LA MADRE QUE DIJO ¡BASTA!

La periodista inglesa ELIANE GLASER ha escrito un manifiesto donde denuncia el culto a la maternidad perfecta y el retroceso que supone el estilo de crianza llamado «natural». Para ella vivimos en una paradoja: un mundo que idealiza tener hijos pero trata a las madres peor que nunca. La entrevisté para mi sección de Parenting en el Magazine de La Vanguardia. Comparto el link y, más abajo, la entrevista completa.

¿Por qué, después de décadas de progreso, la maternidad es mucho más difícil de lo que debería ser? ¿Por qué hoy la buena madre es la que pare con dolor? ¿Por qué hay tantas madres que se sienten aisladas y fracasadas? ¿Por qué la ansiedad domina las crianzas actuales? Estas y otras muchas preguntas asaltaban a la periodista y escritora inglesa Eliane Glaser, colaboradora, entre otros, del diario The Guardian, y madre de dos niños.

De estas inquietudes surgió Motherhood, a Manifesto (ed. Fourth Estate); un libro que cuestiona la maternidad actual, que considera la cuenta pendiente del feminismo. La autora aborda temas como la influencia de las redes sociales, la desatención a la depresión post-parto y la cada vez mayor preeminencia de la llamada “crianza natural”, que devuelve a la mujer a casa y la hace sentir culpable si alimenta a su bebé con biberón. Glaser no aboga por nada: “Creo que cada uno ha de ser capaz de elegir lo que que quiera”, pero lo que le parece bien “es que cómo se valida un cierto tipo de crianza sobre otro”.

El libro empieza con el relato —que pone lo pelos de punta—, del parto de su primer hijo, que acabó con una cesárea de emergencia después de horas de dolor insoportable: ante su petición de epidural, las comadronas le instaban a “esperar” a que las cosas se “establecieran” y a darse un baño en su casa. En cada capítulo la experiencia personal de la autora se combina con una exhaustiva bibliografía. El manifiesto de Glaser, tiene clara una cosa: “El problema no son los niños; el problema es el contexto”. Hablamos con ella:

Su libro es valiente y necesario pero, ¿cómo ha sido recibido?

Me esperaba una reacción fuerte, porque hay la percepción de que hay dos campos: teta versus biberón, parto natural frente a parto medicalizado, etc. Y pensé que habría una reacción del otro grupo, por así decirlo. Sin embargo, recibí una respuesta abrumadora de muchas madres que me dijeron que se sintieron identificadas y escuchadas con mi libro. Me han contado historias de cómo se fustigaban, incluso cuando estaban bajo un gran estrés y haciendo lo mejor que podían hacer con sus hijos.

La culpa es omnipresente en las crianzas actuales…

Me di cuenta que muchas madres experimentan sentimientos de aislamiento, de ansiedad, de fracaso, de ser poco adecuadas… Pero les resulta difícil expresarlos.

¿Por qué cree que es así? ¿Se debe a la competitividad por ser las madres perfectas?

La competencia es algo muy presente en nuestra sociedad, neoliberal e individualista. Y esto se refleja en la crianza, que busca la perfección y optimiza cualquier aspecto de la vida de los hijos. Pero lo que veo es que cualquier posible fallo acarrea un riesgo existencial, catastrófico: hoy las crianzas llevan un añadido, que es una sensación de ansiedad terrible, que hace pensar que si no se es perfecta como madre habrá una catástrofe y tu hijo será dañado de forma irreparable.

En su libro aborda la idealización de la llamada crianza “natural” —que también está creciendo en España—, un estilo que implica, entre otros, el parto sin anestesia, el contacto exhaustivo con el niño y la lactancia prolongada y a demanda. ¿Cómo explica este fenómeno, en el siglo XXI?

Se puede ir al siglo XVIII, a la teoría del buen salvaje de Rosseau y la idealización de la madre natural, en comunión con la naturaleza. Rosseau criticó a las mujeres urbanas, que estaban siendo educadas y salían al mundo. Para él, la madre ideal era la mujer sin formación. Luego vienen la sentimentalización victoriana de la familia, el despegue de la familia nuclear y la mística del feminismo de los años 50, del que forma parte el movimiento de parto natural, que nace en esa época. Más tarde, hubieron muchos estudios sobre crianza que sostenían que el bienestar de los niños había sido abandonado, ignorado. Y eso, hasta cierto punto, es verdad, pero ha traído una corrección extrema y el péndulo se ha ido hacia el otro lado de forma exagerada.

Una de las cosas paradojas del movimiento de la crianza natural es que sus artífices, en su mayoría, son hombres y de ideología muy conservadora. Pero se ve como algo revolucionario, contestatario.…

El lenguaje del movimiento por el parto natural y la crianza intensiva, de apego, va sobre empoderamiento, sobre ser alternativo a la maternidad industrial, el anticapitalismo, al control de paternalista de los médicos… Pero sus orígenes ideológicos son muy conservadores: la Liga de la Leche fue creada por un grupo de amas de casa muy conservadoras y los inicios del movimiento por el parto natural en el Reino Unido partieron del doctor Grantly Dick-Read, un cristiano evangélico, que creía que las mujeres no tenían que salir de casa para ir a trabajar. Es cierto que estos orígenes se han tapado y la crianza natural se envuelve de este halo, falso, de empoderamiento.

