Borracheras, sexo, nannies y monstruos: cuando la (mala) educación es un “reality”.

Leo en La Vanguardia digital, en este artículo titulado La BBC emite un ‘reality’ ensalzando la fiesta en Magaluf e Ibiza, que la venerable televisión británica emite desde hace tres años, en su canal BBC Three, un reality show titulado Sun, sex and suspicious parents (Sol, sexo y padres desconfiados). “El programa se basa en seguir a jóvenes que, por primera vez en su vida, se van de vacaciones sin la compañía de sus progenitores (…) y unos reporteros del programa se entremezclan entre los turistas para grabar los excesos que cometen los adolescentes. Lo que ellos no saben es que sus padres también están allí, viendo todo lo que ocurre gracias a lo que graban los cámaras del reality” escribe el autor, Javier Silvestre.

Los jóvenes no paran de cometer excesos: borracheras, desnudos, relaciones sexuales de aquí te pillo aquí te mato, visitas a espectáculos eróticos. Orinan en la calle, se pelean, destrozan el mobiliario de sus habitaciones, son superdesordenados… Una decadencia total que es mostrada bajo el formato del reality, una anormalidad a la que parece que nos hemos acostumbrado. Lo curioso del tema es que algunos padres, como señala Silvestre, “lejos de reprobar la actitud de sus hijos, parecen divertirse viendo cómo sus retoños se cogen su primera borrachera”. Además “participan en el juego del reality, ya que durante toda una semana ven la actitud incívica de los chicos pero no pueden hacer nada que delate que se encuentran en el mismo lugar que ellos.”

reality 3En el video del programa que acompaña al artículo hay un momento de la locución en el que el entusiasta narrador de la BBC llama a este tipo de experiencia vacacional “un rito de pasaje”. La afirmación es más que discutible: si el rito de pasaje de la adolescencia a la madurez en el siglo XXI implica emborracharse hasta la médula, participar en concursos de diferentes posiciones sexuales, desnudarse a la mínima de cambio, vomitar cada mañana y tener la habitación hecha una porquería… podría decirse que no vamos muy bien. De hecho, podría gritarse: ¡Socorro!.

reality 5El programa es también un reflejo de los tiempos que corren en el sentido de que padres e hijos se prestan a participar en una cosa así sin ningún tipo de problema. Aunque es cierto que la gente hoy se exhibe más que nunca, en parte porque hay más herramientas que nunca para hacerlo. Los hijos, además, son mayores de edad, a diferencia de los niños que salen en el programa Supernanny, también un invento de la televisión inglesa que, debo decir, al principio me enganchó bastante. Pero hace tiempo que no lo veo y por eso me ha parecido muy interesante la reflexión que el periodista y escritor Sergi Pàmies ha hecho, también en La Vanguardia, sobre cómo funciona Supernanny en la actualidad:

educación reality

MONSTRUOS (con y sin cuernos)

Cada semana, la emisión de Supernanny (Cuatro) nos recuerda el desequilibrio entre la vocación y la idoneidad de tener descendencia. Seleccionados con un criterio exquisito del terror, el programa elige matrimonios desesperados, con hijos poseídos por demonios yuxtapuestos y compatibles. La cara de la supernanny, la especialista encargada de exorcizar todos estos demonios, es un poema. El primer vistazo diagnostica daños incurables que el espectador intuye con una mezcla incómoda de morbo y fatalidad. Oficialmente, la finalidad del programa es corregir malos hábitos y actuar como un discurso pedagógico y divulgativo para ayudar a padres inexpertos o directamente inútiles. Extraoficialmente, sin embargo, es una escuela de conductas infantiles delictivas. 

El otro día un niño objetivamente monstruoso mostró una capacidad de llorar histéricamente con una insistencia digna de ser penalizada por los protectores de la infancia. Para estresar aún más a sus padres y restregarles su imperial y dictatorial dominio, el niño se metía el puño en la boca para ver si así conseguía vomitar, que es uno de los incidentes domésticos que más desestabilizan a un matrimonio inexperto. La crueldad del formato es infinita. No hay que olvidar que las situaciones son filmadas por, como mínimo, un equipo permanente de un par o tres de personas y que, por pura lógica, algunas escenas se tienen que repetir y prever para poder degenerar en el incidente pedagógico que el relato exige. Hace unos años, cuando el programa empezó a emitirse como la versión española del original inglés, todavía parecía que existía una posibilidad de corrección de hábitos y, muy de vez en cuando, el espectador se acostaba con cierta esperanza en la capacidad de progreso de la especie humana. Sin embargo, últimamente el repertorio de monstruos ha empeorado. Y no me refiero sólo a los niños, sino a los padres, que deambulan por cocinas y habitaciones descontroladas, gritando y persiguiendo a niños que saltan sobre los sofás, que se zurran en la bañera o que se meten el puño en la boca para provocarse el vómito. Ahora que han vuelto los toros de San Fermín, que cada mañana protagonizan una persecución aterradora por las calles de Pamplona, cualquier espectador imparcial estará de acuerdo conmigo en admitir que parece menos peligroso correr delante de aquellas bestias con cuernos que pasar cinco minutos junto al monstruo vomitador.

2 comentarios en “Borracheras, sexo, nannies y monstruos: cuando la (mala) educación es un “reality”.

  1. Me reí mucho con este artículo: Esta brillantemente escrito (como todo lo que escribes), pero además yo vi este programa en Londres cuando estuvimos en Mayo y me horroricé, me daban pena ajena los padres y los hijos. Como dices: Si esto es un “rite of passage”, estamos en decadencia. Lo de la Supernanny también me llevó por los caminos de la memoria: el programa salió cuando mis hijos eran pequeños y me engancho (yo creo que por curiosidad morbosa), ademas de que te hace sentir que los hijos son Santos, pero es verdad que también es un síntoma de una sociedad decadente que crea monstruos. Como dicen los Ingleses: “God help us all”.

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    • Hola Ana! Mil gracias por tu comentario. El tema de los realitys educativos es espinoso, yo también miraba “Supernanny” al principio pero, como todo, el tema se ha llevado a un extremo. El otro día vi “Hermano Mayor” (que es como un “Supernanny cachas” para adolescentes y no tan adolescentes), y me puse tan nerviosa con el panorama que no podía dormir. Golpes, gritos, insultos a los padres, padres llorosos, hija déspota… No sé hasta qué punto es moral hacer estos programas porque, aparte del “show” y unas técnicas de choque (algo complicadas de hacer si no eres un Supernanny cachas), tampoco explican qué ha fallado para llegar a una situación así, que sería lo interesante.

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