ALFABETIZACIÓN DIGITAL (o cómo enseñar a los jóvenes detectar las fake news).

Es una verdad irrefutable: los jóvenes se manejan con mucha más soltura que sus papás boomers en el mundo virtual. Pero también es cierto que carecen de una buena base para discernir entre la avalancha de información que reciben en sus dispositivos. Son receptores pasivos y desconocen las fuentes tradicionales: ponen a mismo nivel a un influencer que a la BBC, por ejemplo. Para remediar este desaguisado el programa DESFAKE, lanzado en Barcelona, imparte talleres escolares. Me pasé una mañana con ellos y este es el resultado, publicado en mi sección de Parenting en el Magazine de La Vanguardia. Os adjunto link y texto, a continuación:

Situada en el corazón de Montjuic, el Institut-Escola El Bosc es uno de los muchos oasis que hay en la montaña barcelonesa. Esta luminosa mañana de otoño, en un aula de cuarto de la ESO, se está llevando a cabo la última jornada de una actividad singular: un taller del programa Desfake, cuyo objetivo es alfabetizar a los adolescentes en el uso de la información que consumen vía internet.

Pero, ¿no habíamos quedado que los millenial eran nativos digitales? ¿Que dominaban internet como nadie? Lo cierto es que, por un lado, sí: los jóvenes se manejan con mucha más soltura que sus papás boomers en el mundo virtual. Pero carecen de una buena base para discernir entre la avalancha de información que reciben en sus dispositivos.

No son solo ellos, por supuesto: hay muchos adultos incapaces de distinguir una noticia verdadera de una falsa. Pero los artífices de Desfake consideran que la educación a nivel escolar es clave para luchar contra la actual plaga de desinformación: el alud de noticias falsas o fake-news que tienen la capacidad de influir en decisiones tan importantes como vacunarse contra el Covid o votar a un partido u otro.

Lorenzo Marini, co-director de Desfake, lleva años interesado en luchar contra la desinformación. Un compromiso que, cuenta, empezó por dos razones. La primera porque, cuando era un estudiante universitario, se creyó lo que contaba Zeitgeist: un falso documental que, entre otras cosas, aseguraba que los atentados del 11-S fueron obra de un grupo de poder estadounidense. “Estaba tan bien hecho que me lo creí todo… ¡Siendo un estudiante de Comunicación! Me di cuenta que nunca nadie me había hecho razonar sobre la verificación”, recuerda. La segunda razón fue más personal: “Una de mis primeras amigas que tuvo hijos no quería vacunarlos. Para justificar su decisión, me pasó las fuentes en las que se había ‘informado’ que, claramente, no eran fiables”.

Ahí están, en parte, los orígenes de Verificat; la primera plataforma de verificación de datos y lucha contra la desinformación en catalán, que se creó en 2019. Después se gestó el programa didáctico Desfake, que empezó a impartirse en escuelas en el curso 2020-21. La periodista Roser Toll, colaboradora del New York Times y con una amplia carrera profesional en el extranjero, es una de sus cofundadoras y docentes. En el tiempo que llevan trabajando en las aulas, ya ha detectado cómo se informan los alumnos: “Básicamente, no conocen los medios de comunicación tradicionales. A veces, no saben ni citártelos”, explica. “No solo hay mucha distancia de las fuentes clásicas sino un cierto rechazo: no confían, no entienden, no conectan. Es un mundo que les resulta ajeno”.

Al rechazar los medios tradicionales, la generación digital, añade Toll: “Consume contenidos sin categorizar, de forma pasiva y sin contexto”. Contenidos que, además, representan una avalancha diaria frente a la cual, a diferencia de la generación pre-digital, los adolescentes no tienen mecanismos para identificar una cierta gradación de fiabilidad: “Por ejemplo, si tú estás en Twitter y ves una noticia de TVE, sabes que es un medio fiable. Pero a los jóvenes les cuesta mucho más tener un marco para discernir: tienen al mismo nivel a TVE que a alguien como el TikToker Naim Derrechi” [influencer que, entre otros, afirmó que eyaculaba dentro de sus parejas sexuales sin avisarles o que se había cambiado de género, porque las mujeres “tenían más derechos”].

¿Cómo se lidia con un alumnado con una base así? El primer paso desde Desfake es ponerlos en contacto con el concepto de desinformación: “Para que entiendan cómo funciona y aprendan a detectarla o, como mínimo, a no difundirla. Porque la desinformación, cuyo objetivo es desestabilizar a través de la desconfianza, crece porque nosotros la compartimos. Si podemos llegar a que no la compartan, ya tenemos mucho conseguido”, dice Toll.

