NIÑOS YOUTUBERS: ¿QUÉ OCURRE CUANDO CRECEN?

Este artículo publicado en la sección de #Parenting del Magazine de La Vanguardia surge a raíz de la lectura de la novela Los reyes de la casa, de Delphine de Vigan (Anagrama). Y no deja de ser un seguimiento a otro reportaje que publiqué, en 2019, sobre los YouTubers infantiles. Como dice de Vigan, muchas familias han invitado al Gran Hermano a casa: estamos asistiendo a un vulneración del derecho a la intimidad y a la imagen de los niños, pero a nadie parece molestarle. ¿Qué repercusiones tendrá una vida retransmitida en directo desde la infancia? Aquí el link al reportaje y, a continuación, el texto:

Desde que es adolescente, Mélanie Claux aspira ser una estrella de la telerrealidad. No lo consigue pero, al convertirse en madre, empieza a grabar el día a día de sus hijos y lo cuelga en YouTube. Mélanie y su familia sobresalen. Pronto crea su propio canal, el dinero fluye y sus niños se convierten en estrellas infantiles de internet. De cara a la galería todo parece ir de maravilla, hasta que un día la hija pequeña, Kimmy, desaparece. Ha sido secuestrada.

Este es el punto de partida de Los reyes de la casa (Anagrama), la última novela de la escritora francesa Delphine de Vigan. Un relato de ficción pero con una base real: las vidas de los youtubers infantiles y sus familias, que la autora relata con maestría. Un universo paralelo que descubrió por casualidad, en un programa de televisión. Se quedó tan estupefacta que supo que había un tema para una novela.

Durante el proceso de documentación De Vigan también descubrió que en Francia (como en otros países) hay una serie de familias que ganan muchísimo dinero exponiendo a sus hijos en las redes de forma constante. “Hemos acogido al Gran Hermano en nuestra casa”, explicó en una entrevista a Justo Barranco en La Vanguardia. Y, en el camino, muchos padres han sacrificado la intimidad de sus hijos. Porque, como se pregunta la escritora: “¿Hasta qué punto [un niño] consiente a los dos, cuatro, diez años, en convertirse en una estrella de YouTube? Si no pueden consentir sexualmente a los doce años: ¿Tienen edad para medir las consecuencias de esta exposición?” En definitiva: ¿Son los padres dueños de la imagen de sus hijos?

La de los niños Youtubers es una industria en alza, que carece de una regulación adecuada.

En España también tenemos nuestra representación de youtubers (o influencers) infantiles, dirigidos por sus progenitores. La pionera fue Martina d’Antiochia, que a los diez años abrió un canal, La diversión de Martina, donde contaba su vida. Martina se convirtió en todo un fenómeno, con millones de seguidores que la han visto, literalmente, crecer. En la senda de Martina aparecieron MikelTube (8,4 millones de suscriptores), su hermano, LeoTube (3,26 millones), Arantxa Parreño (3,95 millones), El Mundo de Clodett (2,79 millones) y, por supuesto, Las Ratitas: el canal de las hermanas Gisele y Claudia Itarte, que acumulan un patrimonio en YouTube que roza los 25 millones de suscriptores.

El mundo de los influencers infantiles está dominado por un aspecto: el consumo. La actividad principal de estas criaturas parece ser abrir paquetes. En la jerga del marketing digital este gesto se conoce como unboxing (abrir regalos en cámara) y también lo practican los influencers adultos. Los regalos son suministrados por las firmas que se anuncian a través de estos niños. Según un estudio de la empresa Qustodio, los menores de 10 años son los que más tiempo pasan en YouTube. En consecuencia, esta plataforma se ha convertido en un medio publicitario fundamental. Y los influencers infantiles, en sus mejores prescriptores.

Por ello, los videos de estas criaturas están salpicados de juguetes, logotipos y paquetes envueltos. Tras abrirlos, los niños recitan marcas y modelos. Algunos muestran el producto a cámara o pretenden jugar con ellos. Detrás del objetivo (o en el plano), están sus padres: YouTube no autoriza tener cuenta a los menores de 13 años, por lo que son los adultos los encargados de abrirlas, además de grabar, editar y publicar el material para alimentarlas. También son ellos quienes gestionan los beneficios económicos.

Con 140 millones de visualizaciones este video de Las Ratitas fue el que provocó que, por primera vez en España, alguien cuestionara este tipo de contenidos.

Los niños influencers van mucho de compras y llevan a cabo “retos”, que pueden consistir en hace explotar una sandía, adivinar los sabores de una marca de patatas fritas o lanzar un objeto desde un primero piso, para ver si se rompe. A veces, protagonizan pequeñas historias, no muy sofisticadas, pero con éxito de audiencia. Uno de los videos más visto de Las Ratitas se titulaba, originalmente: Las Ratitas se maquillan y se van a la disco a bailar. Filmado en la casa de la familia cuenta cómo Gisele y Claudia (entonces de 6 y 7 años), se preparan para ir a la discoteca. Mientras la hermana pequeña espera a que la mayor la recoja, se maquilla primorosamente y se pone un conjunto con lentejuelas. Cuando llega la hermana, ambas se montan en un todoterreno miniatura (gadget omnipresente en los canales infantiles) y acaban en la discoteca.

