Contrastes: la madre tigre y el padre de Malala.

chua 1Publico en el suplemento QUIEN de La Vanguardia un artículo sobre Amy Chua (chua pdf), quien saltó a la fama hace un par de años gracias su biografía, “Madre Tigre, hijos leones”, donde contaba cómo había criado a sus dos hijas con la premisa de que fueran las mejores en lo que ella les dijera, costara lo que costara.

Eso implicaba, entre otras cosas, horas y horas de lecciones de violín y piano (los dos únicos instrumentos permitidos por la madre), broncas si bajaban del sobresaliente y la prohibición de ir a dormir a casa de amigas, asistir a fiestas o ver televisión. Una disciplina estricta, sazonada por los gritos de Chua, que primaba inculcar los logros sobre la autoestima porque, para ella, son los logros los que la producen. Así, si su hija de cuatro años le dibujaba una felicitación de cumpleaños que consideraba mal hecha, no tenía ningún problema en tirarla a la papelera y decirle que le hiciera otra. Tampoco en llamarla “basura” si la situación lo requería, ante el horror (y algún llanto de consternación, incluso), de las madres norteamericanas.

madre tigre1

El libro de Chua causó conmoción en los Estados Unidos, donde la tendencia es sobreproteger a los hijos. La madre tigre se convirtió en una celebridad pero también, en una mujer odiada, que recibía centenares de e-mails semanales vilipendiándola. Desde su página web, Chua asegura que fue la primera sorprendida ante aquellas reacciones. Allí también confiesa que el libro fue una especie de expiación: “Lo escribí en un momento de crisis, cuando mi hija menor, Lulu, se rebeló contra mí y creí que la perdía”.

Al parecer, la niña no podía más: llegó a cortarse el pelo un día, cuando su madre le prohibió ir a la peluquería porque no había acabado su horas diarias de práctica de violín. En otra ocasión, durante unas vacaciones familiares en Moscú, le montó una escena en la plaza Roja donde le dijo, a gritos, que estaba harta del violín y de recibir la estricta educación a la china que su madre había recibido. Lulu, remarcó, no quería ser como ella.

madre tigre 3Chua nació en 1962 en Champaign, Illinois. La mayor de las cuatro hijas de un matrimonio de inmigrantes chino-filipinos. En su hogar, las normas eran férreas y la prioridad, la excelencia. Se les exigía mucho y se concedía muy poco. Siempre la mejor de la clase y licenciada en Harvard, no le costó encontrar un buen empleo: primero en una prestigiosa firma de abogados y, más tarde, como docente en Yale. Por ello, cuando fue madre, tenía clarísimo que iba a educar a sus hijas “del mismo modo que me educaron a mi”.

Pero su maternidad-tigre no ha acabado de funcionar; algo que habrá sido una frustración para una perfeccionista como ella pero que, no olvidemos, también la ha hecho millonaria. De su ideología solamente me gusta la idea de que la autoestima se logra en gran parte con el esfuerzo y que no hay que decirles a los niños que algo está fantástico si, realmente, no lo está. También intuyo que la exigencia materna es puramente académica: es un misterio si las niñas Chua se hacían la cama o ayudaban en casa, por ejemplo.

malala 1Los métodos educativos de la madre-tigre contrastan con los del padre de la que es seguramente la niña más respetada del mundo: Malala Yousafzai. Coincidiendo con la elaboración del texto sobre Chua, leo un artículo en ‘The Guardian’ sobre Ziauddin Yousafzai, el padre de la famosa activista pakistaní. Yousafzai es maestro y vive con su familia en Inglaterra después de que los talibanes tirotearan a Malala por defender la escolarización de las niñas en su país. En el artículo da unas pistas interesantes sobre su rol como padre de la que hoy ya es una adolescente y un símbolo internacional.

Lejos del ansia de Chua de moldear a sus hijas como ella quería, Yousafzai asegura que él, con Malala, hizo todo lo contrario: “No me pregunten qué hice, pregúnteme qué no hice”, explica. “No le corté las alas”. Para él, los niños “crecen por ellos mismos. Nosotros no tenemos que hacer que crezcan”.

Llama la atención el no-intervencionismo de un hombre quien siempre estuvo disconforme con el trato desigual a las mujeres de su país y es un firme defensor de su derecho a la educación. Pero sin duda, fue él quien le inculcó a Malala sus convicciones y su pasión por la importancia del poder aprender. Sospecho que a partir del respeto, el ejemplo y la firmeza, pero sin tener que someterla a horas y horas de prácticas de violines o similares.

Yousafzai dice que siempre ha visto a su hija como “una compañera, una amiga, una camarada” y que solía discutir con ella cuestiones sobre la escuela mixta que abrió en 1994 en el valle de Swat, en Pakistán. Se fiaba de “su sabiduría”, dice (Malala es muy sabia, según esta entrevista de Rosa Montero en El País es “evidentemente superdotada”, pero también hace falta inteligencia para educar  a niños así).

malala 2En una sociedad tan machista como la pakistaní, la actitud de Yousafzai hacia su hija y su campaña por la educación de la niñas son remarcables. Sin embargo, Yousafzai asegura que Malala es más brillante que él (“siempre se ha expresado mucho mejor”). Como padre, se siente lógicamente orgulloso de su hija: “Mucha gente hablaba en favor de la educación cuando los talibanes bombardeaban escuelas en el valle de Swat, pero la voz de Malala era como un crescendo. Era la más pequeña, pero su voz era la más grande, porque hablaba por ella misma”, asegura.

Pese a los éxitos indiscutibles de Malala, Yousafzai dice que, cuando era pequeña, él no tenía aspiraciones muy elaboradas de cara a su futuro. “Pensaba en su presente”, afirma. Que las madres-tigre tomen nota.

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