Laura Baena, la voz de las ‘malas madres’: “El teletrabajo no ayuda a conciliar; es otra trampa”

Entrevista a Laura Baena, fundadora del Club de las Malas Madres. Hablamos de la fundación del club, de las etiquetas en la crianza, la cuenta pendiente de la conciliación, el teletrabajo, el reparto de tareas con la pareja y por qué nos cuesta tanto delegar, a las mujeres. Os adjunto el link y la entrevista, a continuación:

Todo empezó con una cuenta en Twitter (@malasmadres) donde, con mucho sentido del humor, se desmitificaba la idea de la maternidad perfecta. Detrás de ella estaba la malagueña Laura Baena, entonces creativa publicitaria y hoy, Malamadre Jefa. Baena está al frente de un club virtual al que pertenecen más de un millón de mujeres, que ha pasado de ser algo curioso, con una estética fabulosa, para convertirse en una voz, con capacidad de influencia. Su causa principal es la conciliación y su lema: “Yo no renuncio”. 

Pero, ¿es posible no renunciar, cuando una es madre? De estas y otras cuestiones hablamos con la fundadora del club.

— ¿Es cierto que Malasmadres empezó como un desahogo, tras nacer su primera hija?

Sí, fue la terapia que me salvó de la locura, prácticamente. Porque yo me creí todo, todo… Quería ser la mejor creativa de España y me habían vendido que llegaría a donde querría llegar —con esfuerzo, eso sí, porque me han educado en la cultura del esfuerzo—. Pero, a la vez, tenía un fuerte instinto maternal. No quería que mi carrera profesional parara una decisión personal como tener hijos, así que, con 29 años, me quedé embarazada.

— Y cuando se convierte en madre, las cosas no son tal y como esperaba…

Sí, me encontré con la realidad de la maternidad y la soledad de la crianza. Pero también me di cuenta que, aunque no me gustaba el modelo laboral que tenía (de autoridad, de falta de conciliación, de salir tan tarde casi cada día…), la carrera profesional seguía importándome, mucho. Siempre creí que cuando al convertirme en madre, la profesión me daría igual, porque la maternidad se pintaba como “la bomba”, pero no fue así.

IMAGEN DE LA WEB DEL CLUB DE LAS MALAS MADRES, CON LA CARÁTULA QUE UTILIZÓ YA EN SUS INICIOS.

— ¿Por qué se ha idealizado tanto un rol que, objetivamente, no es “la bomba”? Al fin y al cabo, todas hemos sido hijas y hemos visto a nuestras madres…

Mi madre renunció a su carrera, era una mujer abnegada, sufridora que dejó todo y se ocupaba de la familia. Yo realmente pensaba que el modelo de mi madre no era el bueno. Además, ella me educó a no depender de un hombre. Y yo estaba convencida que iba a ostentar un papel de madre y profesional, que era realmente lo que daba la felicidad. Creía que un hijo o una hija me iban a llenar esa parte de felicidad de faltaba.

— ¿Y se la llenaron?

Cuando te das cuenta que la felicidad no te la da la maternidad es cuando tienes que buscar un camino que no está ahí. Esos primeros cuatro meses de crianza me parecieron muy duros, la lactancia me pareció super dura… Y, cuando volví al trabajo, caí en la trampa de invisibilizar que era madre. En esos dos años que aguanté hasta que me fui, me desahogaba en Twitter, contando las anécdotas de malamadre. ¡Fue increíble encontrar ese apoyo y que las mujeres se sintieran malas madres como yo! Me salvó no sentirme  sola y poderme expresar. Aunque, es curioso: entonces decía cosas que ahora cuestan mucho más

— ¿Cómo que?

Pues el concepto de “madre lo suficientemente buena”, del psiquiatra Donald Winnicott. O la frase de la escritora Adrienne Rich: “Nadie ama todos los días a todas horas, las madres tampoco”. Eso entonces lo compartía y tenía un alcance brutal a nivel de respuesta y de entendimiento, pero a día de hoy, cuando he recordado esa frase: ¡No te imaginas la reacción súper tradicional, conservadora! Es como si volviéramos atrás. Recuerdo una psicóloga que me dijo: “Ojo, cuidado, porque las madres amamos todo el tiempo”. Me parece muy curioso encontrarme con esto, ahora.

— Sospecho que tiene que ver con la corriente imperante, la de la llamada “crianza natural o con apego”, que implica una intensísima dedicación la criatura. La madre tiene que estar tan apegada al hijo (con lactancia extendida, colecho, etc.), que cualquier transgresión es inaceptable.

Creo que tenemos que empezar a abrir la mente y pensar que hay muchas maternidades. Que no hay un modelo único. Y que se entienda que la crianza no es solo de la mujer: me sorprendió que cuando se igualaron los permisos de paternidad con los de maternidad, hubiera mujeres en contra, en nombre de conceptos como el apego y la biología.

De hecho, la filósofa Elisabet Badinter denuncia esta crianza natural como una nueva forma de esclavitud. ¿Cómo vamos a conciliar si se instaura una crianza que pone toda la responsabilidad en la madre?

Yo no creo que la crianza con apego sea la corriente dominante, pero lo que sucede es que las madres que no la practican al cien por cien, no lo dicen. Porque es mucho más aplaudida socialmente una crianza que se dice basada en el amor y en la entrega. Pero la pregunta es: ¿Quién está construyendo este modelo? A ellos les viene fenomenal esta corriente.

LAURA BAENA, «MALAMADRE JEFA» — Foto: ÁLVARO TOMÉ.

— No cree que uno de los problemas es la apropiación de palabras: ¿De términos tan importantes como apego?

Exacto. Hay que cambiar esa definición, porque yo crío con apego a mis hijas y viajo todas las semanas. Y construyo el apego con esa llamada que me hace el padre desde el coche por la mañana, cuando las lleva al colegio. Construyo el apego cuando llego de viaje y cuando, desde la distancia, educo a mis hijas para que sean lo que quieran ser. Pero, de todos modos, eso te afecta, porque yo me he visto justificando mis ausencias como madre y les he pedido disculpas a mis hijas.

— En estos ocho años de Malasmadres ha escuchado a miles de mujeres. ¿Cuáles son las principales reivindicaciones?

La principal es, sin duda, la conciliación. Es un problema transversal, que nos lleva a renunciar a carreras o a dejar de tener más hijos. La tasa de fecundidad cae y cae y no hay reemplazo, y les da igual a las instituciones y a los políticos, porque nadie sale a la calle… Pero siete de cada diez mujeres tendrían más hijos si contaran con más medidas de conciliación. Entonces, que no nos vengan a decir que somos más egoístas: el deseo de ser madre sigue estando ahí, pero no conecta con la realidad social. La pandemia destapó que la conciliación no existe. La costeamos con nuestros sueldos, porque seguimos atrapadas en reducciones de jornada y excedencias  y en políticas que lo que hacen es invisibilizarnos más, porque cuando se regula el trabajo a distancia, como se hizo en 2020, eso lo único que lleva es a alejar a la mujer del mercado laboral y tiene un coste.

— ¿El teletrabajo no ayuda a la conciliación?

Por desgracia, como está planteado, no.

— ¿Y cómo debería plantearse?

Primero, con perspectiva de género. Las empresas tienen que saber quién está teletrabajando y que haya paridad. Lo que no se puede permitir es que en las horas que está una mujer trabajando en casa se tomen decisiones sin ella. Eso es increíble. Y al final estamos apartadas, porque las que se cogen el teletrabajo son las mujeres, que lo ven como una oportunidad. Además, la regularización de los trabajos a distancia no contempla aspectos como la flexibilidad: ¿De qué sirve que trabajes de 8 a 3 en casa si no puedes moverte de la silla?

— Para conciliar ¿hay que racionalizar los horarios que tenemos en este país?

La racionalización de los horarios es fundamental pero, insisto, también lo es la flexibilidad. ¿Cuántas mujeres en España no habrían renunciado a su carrera, por ejemplo, si se trabajara por objetivos? En los ámbitos que sea posible se tendría que trabajar por objetivos.

— El sociólogo Vicent Borràs me decía que no habrá conciliación hasta que los padres no vayan a buscar a los niños al colegio, porque podemos salir dos o tres horas antes de la oficina…

Yo creo que los hombres hoy están en los lugares donde se les ve: en los parques, en los supermercados, jugando con los niños… En esas tareas visibles de reconocimiento social. Nosotras hacemos las tareas invisibles, la carga mental, eso es a lo que el hombre se ha de corresponsabilizar. De inicio a fin.

— ¿Conciliar es un privilegio de las mujeres de clases medias y altas?

Claro, o pagas los cuidados o cuentas con ayuda. Pero, al final, estás pagando para que otra no concilie. La conciliación tiene que ser un objetivo para todas y para lograrla han de intervenir varios actores: ha de haber políticas públicas y los hombres se han de corresponsabilizar, pero las empresas también tienen que dar un paso adelante.

— En estos ocho años de Malasmadres: ¿Ha cambiado algo?

Yo creo que sí: las mujeres ahora nos lo creemos y muchas han dicho “hasta aquí”, se han sentado delante de sus jefes y jefas y les han dicho que necesitan conciliar. Empiezan a quitarse el miedo. Nosotras hemos atendido a 8.000 madres que han llamado al teléfono amarillo de la conciliación, por miedo a que las echen por decir que están embarazadas o pedir reducción de jornada. Creo que desde las Malasmadres hemos ayudado a darles fuerza y argumentos para que se empoderen.

— ¿Y usted como concilia, con tres hijas?

Tengo un padre corresponsable a mi lado, pero de verdad. Porque decir “soy corresponsable” es estar en los chats del cole y que yo me vaya de viaje y, cuando vuelva, no tenga que estar “preocupada por”. Una vez renuncié para poder estar presente como madre, pero luego llegó la segunda hija, empezaba a crecer el club de Malasmadres y… renunció él.

— En general, a las mujeres nos cuesta delegar el manejo del hogar: en parte porque hasta hace no mucho era el único ámbito donde teníamos un cierto poder

En todos los talleres de corresponsabilidad que hacemos, en todos, sale lo que nos cuesta a las mujeres delegar. Es que nos hemos creído que la madre es la más importante y yo a veces, en casa, he tenido que luchar contra esa envidia sana de ver que mis hijas llaman antes a papá o pasan de mí… (ríe). Pero para conciliar también tienes que hacer un trabajo personal de saber delegar. No creerte imprescindible. Y si perdemos esa cuota de poder para sentirnos más libres en lo que realmente queremos… ¡Qué maravilla, delegar! Pero para eso hay que ser corresponsables los dos, corresponsables de verdad.//

2 comentarios sobre “Laura Baena, la voz de las ‘malas madres’: “El teletrabajo no ayuda a conciliar; es otra trampa”

  1. He sido una mala madre por haber trabajado demasiado para que sean los adultos que hoy son los tres, lo hice en soledad dejando cuero en el camino. Hoy me llamaría «mala abuela» por un millón de razones que alimentan mí existencia. Me ha encantado la nota.

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