¿QUIÉN DA LOS CONSEJOS DE CRIANZA A LAS NUEVAS MADRES?

Hace tiempo que madres y padres rehúyen de los clásicos consejos de familiares para criar a los hijos: prefieren los expertos a los abuelos. El nuevo paso ha sido la búsqueda de referentes en las redes; un fenómeno en alza.

De esto va mi nuevo Parenting en La Vanguardia Magazine. Os Comparto el LINK y el texto, a continuación.

Madre de cinco hijos, Paula es una abuela joven. Tiene dos nietos y uno más en camino. Sin embargo, pese a haber criado a cinco criaturas, detecta que su prole no está muy interesada en su experiencia. Lo certificó cuando, en una sobremesa con sus hijos y sus parejas en la que se habló de embarazos, partos, bebés y primeros meses…, nadie le preguntó nada. “Al final tuve casi que levantar la mano, como para recordarles que yo tenía algo que aportar”, recuerda, riendo, aunque sin poder ocultar su sorpresa.

Y es que cuando Paula se convirtió en madre, ella tenía sus referentes claros: su madre, su abuela y, en general, las mujeres de su familia extensa. Como millones de mujeres a lo largo de la historia.

Hoy esto ya es una reliquia. En el mundo moderno hace tiempo que los especialistas tomaron el relevo en la crianza. Al principio, en cuestiones médicas: de las parteras se pasó al obstetra, del médico de familia al pediatra. Pero, con los años, los expertos se han ido multiplicando. Y no solo encarnados en profesionales de la salud: también llegaron a través de los libros. Uno de los pioneros fue el pediatra Benjamin Spock, cuyo manual de crianza, Tu hijo, había arrasado en los Estados Unidos.

En España el fenómeno editorial del experto en crianza no se consolidaría hasta la publicación, en 1995, de Duérmete niño: un libro para enseñar a dormir a los niños escrito por el doctor Eduard Estivill. Especialista en la medicina del sueño, Estivill fue el primero de los expertos autóctonos que llenaron las nuevas librerías de Ikea de los hogares españoles. A Estivill le siguió el que se considera su némesis: el pediatra Carlos González, cuyo Bésame Mucho, publicado en 2003, fue otro éxito editorial. Los expertos y los temas se sofisticaron en paralelo a las ambiciones de los progenitores: el libro del neuropsicólogo Álvaro Bilbao: El cerebro del niño explicado a los padres, es otro best seller que llena las estanterías.

De las experiencia familiar se pasó a los expertos, con los libros como soporte principal. Ahora las cosas han cambiado.

Sin embargo, el reino de los libros ha cedido paso al de los soportes virtuales. Los expertos están migrando a las redes porque, cosas de los tiempos, los padres buscan sus referentes allí. “Sí, las nuevas madres ya son nativas digitales y sus referencias son las influencers; van a las redes de forma natural”, explica Liliana Arroyo Moliner, doctora en Sociología y especialista en transformación digital e impacto social.

Arroyo, que acaba de ser madre y de publicar el ensayo (¿Bienvenido Metaverso?, junto a José Ramón Ubieto), sabe bien de lo que habla. “Por un lado, ya no tenemos tejido social al que referirnos; es decir, vivimos en familias nucleares y nos falta todo lo que aprendíamos cuando vivíamos tres generaciones juntas y, si se tenían dudas, se consultaba allí”. Ahora, en caso de duda, no se llama ni al pediatra ni a la comadrona —ni, tampoco, a la abuela de la criatura—. Lo que se hace: “Es buscar si alguien ha colgado una story sobre el tema que preocupa. Se hace una búsqueda y llega una respuesta”. Incluso, sin pedirla. Arroyo está en un grupo de WhatsApp de madres recientes donde se comparten constantemente “reels de Instagram o tutoriales de YouTube sobre el cuidado del bebé”.

Ante tanta información, ella aplica un filtro estricto, porque sabe que entre los expertos en crianza en las redes se da un doble fenómeno: “Por un lado, están las mamás que se reorientan y se convierten en YouTubers o infuencers y, por otro, los profesionales de salud que encuentran un espacio para hacer salud comunitaria. Ambos son prescriptores, pero su autoridad es muy diferente”. El problema, señala Arroyo, “radica en que las embarazadas o las nuevas madres, cuando tienen una preocupación, siguen a quien se la resuelve, no a quien necesariamente tiene la mejor información, la más fiable”.

