Mejor educados

Luri entrevistaAsí se titula el libro que acaba de publicar el filósofo, especialista en educación, Gregorio Luri. En esta entrevista en La Vanguardia digital, con Lorena Ferro, el autor confiesa que no habría escrito este libro cuando sus hijos eran adolescentes porque se encontraba “perdido”. Ahora, ya abuelo y con los hijos criados, puede reflexionar con más perspectiva sobre el tema. Tanto el libro, de la editorial Ariel (Mejor educados-Cómo ser buenos padres sin necesidad de ocultarlo), como la entrevista, que tiene este contundente título: “La paternidad contemporánea está muy neurotizada”, están muy bien.

En la entrevista Luri se refiere a la tensión de los padres actuales de “querer hacerlo todo bien”, de ser padres perfectos, en definitiva. Preguntado por la periodista de por qué nos ha dado por ahí, responde así:

“En primer lugar porque los hijos son el resultado de una programación. Ya no viene la cigüeña sino que las parejas cogen el calendario y deciden cuando les va bien ser padres. Y eso hace que vean incrementado su sentido de la responsabilidad. Y hay otro elemento: las posibilidades para un niño de vivir autónomamente su infancia son cada vez más reducidas. Los padres se han convertido en programadores culturales de sus hijos, buscandoles actividades para hacer. Y eso lleva a veces a ese sentimiento de angustia”.

Yo añadiría también que esta obsesión por hacerlo todo bien tiene que ver con la competencia entre padres (“Mi hijo hace esto y lo otro, le llevo aquí y allá, ¿y el tuyo?, ¿qué hace el tuyo?”),  sobretodo en determinados círculos sociales, y con la inseguridad inherente de ejercer esta función. Además, hoy hay tantas posibilidades, tanta oferta educativa, tantas fórmulas mágicas y métodos novedosos que nos confundimos fácilmente.

Luri también habla de la obsesión actual de que los hijos triunfen y de la incertidumbre que, por otro lado, produce a los padres esta obsesión ya que, tal y como está el panorama, es un difícil que se “triunfe” tal y como se entiende este concepto en esta sociedad. Esta obsesión, de darlo todo para que los niños “triunfen” en Estados Unidos tienen un nombre: hiperpaternidad, de la que se puede leer todo sobre ella en este artículo.

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Pero volvamos a Luri, quien aconseja algo que me parece muy sabio: que los padres NO piensen que si los niños se aburren, es su problema: “No puedes estar sobrecargándote porque entonces al mismo tiempo que queremos crear hijos autónomos, nos cargamos con su vida”, dice. La autonomía es un concepto que aparece a menudo en la entrevista:

“Comparada con la de mi nieto, creo que yo tuve una infancia mucho más afortunada que la que va a tener él. Mi nieto va a tener muchos juguetes, mucha pantalla, muchas cosas, pero no va a tener la oportunidad de disponer de un pueblo y disfrutar de las cosas que tenía yo. Ahora mi hijo no puede dejar a mi nieto que salga y haga lo que quiera. Los ámbitos de autonomía de la infancia parece que han desaparecido. El progreso ha hecho del niño un dependiente total de su padre. Y eso me parece un desastre, pero es algo con lo que hay que lidiar.

La periodista entonces le pregunta si se puede hacer algo contra esto y el responde que “Nada”. No estoy del todo de acuerdo con él, creo que hay maneras de hacerlos autónomos: pueden empezar a ir solos a casa (a partir de una edad), bajar a comprar el pan o tirar la basura, ayudar en las tareas del hogar, aprender a preparase una comida básica, a organizarse sus deberes, su ropa, su mochila… La autonomía en la infancia hoy es posible y puede fomentarse.

 

Padres mayordomo portada

En otro momento de la entrevista Luri saca a relucir un tema muuy  interesante, un poco la pregunta del millón: ¿los hijos son producto de nuestra educación o de las circunstancias?  Así contesta él: “Creo que mis padres y los padres de la gente de mi generación sabían que nunca eres responsable al 100 % de lo que hace tu hijo, y esa lección básica los padres de hoy la han olvidado. Los padres antiguos dirían “mira qué hijo me ha salido”, uno de hoy dirá “¡Qué he hecho yo!”. Los hijos, además de ser nuestros, son hijos de su tiempo y la influencia de su tiempo en ellos no la controlas, porque tú no creas su tiempo. Hay muchos elementos que no controlamos y eso a nuestros padres les tranquilizaba, pero a nosotros nos angustia”.

Y para acabar, un consejo de Luri que parece “de cajón” pero no va mal recordarlo: “Los principales deberes de unos padres con respecto a su hijo es que cuando salgan de casa por la mañana lo haga bien dormido y alimentado. La falta de sueño es muy tóxica. Así que unos hábitos saludables no son negociables”.

 

 

4 comentarios en “Mejor educados

  1. Interesante artículo. Especialmente destaco su “sentido común”, su perspectiva histórica o comparación de la paternidad en las últimas generaciones y, en este sentido, su sinceridad al reconocer que estas reflexiones las ha podido realizar desde su papel de abuelo ” este libro no lo habría escrito cuando mis hijos eran adolescentes porque entonces me encontraba perdido”. Claro, y es que cuando estás dentro del sistema no tienes perspectiva, ahora, es cuando puede ver con claridad.
    También me gusta su concepto de hipersentido de la responsabilidad, que como casi todo lo “hiper” tiende a correr el riesgo de parase por exceso, convirtiendo la virtud de la responsabilidad en un problema.
    Creo en general, que se trata de una reflexión interesante, aunque entra en contradicción cuando, por un lado, muy acertadamente, describe la duda constante con la que viven muchos padres y, por otro, critica que busquen ayuda en psicólogos o terapeutas familiares.
    Obviamente, como psicóloga creo que cuando alguien duda, se “pierde” o sufre está bien que busque ayuda, pero voy más allá, cuando Luri critica que se necesite “un soporte externo para poder sobrellevar la neurosis de ser padre” creo que estaría bien reconocer que su libro también pretende ser ese apoyo exterior. Y que está bien, que si el contexto histórico y nuestras circunstancias nos han llevado a una paternidad más difícil que la de nuestros abuelos, tal y como él admite, es fantástico que reconozcamos que no sabemos y queramos aprender un modelo actual, eficaz y eficiente, coherente con nuestra forma de ser. De lo contrario, seríamos negligentes.

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