La periodista y escritora, Eliane Glaser, autora de MOTHERHOOD A MANIFESTO. (ed. Fourth Estate)

En Estados Unidos, la Asociación Americana de Pediatría ha publicado nuevas recomendaciones sobre la lactancia: en un país donde apenas hay bajas maternales, dictan que lo mejor es dar de mamar durante dos años. Lo mismo dice la OMS, que recomienda “no abandonar la lactancia natural hasta los dos años de edad, o más tarde” ¿Son factibles estas directrices?

¡Están tan alejadas de la realidad! En el Reino Unido las recomendaciones son dar el pecho exclusivamente durante los seis primeros meses, pero solo un 1% de madres lo hacen. Se usan unas herramientas de información que no se ajustan a la realidad ¿Qué tipo de mensaje les envías a ese 99% de mujeres? Es muy paternalista hacer sentir a una abrumadora mayoría de mujeres culpables e inadecuadas.

Pero, por otro lado, parece una herejía decir que no a todas nos parece empoderador dar el pecho dos años seguidos…

Me parece que con estas recomendaciones se transgrede totalmente la idea de autonomía y la confianza a las madres. Respecto al dilema pecho/biberón te puedo decir que posiblemente es un poco mejor dar el pecho pero no es crucial: existe la idea que la lactancia mejora las oportunidades de tu bebé, pero la mayoría de los estudios realizados no tienen en cuenta el tema de la clase social, y son las mujeres de clases medias y altas las que más dan el pecho, pero esta relación siempre se pierde en los estudios.

En España, hasta no hace mucho, parir con anestésicos era un privilegio de las más ricas. Hoy, la mayoría de las mujeres que piden parir “naturalmente” son mujeres educadas, de clases medias y altas. ¿Lo ‘natural’ es una nueva forma de diferenciación social?

¡Sí! En mi país, la cuestión de clase social en el tema de la lactancia, por ejemplo, es enorme. El biberón es algo que se da de forma abrumadora entre las clases trabajadoras y el pecho es algo de clases media y altas, lo que es un cambio del pasado, cuando estas clases no se sentían para nada culpables por pasar a sus bebés a una nodriza.

Uno de los capítulos de su libro está dedicado a la depresión post-parto. ¿Usted cree que la crianza natural, que pone toda la presión en la madre, puede estar relacionada?

Sin duda. Las características asociadas a la crianza natural, como no enseñar a dormir a tus hijos, el contacto intenso y constante con el niño, el aislamiento, la falta de sueño… Todo eso son factores que propician la depresión post-parto. Hay claramente un vínculo entre la depresión y el contexto. Creo que lo que más ayuda entre las mujeres que padecen este tipo de depresión es hablar, entre ellas, sentir que no están solas, que no están fallando sino que son seres humanos normales.

Pero a veces, si una no va con la tendencia, se siente muy aislada; en su libro menciona que de su grupo de preparación al parto, usted era la única que manifestó que deseaba la epidural…

Sí, la presión de parir sin analgésicos, aguantar “como un hombre”, casi, es enorme. Parece que si no sufres en el parto no está preparada para el sacrificio maternal. El sentido de fracaso por recibir una anestesia o una cesárea es enorme.

En su libro también trata sobre las últimas corrientes de crianza: la crianza “respetuosa” o “consciente”, que instan a la madre a, prácticamente, nunca perder los nervios. ¿Es eso posible?

Creo que los consejos actuales sobre cómo lidiar con las rabietas y la disciplina de los niños son completamente demenciales. Este enfoque de cero tolerancia, de que nunca has de perder los nervios, esta sucesión de técnicas para las madres para controlar el enfado… Para escribir el libro leí a muchos psicólogos de generaciones anteriores, y lo que decían es que es muy dañino para los hijos tener una madre que siempre está calmada cuando interactúa con ellos. Porque toda la negatividad va dirigida al niño y ellos se convierten en los portadores de ese enfado. Es muy tóxico.

A menudo, estas tendencias surgen de “gurús” o “influencers” que reinan en las redes sociales ¿Internet está afectando el modo en el que se cría a los hijos?

Sí, es un factor muy importante y creo que representa un problema enorme, esta solidaridad falsa que abunda en las redes… Por ejemplo, escribes: “Me siento mal por haber gritado a mis hijos ¿los habré traumatizado de por vida?” y recibes muchas respuestas, supuestamente comprensivas, tipo: “Seguro que no pasa nada pero… quizás tendrías que controlarte más, contar hasta diez…” En las redes abunda este tipo de actitud pasiva-agresiva, llena de juicios.

En su libro cita mucho a Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista quien, en 1953, acuñó el concepto de la “madre lo suficientemente buena”. ¿Seríamos más felices tratando de ir por ese camino?

Winnicott es un autor extraordinario; cuando lees sus textos te das cuenta que fue una persona que entendió a las madres y es mucho más liberal que los expertos en crianza actuales. Su idea de la madre “lo suficientemente buena” surgió en contra del concepto de perfección que ya existía, del ama de casa ideal.

Winnicott escribió fragmentos fantásticos sobre los altibajos de la relación entre madre e hijo. En vez de catastrofizar los procesos, él creía en la capacidad de mejorar, y su modo de contarlo es mucho más reconfortante. Este concepto de la madre lo suficientemente buena no solo es realista y universal sino, también, beneficioso: es mucho mejor para el niño tener una madre imperfecta.

¿Y por qué no reivindicamos también el concepto de los hijos lo suficientemente buenos?

Me parece muy necesario: además, toda esta ansiedad que implica la búsqueda del hijo perfecto está, claramente, dañando a los niños.//

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