‘Sexting’, intimidad, adultos y adolescentes.

En un siglo en el que exhibirse en redes se ha convertido en una forma de vida para muchos adultos — con el sexting campando a sus anchas— , la intimidad es un concepto cada vez más difuso; pasado de moda, incluso. ¿Es posible educar a los hijos a preservarla? De todo ello hablo en este artículo en la sección de Parenting del Magazine de la Vanguardia. A continuación, versión del blog:

La difusión, sin su consentimiento, de un video sexual del actor y presentador español Santi Millán ha sido el último de una ristra de escándalos que tienen como ingrediente base una grabación íntima. En una época en la que todo se filma y comparte, los contenidos de este tipo son habituales. Incluso, han impulsado las trayectorias de famosas como Paris Hilton y Kim Kardashian. También son motivo de chanzas: “Necesito un público y hoy que se filtre un video sexual ya no funciona…” dice la diva Deborah Vance, el personaje protagonista de la serie Hacks, cuando trata de remontar su carrera.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, la difusión de este tipo de contenidos tiene una consecuencias muy perjudiciales para las personas cuya intimidad ha sido violada. Incluso, irreversibles. En España es conocido el caso de Verónica, una mujer de 32 años, que se suicidó en 2019 cuando un ex amante despechado, compañero de trabajo, compartió un video sexual que ella le había enviado cinco años atrás. A esta práctica: la de compartir la autoproducción de textos, imágenes o videos digitales explícitamente sexuales, se le llama sexting; un término cada vez más corriente.

FUENTE; EL PAÍS — Junio 2019  

Pero que el sexting sea habitual no impide que se formulen ciertas preguntas en torno al mismo. La primera: ¿Por qué se graba alguien manteniendo una relación sexual? Rosa Montaña, médico de familia, especializada en sexología, explica que esta práctica: “Es un proceso de morbo, de observación. Incluso, de obtener un trofeo para poder conservar ese recordatorio de lo que está sucediendo. Hay mucha gente a la que le excita ver a su pareja de esta manera”.

Pero, grabar esta intimidad, ¿Es algo normal? La doctora responde con un “hoy es algo muy habitual”. En especial, añade: “Si tienes seguridad con la persona con la que lo estás haciendo”. Pero esta especialista matiza que “hoy las parejas son más efímeras”, por lo que, al acceder a filmar un contenido de este tipo: “Habría que confiar que no haya un proceso de maldad que derive en la difusión de estas imágenes. Cuando envías algo así tienes que saber que corres un riesgo de seguridad, que no todo está controlado”, advierte.

Anna Plans, presidenta de la Asociación de Consumidores de Medios Audiovisuales de Catalunya, es aún más enérgica. Para ella, no existe un sexting seguro: “A partir del momento en el que compartes cualquier contenido sexual, este ya escapa de tu control: esto lo hemos de tener muy claro, estás haciendo una práctica de riesgo”, asegura, rotunda. Autora de Respeta mi sexualidad (ed. Nueva Eva), Plans lleva años dedicándose a defender los derechos del menor en el mundo on-line y conoce de primera mano las consecuencias que esta práctica implica. La difusión de un contenido de este tipo, asegura, puede destruir una vida.

“Puede afectar muchísimo, sí, porque es como hacer un escaparate de una situación de trastienda de nuestra pareja”, coincide Rosa Montaña. El impacto personal, añade, dependerá de la madurez y las circunstancias: “No es lo mismo que una cosa así te pille con cuarenta que con quince años. O que el sexting haya sido por un proceso de «si no haces esto, te dejo». Aparece aquí el chantaje emocional, que cada vez está sucediendo más, especialmente, en adolescentes”.

Los jóvenes hoy practican el sexting, pero, ¿no es algo lógico, si los adultos lo hacen? Los niños, no olvidemos, aprenden por imitación. Y la exposición de la intimidad puede hacerse de muchas maneras. De hecho, son millones los padres que exhiben en las redes las vidas de sus hijos menores: se les conoce como sharents instaparents y muestran al mundo, de forma exhaustiva, las monerías de sus retoños. Asimismo, hay niños, muy pequeños, con cuentas en TikTok (diligentemente abiertas por sus padres). En este entorno, ¿cómo explicarles a los hijos la importancia de la vida privada?