Una vez establecido este concepto, se imparte un curso express [el del Bosc era de tres días] para aprender a verificar las informaciones. “La idea no es enseñarles a ser periodistas”, dice Lorenzo Marini, “sino procurarles herramientas para saber si pueden fiarse de lo que dice la persona que habla o escribe”. Se trata, añade Toll, de darles una metodología para que no pierdan el tiempo con contenidos de baja calidad. De enseñarles una ruta clara, hacia las fuentes confiables: “Lo que queremos es dar un giro positivo. No solo hablar de contenido basura y que nos genera desconfianza como sociedad. Lo que queremos es generar confianza con la información de calidad y ver internet como una riqueza de oportunidades”.

La comprobación de las informaciones, explican desde Desfake, está basada en un sistema acuñado en las universidades de Stanford y MIT, a partir del trabajo de los fact-checkers (verificadores de hechos) profesionales. A partir de ahí se ha construido una metodología, adaptada a los escolares.

Uno de los ejercicios de esa mañana en El Bosc fue verificar dos tuits. El primero mostraba una fotografía con dos mujeres: una en biquini, otra con velo, supuestamente en la playa de Montgat. Una rápida búsqueda inversa en Google de la imagen demostró que la foto tenía varios años y se había hecho en Dubai, no en Montgat.

El otro tuit mostraba a tres adolescentes magrebís con polos de Lacoste con el mensaje: “Toca lucir Lacoste”. El tuit —que se hizo viral—, se publicó el día después de que varios manifestantes saqueasen una tienda de dicha marca en Logroño. Aquí la verificación se hizo a partir del origen del autor del tuit, un tal Betrand Ndongo: “Hicieron una búsqueda lateral con este nombre y vieron que es un asesor de VOX, un partido crítico con la inmigración”, explica Roser Toll. “Después, nos fijamos en la foto: detrás de los chicos aparece un cartel de una tienda llamada Rania Shoes. Buscamos en Google “Rania Shoes” y vimos que está… en Algeria. Esta foto no se ha hecho en Logroño. Ndongo no dice que ellos hayan saqueado, pero da una narrativa falsa, implicando que ha sido un colectivo concreto el que ha estado haciéndolo. ¿Nos podemos creer esto? ¡No!”.

Las verificaciones se hacen de forma muy rápida: aquí sí que se nota la destreza millennial con los móviles, ordenadores e internet en general. ¿Se puede aplicar este método en casa? “Tenemos un proyecto pendiente para familias”, dice Marini, “pero nuestra metodología sirve para todos”. Otro próximo paso será contactar con escuelas de primaria: “Lo interesante sería que esta formación, de alguna forma, estuviera en el currículum. Porque este tipo de alfabetización es básica”.

El cribado de información a nivel digital ha de ser una competencia más, añade Roser Toll: “De la misma manera que enseñamos a los niños a leer y les acompañamos en el inicio de la lectura, también les hemos de enseñar a leer digitalmente y acompañarlos; que entiendan las rutas y las fuentes fiables”.

El trabajo de los alumnos y los profesionales de DESFAKE puede verse en este enlace de Tik Tok:

En el Bosc tienen muy claro que esta habilidad es clave para su progreso académico. “Nos parece muy interesante, porque los alumnos siempre tienen problemas para obtener fuentes fiables. Son muy emocionales y fáciles de influenciar y en casos, ya no buscan, van a lo inmediato: buscan información en redes sociales, en influencers… En Bachillerato tendrán un trabajo de investigación obligatorio y esta experiencia se va a aplicar ahí”, explica la directora del centro, Alicia García Romero. La tutora de cuarto de la ESO, Iria Arellano, hace hincapié en la importancia de la capacidad de criba: “Para desarrollar el espíritu crítico del alumnado y saber discernir las fuentes de información más fiables. Me gusta que esto es un sistema científico, con herramientas para confirmar o desmentir”.

Respecto la actualidad, a los adolescentes, explican desde Desfake, les interesan temáticas sociales, deportivas y ecológicas (el cambio climático, en especial). Migraciones, inter-culturalidad, integración, género, feminismo… “¡De todo! Pero, al final, lo que hacemos es enseñarles, aunque estemos hablando de fútbol, a detectar una información falsa. Lo importante es el método”, recalcan.

Rita y Bruno, dos de los alumnos del taller de 4º de ESO, no imaginaban que las noticias podían manipularse con tanta facilidad. Ambos se informan, explican: “Por Google y por las redes sociales. Lo que sale en TikTok. La información que nos llega al móvil…”. Ellos solo toman la iniciativa: “Cuando necesitamos datos para un trabajo del colegio”. Por eso, dice Bruno: “Nos irá muy bien saber qué tipo de información es confiable, porque para hacer trabajos es muy necesario”. “Sí, me irá bien en general, no solo a nivel académico”, asiente Rita: “En las redes lo paso todo tan rápido que al final, me lo creo todo… Está bien saber analizar un poco”.//

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