¿Qué pasó con el niño de ‘El resplandor’?

Esta fue la pregunta que le hizo un lector a Stephen King en 1998, durante una gira literaria. King, autor de libros como ‘Carrie’, ‘Misery’ y el propio ‘El resplandor’, es un escritor estadounidense con una reconocida trayectoria, al cual no puede encasillarse únicamente en el género del terror. Es un observador certero de la vida y de sus miserias, en especial, de las miserias de la familia, que pueden ser más terroríficas que nada.

En ‘El resplandor’, que Stanley Kubrick transformó en una célebre película, King contaba la historia de la familia Torrance. El padre, un escritor frustrado y alcohólico, aceptaba un trabajo como guarda de invierno del inmenso hotel Overlook, situado en las montañas de Colorado: un lugar que quedaba convenientemente aislado por toneladas de nieve con los primeros fríos.

Allí, la familia (Jack, Wendy y su hijo Danny, de cinco años), tratará de llevar una vida normal en un lugar atípico y maléfico, que pronto se adueñará de ellos. Jack no consigue escribir y su hijo (dotado de un don, un ‘resplandor’), ve fantasmas por todos lados… Sin embargo, y pese a que se siente cercano a su padre, el niño no quiere interrumpir las largas sesiones de escritura de la novela de su progenitor (que intuye es vital para recuperar la armonía familiar), con sus problemas.

El libro acaba con el intento por parte del padre de asesinar a mujer e hijo. Desde entonces, han pasado casi cuatro décadas durante las cuales King, como explicó en esta entrevista en ‘El País’, no se sacaba a Danny Torrance de su cabeza. “Me preguntaba qué sería de él, si seguiría o no manteniendo ese talento, el resplandor de leer los pensamientos de los otros. Su madre malherida sobrevivió de milagro a la paliza de la mesa del comedor y el padre, Jack, era alcohólico como yo… Sabía que Danny debía de seguir estando rabioso con el mundo, porque su padre era un canalla, que abusaba de ellos (…)”, explicó el autor a Miguel Mora.

No sorprende que King siguiera pensando en aquel personaje suyo: ¿Cómo se sobrevive a una infancia tan terrorífica como la de Danny, con fantasmas, alcohol y extrema violencia familiar?

Stephen King

Las respuestas llegan en ‘Doctor sueño’ (Plaza & Janés), la última y celebrada novela de King, que narra lo que les pasa a Danny y a su madre después de la traumática experiencia vivida. Para empezar, el autor parte de la conclusión de que “madre e hijo eran lo que hoy se describe como codependientes: gente ligada por ataduras de amor y responsabilidad a un miembro de la familia que es un adicto”. Él, quien explica que era un alcohólico cuando escribió ‘El resplandor’, sabe de lo que está hablando.

DOCTOR SUEÑO

Al inicio del nuevo libro, Danny es un niño de ocho años, que sigue teniendo turbadoras habilidades para ver cosas que nadie ve y al que lo persiguen, literalmente, los fantasmas. Conserva el amigo invisible que ya tenía en el primer libro (algo “absolutamente necesario” para él) y  piensa a menudo en su padre. Le parece extraño “sentir compasión por alguien que por poco le mata”, pero la compasión existe.

A medida que crece, se da cuenta que en su vida ha tenido muchas cargas (como su extraño don), pero que la principal ha sido la del padre alcohólico: “Un hombre lleno de problemas y, al final, peligroso, a quien tanto él como su madre querían profundamente: quizás debido a sus defectos” (la codependencia emocional de la que hablaba King).

Danny crece y, como su padre, se convierte en un alcohólico. Su madre, con la que tenía una buena relación, ha muerto, y él va a totalmente la deriva hasta que el azar (¿o no?), le hace recabar en una localidad de montaña, donde consigue un trabajo e ingresa en el programa de Alcohólicos Anónimos. Pone su vida en orden y empieza a ser razonablemente feliz. A partir de allí, la novela adquiere un ritmo trepidante y la historia de la infancia de Danny pasa a un segundo plano. Aparece entonces otra infancia, la de la otra protagonista de ‘Doctor sueño’, Abra Stone: una joven que posee el mismo don que Danny pero cuya niñez ha sido completamente distinta a la suya. Pese a las peculiaridades de su hija, los padres de Abra son gente equilibrada, un  matrimonio bien avenido, sereno, que comparte la crianza de su hija y nada tiene que ver con el perfil disfuncional de la familia Torrance. También aparece otro personaje curioso; John Dalton, el pediatra de la niña, que en un momento clave de la novela explica sus trucos para que la paternidad (por lo menos, durante los primeros años), funcione: tener un plan, lo más completo posible.

Ahí va el texto, parte de un diálogo entre los padres de Abra y el doctor:

– Nos tomamos un par de noches libres y… ¿Recuerdas que siempre dices que el secreto para lograr ser unos buenos padres es trazar un plan?

– Naturalmente –aquel era el principal sermón de John Dalton a los padres primerizos. ¿Cómo vais a lidiar con las tomas nocturnas? Organizad un horario, de manera que uno de los dos esté de guardia, alternándose, y nadie acabe demasiado agotado. ¿Cómo os vais a manejar con el baño, las comidas, la hora de vestirse y jugar para que el niño tenga un rutina regular y, en consecuencia, reconfortante? Organizad un horario. Haced un plan. ¿Sabéis como manejar una emergencia? ¿Cualquier cosa desde una caída desde la cuna hasta una asfixia? Si tenéis un plan, lo sabréis, y nueve de cada diez cosas relacionadas con la crianza saldrán bien. 

Sorprende que en una novela de terror y suspense (el libro no se puede parar de leer), aparezcan referencias tan didácticas como esta, pero la familia, la crianza de los hijos, es una constante en la obra de King (quien está casado desde hace más de cuarenta años con la escritora Tabitha King y ya es abuelo). También es de esta opinión la escritora Margaret Atwood, quien en su crítica de ‘Doctor sueño’ en el ‘New York Times‘, asegura que, a menudo, en las novelas de King la familia es el eje que encaja todas las piezas de su narrativa.

En referencia a ‘Doctor sueño’, Atwood cree que “si uno escarba por debajo de la terrorífica trama, descubre que éste es un libro sobre familias: las familias biológicas de Abra y Dann, la “buena” familia representada por  A.A. y la mala familia del ‘Nudo Verdadero” (los malos del libro). 

Para King, continúa Atwood, en la parte más alta del ránking de los pecados estarían el maltrato infantil (especialmente por parte de hombres: en ‘Dr. Sueño’ hay un personaje que ha padecido abuso sexual continuado por parte de su padre), y la violencia hacia las mujeres (hacia las madres en particular). En esta novela, “la rabia moral y la rabia destructiva tienen las dos su centro en la familia”, escribe. Una dimensión familiar que la escritora describe como “la quintaesencia del horror americano”, y que señala, está asimismo reflejada en otras obras de su literatura, como ‘La caída de la casa Usher’, de Edgar Allan Poe y ‘El joven Goodman Brown’, de Nathaniel Hawthorne. 

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