Anna Plans considera fundamental el ejemplo de los padres: “Si ellos no comparten su intimidad, los hijos lo ven”, asegura. Lo que ocurre es que con las redes sociales el concepto de intimidad se ha hecho más laxo, se ha normalizado compartir con desconocidos nuestro día a día. No solo eso: tener muchos seguidores es sinónimo de triunfo. Si a todo esto se le añade la hipersexualización imperante, resume Plans, tenemos el cóctel servido: “Piensa que las influencers más exitosas son las llamadas sexygrammers —chicas muy jóvenes que posan en Instagram imitando a sexygrammers adultas, como la celebrada Emily Ratajkowski—. “Y lo que hacen que enganchen, que tengan seguidores, es que venden su intimidad”, explica.

Esta hipersexualización se está normalizando entre los adolescentes: “Se reproducen patrones y se acaba compartiendo la intimidad”, resume Plans. Las consecuencias, son enormes: “Sobretodo entre las chicas, las más vulnerables, las más estigmatizadas por su conducta y muchas veces, las más presionadas y coaccionadas”. Sufren lo que Plans llama las fragilidades contemporáneas: anorexias, bulimias, fobias sociales y hasta depresiones.

Para la sexóloga Rosa Montaña se puede enseñar lo que es la intimidad pronto: “Los niños, ya muy pequeños, se tocan. Diciéndoles «No, no en este sitio; pero esta es tu habitación o este es el baño…» empiezas a explicarles lo que significa la privacidad”. Y a medida que crecen hay que seguir hablando: “Contar, por ejemplo, que compartir este tipo de contenidos es un delito”. Anna Plans sugiere límites: horarios y zonas restringidas de uso del móvil, además de no olvidar que la edad legal para el uso de WhatsApp es de… dieciséis años y, en redes, catorce. “Los jóvenes no tienen conciencia de riesgo, hay que hacerles pensar”. Y si han caído: “No juzgarlos sino ayudarlos y buscar soluciones. Acompañarlos, siempre”.

Para prevenir, señala la sexóloga Rosa Montaña, es también importante enseñar a decir «no» e impartir una educación sexual sin complejos: “Hoy se da una educación sanitaria: se les habla de enfermedades de transmisión sexual, de prevención sobre embarazo y poco más”. Para ella, si se hablara más de sexo, también en familia, las cosas irían mejor: “Si sé que no tengo que recibir presiones y que si me sucediera algo así, en vez de sentir vergüenza, voy a poder verbalizarlo, no caería tan fácilmente en un chantaje emocional que puede llevar al suicidio”.

En un caso de violación de la intimidad, añade Plans, hay que tener también en cuenta a todos los actores: “No es solo la víctima, hay diferentes personas que intervienen: quien pide el contenido (suelen ser los chicos) y quienes lo comparten (de nuevo, son más ellos que ellas). Si uno de estos parase, el proceso se pararía…” Para ello es necesario educar más en la empatía: “Quizás si se pusieran en los zapatos del otro, no compartían estos contenidos”.

Para prevenir, señala la sexóloga Rosa Montaña, es también importante enseñar a decir «no» e impartir una educación sexual sin complejos: “Hoy se da una educación sanitaria: se les habla de enfermedades de transmisión sexual, de prevención sobre embarazo y poco más”. Para ella, si se hablara más de sexo, también en familia, las cosas irían mejor: “Si sé que no tengo que recibir presiones y que si me sucediera algo así, en vez de sentir vergüenza, voy a poder verbalizarlo, no caería tan fácilmente en un chantaje emocional que puede llevar al suicidio”.

En un caso de violación de la intimidad, añade Plans, hay que tener también en cuenta a todos los actores: “No es solo la víctima, hay diferentes personas que intervienen: quien pide el contenido (suelen ser los chicos) y quienes lo comparten (de nuevo, son más ellos que ellas). Si uno de estos parase, el proceso se pararía…” Para ello es necesario educar más en la empatía: “Quizás si se pusieran en los zapatos del otro, no compartían estos contenidos”.

Pero ante todo, insiste, hay que proteger a nuestros hijos. No valen medias tintas tipo: «Si haces sexting que no se te vea la cara o tápate unas partes del cuerpo, para que no se te reconozca…». “Estas cosas incluso las recomiendan algunos educadores sexuales”, explica Plans, “pero no es adecuado, porque se les dice que se puede compartir su intimidad y de forma despersonalizada, además. El sexting, repito, es una práctica de riesgo. ¡No existe un sexting seguro!”.//

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: