciencia ecológica, mucho plástico y mucho gasto: en el canal de MikelTube (3,2 millones de suscriptores), hay un capítulo en el que el padre, siempre disfrazado de gorila, compra de forma compulsiva dos docenas de inflables gigantescos para cubrir la piscina de la familia y darles así “una sorpresa” a sus dos hijos.

Arantxa, la niña protagonista de Los Juguetes de Arantxa (casi tres millones de suscriptores), parece pasar su infancia entre casitas de plástico y una sucesión de muñecas que le suministra su madre, se diría que a diario. Arantxa vive en Alicante y es amiga de Martina, una de las más veteranas de este ámbito. Su canal, La diversión de Martina, existe desde mayo de 2015 y sus videos superan los 700 millones de visualizaciones. Es también una autora infantil de éxito, con más de 200.000 ejemplares vendidos de su serie con el mismo nombre. Martina, que es algo mayor que Mikel y Arantxa, ya compra sola, pero también llegan a sus casa paquetes para desenvolver: algunos se los envía Arantxa, desde Alicante. Como una reacción en cadena, un video de YouTube de Martina conduce a un vídeo del canal de Arantxa desde el cual, a su vez, el espectador es transportado al canal Nancy, donde están Manuela y Cayetana: dos rubias hermanas que, como Arantxa, han incorporado a su vocabulario términos como “logotipo” con absoluta naturalidad.

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Si tenemos en cuenta que el 70% de las criaturas entre los 2 y los 11 años consumen vídeos de YouTube a diario, se entiende que el fenómeno de los niños youtuber esté en un momento álgido. “Sí, la gente ve cada vez menos la televisión y más YouTube: especialmente, el publico joven. En parte, porque han nacido viendo este soporte”, explica Bep Moll, estratega en marketing digital. En un entorno así es lógico que aparezcan los youtubers infantiles. Niños y niñas que, como explica este experto: “Cubren la función que hacían antes los anuncios de televisión, que es publicitar un producto, ya sea un juguete o un alimento”. La diferencia, continúa Moll: “Es que aquí se trata de una prescripción muy directa, porque el niño que lo mira es fan del youtuber. Y si este consume un producto determinado, la posibilidad que su comunidad también lo consuma es muy elevada”.

Al navegar por los principales canales infantiles se comprueba que, además de abrir paquetes, lanzar juguetes por la casa o, simplemente, arrollarlos con el coche miniatura, los youtubers también practican los que en marketing se conoce como storytelling (“el arte de contar una historia”) y los “retos”, omnipresentes en internet. Estos pueden consistir en “explotar una Sandía con 300 gomas” (tres millones de visualizaciones) o intentar adivinar los diferentes sabores de una marca de patatas fritas, cuyos envases son diligentemente mostrados a cámara (3,5 millones de visualizaciones). También hay compras por parte de los niños: en un video del canal de LeoTube (el hermano pequeño de Mikel), el storytelling consiste en narrar como el niño, no satisfecho con los tres coches miniatura que ya hay en su garaje, coge el móvil de su padre, accede a la web de una conocida marca, pulsa un botón y, en segundos, le llega a casa el omnipresente todoterreno blanco.

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Una las muchas cosas que sorprende del universo infantil de YouTube es la falta de un talento contundente de sus protagonistas. Aunque en algunos medios se los ha comparado “con los niños actores y cantantes del pasado”, en general, estos niños poco tienen que ver con los clásicos niños prodigio del mundo del espectáculo: no bailan claqué ni se lanzan desde trapecios, ni cantan maravillosamente o actúan con una profesionalidad de Oscar. Son precoces, sí, pero su rol es más bien pasivo: en sus videos, lo que prima son las posesiones, no el talento. A menos, claro, que el talento hoy signifique saber abrir cajas frente a una cámara o lanzar a la piscina la tableta de la hermana.

Pero es que, como explican Bastian Manintveld y Fabienne Fourquet, presidente ejecutivo y CEO de 2btube, la principal empresa de canales de video digital en España: “El unboxing es una de las temáticas más populares en YouTube, tanto en canales adultos como infantiles. Los youtubers adultos de maquillaje, por ejemplo, dedican gran parte de su contenido a enseñar y probar productos que les envían o que se compran. En consecuencia, los niños youtuber enfocan sus contenidos en lo que les gusta y les piden sus seguidores”. Ni Manintveld ni Fourquet consideran que en estos canales primen más las posesiones que el talento: “Por muchas posesiones que tengas, si no cuentas con la creatividad y talento necesario, no triunfarás. Aún así, no es una norma escrita y siempre hay excepciones… Al final, YouTube es una plataforma en la que se suben, cada minuto, 300 horas de video y hay cabida para todo”.

Desde octubre de 2016, 2btube tiene una división especializada en contenidos infantiles y familiares: 2bkids, que también organiza campamentos de verano para aspirantes a youtubers. De momento, ya cuenta con quince “talentos infantiles” a los que se les ofrece: “Un asesoramiento personalizado, enfocado en aumentar su audiencia y aumentar sus ingresos. Principalmente, a través de las acciones con marcas y del incremento en visualizaciones”.