El video tiene 140 millones de visualizaciones, pero no ostenta el récord de visitas de Las Ratitas. Sin embargo, fue el que provocó que, por primera vez en España, alguien cuestionara este tipo de contenidos. Ocurrió en 2019, cuando la organización Save the Children y el psicólogo Javier Urra —ex defensor del Menor de la Comunidad de Madrid—, solicitaron a la Fiscalía de Menores de Barcelona iniciar una investigación sobre el canal. La petición surgió a raíz de un informe del Consell de l’Audiovisual de Catalunya sobre la publicidad de juguetes, en el que se incluyó a los youtubers infantiles. Este organismo veía “con inquietud” la aparición de canales promocionales: “Que tienen audiencias masivas y que reproducen sin rodeos todo tipo de estereotipos”.

Ese mismo año Save the Children publicó un informe titulado Violencia Viral, donde se analizaba la violencia contra la infancia y la adolescencia en el entorno digital. Para esta oenegé, el sharenting es una práctica de alto riesgo, ya que representa una sobreexposición en la red, que puede vulnerar los derechos de los menores.

Según la legislación española, el consentimiento para compartir información personal de menores de 14 años debe ser prestado por madres y padres, “pero con límites”. Es decir, los niños tienen derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Las acciones realizadas por padres, madres o tutores legales pueden considerarse una intromisión a este derecho.

No hay que ser muy sagaz para detectar que en los canales infantiles este derecho no se está respetando. Son precisamente los adultos responsables de su cuidado quienes filman a los menores —con ritmos de producción constantes—, divulgan los contenidos producidos y gestionan sus aspectos derivados, como los actos promocionales y los comentarios de los fans. Sin embargo, como explica Javier Urra, la petición de investigación de 2019 no llegó a ningún sitio: “No he sabido más sobre si intervino la Fiscalía de Cataluña, si bien te adelanto que siempre opera con mucha discreción, para evitar daños colaterales más allá de la justicia. Que una familia fue llamada para que declarase, eso sí te lo puedo confirmar, pero ya no sé más”. Tampoco Save the Children tuvo noticia alguna.

Como tantos otros Youtubers, la familia de Las Ratitas se ha trasladado a vivir a Andorra, paraíso fiscal.

La realidad es que, tanto los canales de Las Ratitas como los otros, han seguido emitiendo sin pausa desde 2019, creciendo y diversificando sus negocios. Los youtubers también publican libros y dan su nombre a todo tipo de productos: de cepillos de dientes a juguetes con su imagen. El negocio continúa y los padres rechazan las críticas: en una entrevista en Los 40 Principales Mireia Martínez, madre de Las Ratitas, dijo no entender que se cuestionara su estilo de vida cara de cara al público. El trabajo, explicaba, era de toda la familia. De sus hijas, “porque son como muy espontáneas”, y de ellos, los padres: “Porque sí que es verdad que hay un estudio de todo: desde la ropa, hasta los calcetines que pueden llevar hasta el decorado, o cómo va a ser la historia”. Martínez añadía que para sus hijas ser youtubers “es como un juego” y que ellas “ya decidirán” si quieren dedicarse a ello de mayores.

¿Qué pasará cuando estos niños crezcan? Según Save the Children, debido a que el sharenting es una práctica bastante reciente: “Será necesario esperar unos años hasta ver sus implicaciones reales”. En la citada entrevista con La Vanguardia, Delphine de Vigan dice que se prevé que haya “una oleada de denuncias de los hijos contra sus padres cuando sean mayores”.

No es un fenómeno diferente, señala, a lo sucedido con niños artistas como Britney Spears y Macaulay Culkin. Aunque aquí hay una diferencia importante: el talento de los youtubers infantiles muy poco tiene que ver con los clásicos niños prodigio, como Spears o Culkin. “Ellos cantaban, actuaban, tenían algún tipo de competencia, y aún así fue muy complicado. Los niños youtubers, a parte de abrir cajas, no son buenos actores ni saben hacer nada; será violento cuando la fama decaiga”, dice la escritora.

La psicóloga de familia, Agnès Brossa, también considera que para muchas de estas estrellas infantiles crecer será difícil: “Al final, se trata de niños con una fama y un protagonismo que no podrán mantener: yo creo que habrán secuelas, aunque hay niños más vulnerables que otros”. La psicóloga también recuerda algunos casos de niños actores que al crecer no han tenido éxito y han sufrido una dificultad emocional grave para tolerar esta falta: “Pienso que podría ir por aquí, porque lo que veo no me parece ético: creo que se está vulnerando su intimidad, y ellos se darán cuenta”.

Martina ya va a cumplir 18 años y sigue frente a la cámara.

Mientras tanto, los youtubers infantiles se hacen mayores. MikelTube ya es un adolescente que, como la familia de las Ratitas, también vive en Andorra, con sus padres. Siguen publicando videos e ingresando beneficios. Martina D’Antiochia ya tiene diecisiete años y novio. Estudia segundo de Bachillerato y ha debutado en el cine con Santiago Segura. Continúa alimentando sus canales de YouTube, TikTok e Instagram, escribiendo libros y promocionando productos. Ya no son muñecas: ahora se prueba bikinis frente a la cámara y los puntúa con ayuda de sus seguidores. Algunos de los comentarios que recibe no se corresponden a un público infantil.

La joven también se rellena los labios con ácido hialurónico y aprende a bailar poledance. Su último video, cuando se escribió este texto, se titulaba: Analizando todos mis traumas y manías. Tiene un tono humorístico, pero se abre con las siguientes palabras: “Estoy harta, harta de fingir, de esconderme del mundo y aparentar lo que no soy”.//

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