Es decir, en Instagram conviven Álvaro Bilbao (un millón de seguidores) y Verdeliss (un millón y medio): una madre de familia numerosa que lleva años documentando su vida familiar. Verdeliss tanto anuncia unas zapatillas deportivas como cuelga un video de su parto gemelar o hace una encendida defensa de la lactancia materna. Ella vende su experiencia, lo que parece satisfacer a sus seguidores, en su mayoría, mujeres. 

La pedagoga Anna Ramis, especialista en el impacto de las pantallas en la infancia, también detecta el cambio de referentes de los nuevos padres: “Se pasó de aprender por ambiente y reproducir conductas aprendidas de la familia —sin demasiada crítica—, a acudir a los expertos”. Especialistas que, “en cierto modo, desproveyeron a padres y madres, que no se sentían seguros sin su consejo. El mensaje que se les enviaba era que ‘no sabían’. Ni tan solo se les dejaba usar el sentido común.”

Con las redes, dice Ramis, el conocimiento se ha vuelto a socializar. “Se conecta con otras mamás y papás, que están viviendo lo mismo. Y eso parece estupendo, porque no hay nadie por encima tuyo que te diga lo que has de hacer… ¡Nadie te manda!”

Esta socialización sin jerarquías, apunta, no es la única razón por la que los nuevos padres acuden en masa a las redes. “Hay más: la primera es que hoy el valor máximo es la experiencia, sí, pero… ¡la propia!” Sin olvidar, por supuesto, que los jóvenes están habituados a la información inmediata: “Por tanto, si ahora me interesa saber de lactancia, pues me conecto. Si me interesa saber qué zapatos he de comprar a mi hijo, pues me conecto”. La sensación es que el tiempo escasea, en especial para criar hijos, y todo ha de ser: “Rápido, fluido… No se buscan reflexiones, sino videos cortos o tips”. Es decir, breves listas de consejos, que abundan en internet.

Instagramers como «Verdeliss», madre de familia numerosa, se han convertido en los nuevos referentes en crianza.

En este camino veloz se ha quedado atrás la experiencia de otras generaciones y se está quedando en desventaja la de los expertos cualificados. Anna Ramis coincide con Liliana Arroyo en que la experiencia de una madre influencer se está confundiendo por conocimientos: “Hoy los expertos son los influencers que te están hablando de igual a igual, no quien tiene un título universitario o quien ha hecho investigación”. Influencers, añade Ramis, que dominan los recursos de las redes: “Eso implica que sus mensajes tienen más salida y seguidores y, en consecuencia, más prestigio. Pero no por sus conocimientos sino porqué tienen un mayor dominio del medio”

¿Esto significa que el algoritmo está influyendo en las crianzas? “Sí”, asegura, rotunda. “Y por eso hay que ir con cuidado, porque en las redes se sigue el principio que ‘si pongo a doscientos millones de moscas comiendo caca, quiere decir que la caca es buena’. En consecuencia, si alguien dice que va bien poner perejil en la cabeza del niño en un momento en el que el algoritmo lo premia, y suben sus seguidores… seguirá hablando del perejil. Y otros en su órbita lo reproducirán”. A este fenómeno se le conoce como las eco-chambers: esas cajas de resonancia que, se ha demostrado, son perversas, porque solo se escucha la opinión que retorna el eco.

Pero no todo son desventajas en la red, matiza. En estos puntos de encuentro hay muchos progenitores que se consuelan viendo que otro pasan por lo mismo: sus hijos no duermen, no se comportan o tienen terrores nocturnos, por ejemplo. “Esta terapia grupal es positiva, pero me parece que no se está dando el paso siguiente que sería preguntarse por qué nos pasa esto y cómo lo afrontamos” Lo que falta, concluye Ramis, es la reflexión: “Porque como decía el pedagogo John Dewey: una experiencia reflexionada es la que nos produce aprendizaje”.//

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