Unos ingresos, afirman, que son difíciles de cuantificar. “Es imposible establecer cuánto gana un creador de contenido al mes. Depende de la inversión publicitaria, del tipo de canal, de la temática de los vídeos, de la fecha, etc. Además del tamaño de su comunidad de fans, la demografía de estos seguidores y el número de visualizaciones en sus vídeos”, enumeran.

“En YouTube”, añade Bep Moll, “el ingreso principal es por la publicidad que generan los videos antes y durante la visualización. Y más reproducciones de ese anuncio, más cobrarás, sí, pero igual con diez millones de reproducciones haces cien euros: depende de donde se reproduzca el video, cada país tiene una tarifa”. Los ingresos también van en función en que las marcas que te esponsoricen: “Piensa que algunos de los videos que ponen estos niños están haciendo más audiencia que El Hormiguero. Por eso se pueden pedir cifras muy altas.

PORTADA YOUTUBERS

Pero, como señala Moll, triunfar en este campo no es fácil: “Hay miles y miles de familias que lo intentan, pero como MikelTube y los Los Juguetes de Arantxa los hay contados. La sensación es que coges al niño y lo grabas haciendo el chorra y te forras y… no es así. Hay más: hay un nivel actoral, se tiene que producir, grabar… No es tan sencillo hacer un video que vean diez millones de personas. Se da una imagen que es fácil y no lo es”, asegura. “Si la pregunta es si te vas a hacer millonario con YouTube, la respuesta es: No. Se puede vivir siendo creador de contenidos pero, al igual que otras profesiones creativas —futbolista, músico o actor— no todos lo consiguen”, resumen desde 2btube.

Sin embargo, los youtubers más exitosos y sus familias parecen llevar existencias de abundancia y dispendio despreocupado, que no dudan en mostrar a sus seguidores. Cambian de casa, de colegio, tienen coches de alta gama, pasan vacaciones “divertidísimas” en hoteles con todo incluido, se bañan en piscinas de ganchitos, derrochan kilos de slime, se van de compras a Nueva York y pasan más tiempo abriendo regalos que jugando con ellos: hay un video (Regalos Navidad de Papa Nöel 2017!) en el que las dos hermanas conocidas como Las Ratitas reciben, literalmente, cuarenta paquetes. Todos primorosamente envueltos por la misma marca de juguetes. En la jerga, esto sería un branded content o un product placement; donde el anunciante forma parte del contenido apareciendo integrado en el vídeo. Sin embargo, para el papá de Las Ratitas, los cuarenta regalos son: “Una auténtica locura, una montaña de papel, un montón de regalos y una Navidad increíble, ¡una pasada!”, describe mirando a cámara, al ritmo de una música frenética y de los gritos de excitación de sus hijas, cuyo canal cuenta con once millones de seguidores.

Captura de pantalla 2019-04-10 a las 17.21.30Las Ratitas son noticia desde que en febrero la organización Save the Children y el psicólogo Javier Urra, ex defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, solicitaran a la Fiscalía de Menores de Barcelona iniciar una investigación de oficio sobre su canal. La petición surgió a raíz de un informe del Consell de l’Audiovisual de Catalunya (CAC) sobre la publicidad de juguetes. En este y por primera vez, se incluyeron a los youtubers infantiles. El organismo ve “con inquietud” la aparición de canales promocionales: “Que tienen audiencias masivas y que reproducen sin rodeos todo tipo de estereotipos”. Se destacaba el caso de Las Ratitas, el de más audiencia, que protagonizan las hermanas Gisele y Claudia, de 7 y 6 años. El informe ponía como ejemplo el vídeo Las Ratitas se maquillan y se van a la disco a bailar. Con 40 millones de visualizaciones, en el mismo: “Las hermanas muestran preocupación por su aspecto físico y aparecen jugando a arreglarse: se maquillan, se peinan y se enjoyan utilizando los diferentes juguetes presentados, como un tocador o un estuche de maquillaje”. Acaban, obviamente, en la discoteca.

“El audiovisual de Catalunya dio la voz de alarma y Save the Children y yo mismo decidimos dar aviso a la fiscalía, para que actuará según su criterio: la defensa de la infancia compete al ministerio fiscal”, explica Javier Urra al Magazine. Aunque internet pueda parecer un territorio sin legislación clara, Urra destaca que, en este caso, los fundamentos jurídicos se basan en la Ley de Defensa del Menor: “Que dicta claramente que en España no se puede trabajar con menos de dieciséis años. Y sí, claro que puede haber un niño que trabaje en el cine o en una obra de teatro, pero la ley dicta que los padres tienen la obligación de ponerles un tutor y, también, de informar al ministerio fiscal: el dinero que ingrese lo recibirá cuando cumpla la mayoría de edad. Lo que esto no puede ser es una forma encubierta de trabajo”.

