¿Es bueno que los niños estén presentes en el parto de sus hermanos?

La tendencia de que los hijos asistan a los partos de sus madres es minoritaria, pero va consolidándose. Frente a los argumentos que es algo natural y deseado, surgen dudas. La principal: si esta es una decisión que corresponde el menor. Os dejo el link a mi último artículo de Parenting en La Vanguardia de este año y, a continuación, os paso el texto:
Mireia Lanaspa con su hija mayor que la vio dar a luz —  Foto: Mireia Navarro

Dentro del arte de la fotografía existe un género dedicado a imágenes de partos. Hay profesionales especializados en este acontecimiento e, incluso, la revista National Geographic dedica un especial a “las mejores fotos de partos y recién nacidos”. Se muestran tanto nacimientos hospitalarios como domiciliarios: imágenes de mujeres dilatando, con expresiones de dolor en el rostro, de mujeres recién paridas, felices y agotadas, con sus hijos en brazos e, incluso, sosteniendo una palangana con la placenta recién expulsada. Mujeres que dan el pecho, maridos, abuelas, comadronas, médicos, sangre, líquidos… El imaginario que rodea algo tan intenso como un parto es muy potente y, por ello, hay un detalle en algunas fotos que llama la atención: la presencia de niños, mirando.

Las imágenes en las que aparecen los niños se dan, básicamente, en el contexto de los partos domiciliarios. En este tipo de nacimientos, explica la psicóloga general sanitaria Mireia Lanaspa, es habitual que, si hay hermanos mayores, estos estén presentes. Así fue cuando ella dio a luz a su segunda hija, en casa: “Sí, mi hija mayor, que entonces tenía dos años y cuatro meses, estuvo. Desde el principio fue parte del proceso», cuenta.

Mireia asegura que todo formó “parte de un proceso”, del que se informó a la niña: “Le habíamos explicado lo que iba a pasar. Había visto crecer mi barriga, había escuchado al bebé, conocía a las comadronas y sabía por qué venían”. También leyeron un cuento: “Donde se explica todo lo que ocurre durante el parto: las diferentes posiciones de la madre o el que pueda gritar…”.

Los gritos de la madre, explica, es una de las razones por las que los hermanos se despiertan cuando se da un parto en casa: “Las comadronas me dijeron que, a menudo, por la intensidad del parto, los niños se despiertan solos y que eso es mejor que despertarla explícitamente”, recuerda Mireia. Durante la dilatación, ella utilizó una toalla para amortiguar los gritos: “Pero luego me la quité, así que un poco antes de que naciera su hermana, mi hija se despertó”. El padre la fue a buscar, la tuvo en brazos y la niña vio cómo nacía el bebé. “Se quedó mirándolo, tranquila y comentó que se había quedado contenta de haber estado. La idea siempre fue que estuviera. Le habíamos preguntado y ella dijo que sí. Explícitamente, pidió verlo”.

A home birth. Oil painting by Karl Hagedorn. Credit: Wellcome CollectionAttribution 4.0 International (CC BY 4.0)

Pero: ¿Un niña tan pequeña tiene capacidad para decidir si quiere asistir al parto de su madre? Como psicóloga y madre, Mireia Lanaspa no tiene duda de que sí: “Los niños, ya muy pequeños, son conscientes de muchas cosas. ¡Imagínate con dos años y cuatro meses, habiendo visto cómo crece la barriga…!” Con el nacimiento, argumenta, sucede un poco como con la muerte: “Siempre queremos protegerlos y no explicarles la verdad pero, para los niños, la vida y la muerte es algo mucho más natural de lo que pensamos. Somos nosotros quienes creemos que lo pueden vivir de manera traumática”. 

Lanaspa, que es coordinadora del grupo de trabajo de Psicología Perinatal del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya, insiste que las cosas se han de contar muy bien en estos casos: “Se les ha de explicar que lo que se vive en el parto no es un dolor malo, sino un dolor que te hace ser consciente de lo que está pasando, que el bebé está llegando”.

Pero, ver y oír a tu madre gritar de dolor, la sangre, la placenta… ¿Es el mejor escenario para un niño? A esta psicóloga no se le pasó por la cabeza, “en ningún momento” que esta vivencia pudiera ser algo traumático para su hija. “Al contrario. Yo creo que al ser una cosa vivida con naturalidad, no debería de ser problema. La experiencia que tengo me dice que ninguno se ha traumado por hacerles partícipes de este momento. De hecho, mi hija quiso estar presente en mi tercer parto, cuando ella ya tenía seis años”. Normalmente, añade, lo que sucede es que los hermanos se cansan: “Conozco más casos de niños que se aburren y no acaban estando en primera fila, entusiasmados, que de niños a los que les afecte”. Lanaspa reitera que darles la opción de presenciar el parto: “Si la madre lo ve como adecuado y positivo, es una forma de respetar al niño y darle a entender que forma parte del sistema familiar”.