Otra cuestión importante añade Urra, es que, con menos de catorce años, los niños no pueden dar consentimiento legal. “Y aquí tenemos la disyuntiva: ¿Podemos tener a unos padres que no sean muy conscientes del riesgo que supone que sus niñas sean famosas?” Sin olvidar, el punto y aparte: “¿Hay ingresos económicos con todo esto? ¿Hay una publicidad encubierta? ¿Hay una utilización ilegítima de los niños?… Yo no lo sé, y para esto está el ministerio fiscal, pero creo que vale la pena llamar la atención a los padres de que podrían estar cometiendo, queriendo o sin querer, un delito”.

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Entrevistada hace unos meses en un programa de Catalunya Ràdio, la madre de Las Ratitas tachó de “prehistórico” el que le digan que expone a sus hijas en las redes sociales. Sin embargo, Save the Children considera fundamental cuestionarse la idoneidad de exponer así a los menores. “Lo que se ha hecho con este paso es alertar de una posible situación de vulneración, del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”, enumera Emilie Rivas, responsable de políticas de infancia de esta organización. “Sin olvidar el principio de interés superior del menor de la Convención de los Derechos del niño”.

La portavoz de Save the Children duda que los niños y los adultos involucrados en casos como este sean conscientes de lo que implica esta exposición precoz. Por ello, y dada la oleada de canales similares, considera que urge trabajar el tema de la educación, la prevención y la corresponsabilidad: “Empezando por la de los padres, que han de respetar el interés superior de sus niños, y la de la sociedad, que tiene que ser crítica cuando los ponemos en peligro. ¡Sin olvidar las empresas! Yo creo que aquí hay una responsabilidad compartida de todos los garantes de los derechos de los niños”.

La psicóloga de familia Agnès Brossa tiene muy claro que este fenómeno está fomentado por la industria con un objetivo claro: consumir. “El mensaje es: «Mira todo lo que tengo, que me da la felicidad». Y si el juguete se rompe, ¡no pasa nada!, ya me compraré otro. Creo que se fomenta un tipo de felicidad basada en el consumismo que es perversa”. Sin olvidar que experiencias como los cuarenta regalos de Las Ratitas por Navidad (que no son una excepción), producen: “Una sobre estimulación tan constante que llegará un momento en el que estos niños nunca tendrán bastante, porque ya nada les estimulará. Entonces”, se pregunta: “¿Qué necesitarán para obtener la felicidad? ¿Cómo tolerarán la frustración?”. La falta de empatía es otra característica que la psicóloga detecta en este universo infantil en YouTube: “Reinan el egocentrismo, el narcisismo, el fomento del «yo» sin tener en cuenta al otro. Hay cero empatía. Es desolador”.

Para Brossa es difícil predecir el futuro de estos youtubers precoces. “Esto es muy reciente y nos tenemos las primeras víctimas, no sabemos como acabará”. Sin embargo, como Urra (que habla de “juguetes rotos”), la psicóloga se refiere a algunos casos conocidos de niños actores que, al crecer: “No han tenido éxito como adultos y han tenido una dificultad emocional grave para tolerar esta falta. Han pasado periodos muy críticos, con una alteración emocional seria, pienso que esto podría ir por aquí”//

¿PADRES O MÁNAGERS? 

“Para los niños es solo un hobby. Son siempre los padres o tutores quienes gestionan los canales. Muchas veces, también los comentarios”, explican desde 2btube. Sin unos padres detrás, los niños youtuber no existirían. Progenitores, por cierto, cada vez más reticentes con la prensa. El Magazine contactó con los padres de MikelTube y LeoTube, con los de Martina y Nicolás (Los Mundos de Nico) y con el canal Familukis. El padre de Mikel y Leo agradeció el interés pero, debido a experiencias previas y artículos “sensacionalistas”, declinó participar. Tampoco estaba interesado en comentar nada el padre de Nicolás, que se dedica al marketing digital. Los Familukis y el papá de Martina ni respondieron pero, en un reportaje en La Vanguardia de 2016, este último explicó que la familia: “No busca ni protagonismo ni dinero”, y que todo lo que Martina gana “se ingresa en una cuenta de la nena”. En el mismo artículo, la madre de Arantxa contaba como se había hecho autónoma para gestionar el canal de su hija. “Para Arantxa es un juego, para mí es un trabajo. En un mes hemos llegado a ingresar 7.000 euros”.

La idea de que esta actividad es “muy divertida”, un hobby para sus hijos, es un mantra entre los padres. Como el poco rato que le dedican (“máximo dos horas por semana”, dicen algunos). De todos modos los papás de Las Ratitas —que son también youtubers—, contaron en Catalunya Ràdio que pasan “las 24 horas del día pensando en los contenidos. Ellas nos ayudan mucho a tener ideas y a perfeccionar”. La madre aseguró no ver “nada de malo” en exponer a sus niñas, aunque ya no muestran donde viven. Tuvieron que cambiarse de casa porque, cada domingo, llegaban a sus puertas los pequeños fans de sus hijas, acompañados de sus padres.