El parto natural con los hijos como testigo también puede ser un buen reclamo para conseguir seguidores. Verdeliss, la exconcursante de Gran Hermano VIP e influencer, dio a luz a su octava hija en casa, rodeada de su familia. Cuando compartió el video, reivindicó el derecho: “A no estigmatizar a ninguna madre por su forma de traer a sus hijos al mundo”. No sabemos si su reivindicación tuvo algún efecto, pero su video, al escribir estas líneas, contabilizaba 1,2 millones de visualizaciones. Unos años antes el cocinero inglés Jamie Oliver también causó revuelo cuando contó que sus hijas mayores, de 14 y 12 años, asistieron al parto de su hermano en el hospital y cortaron el cordón umbilical.

José Ramón Ubieto, psicólogo clínico y psicoanalista, considera que la idea de invitar a los hermanos a presenciar el parto de la madre es: “Un fenómeno típico de las familias del siglo XXI. A los que tuvimos hijos en el siglo XX, jamás se nos ocurriría esto”, puntualiza. Las razones para estos cambios, explica, son varias. La primera, como apuntó la etnóloga francesa Martine Segalen, es que hoy estamos en una sociedad niñófila, en la que el niño se ha transformado en el intenso objeto de deseo, en el eje de la familia.

Parto en casa, retransmitido y con los hermanos como testigo: un signo de las familias del siglo XXI donde todo se cuenta, como es el caso de la influencer Verdeliss.

“Mientras que en el régimen patriarcal, las familias giraban alrededor de la figura paterna, hoy las familias las forman los hijos”, añade Ubieto. “Antes todo tenía una estructura vertical, los niños pintaban poco y por supuesto, no asistían a determinados eventos como un parto. Pero hoy estamos en una sociedad niñófila y no tiene nada de extraño que se pida a los hijos que acudan a todos los eventos familiares, incluido las acogidas de los nuevos miembros”.

Este paidocentrismo, ese niño respetado al que hoy también se le da un inusitado poder de decisión, no es la única razón para este fenómeno. Ubieto aporta otra clave de este siglo, que es la llamada “pulsión escópica” o el goce de mirar, exacerbada por las redes sociales: “Lo miramos todo: desde personas que deciden contar su muerte a familias que retransmiten su parto. Lo privado ya no es algo que hay que mantener bajo un velo de pudor, sino que ahora se empuja a mostrarlo. En ese sentido, la idea de mirar cómo nace un niño forma parte de este cambio”.

Y habría una tercera razón, importante, añade el terapeuta: “La idea, falsa, que ver es comprender”. Es decir, “que aquello que antes podía asociarse a lo traumático, porque era misterioso y oculto, simplemente con que lo veamos, ya no lo es”.

¿Es aconsejable que los menores sean testigos del nacimiento? Para Ubieto, lo primero que hay que tener en cuenta es que “el parto, por muy natural que pensemos que es, no deja de tener sus riesgos”. Sin olvidar que hay variables a tener en cuenta, como la edad: “No es lo mismo asistir al parto de tu hermano con seis años que cuando tienes quince. Las manifestaciones de dolor de la madre no serán lo mismo para un adolescente, que puede entender que es un dolor necesario, que para un niño de seis años, para quien probablemente no sean plato de buen gusto”.

Otra variable es lo que se da a ver: “Se supone que uno podría asistir a un parto como en los hospitales, mirando desde la parte de atrás, para no tener una visión ni de los genitales ni del útero…” Sin embargo, en varias imágenes de partos naturales que hay en las redes, los niños aparecen en primera fila. “Es una barbaridad”, resume Ubieto. “Yo tengo un recuerdo infantil, cuando nació un primo, en el piso de abajo de la casa donde vivíamos. Vi a mi tío, que salía con el cubo con la placenta… No olvidaré en mi vida aquello”.

Este terapeuta considera que, en función de la madurez de cada uno: “Hay cosas que se pueden mirar pero hay otras que conviene que no”. Ahora, si puede ser traumático presenciar un parto siendo niño, esto es más difícil de establecer: “Porque lo traumático tiene mucho que ver con cada uno. De todos modos”, añade, “aquí también hay muchos factores: imagínate un parto en el que va todo bien, el niño ya tiene una cierta edad y está preservado de la parte más cruda, digamos, y ve a la madre contenta, un poco sudorosa, pero no hay gritos… Pues eso probablemente no marque. Pero también puede suceder lo contrario. Incluso, puede ser que la escena esa les complique la vida”.

Ubieto reitera que en las paternidades y maternidades actuales existe “esta idea naïf y peligrosa, de todo lo que digan los niños vale y… no siempre es así”. Por otro lado, ¿realmente, quiere un niño ver a su madre parir? “Yo creo que todo esto tiene más que ver con la proyección que hacemos los padres sobre lo que los hijos quieren, que no sobre lo que realmente quieren”, sintetiza.// EVA MILLET.

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