CÓMO AFRONTAR LAS DECISIONES DIFÍCILES.

Las llamadas decisiones difíciles («hard choices» en inglés), jalonan nuestra existencia y nos producen grandes dosis de ansiedad. Por ello, para mí ha sido un bálsamo conocer el pensamiento de la filósofa RUTH CHANG, de la universidad de Oxford, a quien tuve el gusto de entrevistar.
Su postura es que las decisiones difíciles no son un obstáculo, sino una oportunidad que nos ayuda a construirnos.
Para entender cómo hacerlo, comparto el link a la entrevista publicada en La Vanguardia (y que, me dicen, ha sido el segundo tema más visto este mes de junio!) y, a continuación la entrevista:

EVA MILLET — 22/06/2022

Elegir forma parte de nuestra existencia, jalonada por las decisiones que tomamos a diario. Pero entre estas elecciones, hay categorías. La filósofa Ruth Chang se ha dedicado a estudiar “las decisiones difíciles” (hard choices, en inglés); esas disyuntivas sobre las que damos infinidad de vueltas y que suelen ir acompañadas de grandes dosis de ansiedad.

Las reflexiones de Chang sobre las decisiones difíciles son un buen bálsamo para aquel que se encuentre ante una elección de esta índole. Porque para esta pensadora y catedrática de jurisprudencia en la Universidad de Oxford, en las elecciones difíciles hay un punto de partida erróneo: el que una alternativa es mejor que otra. Las elecciones difíciles, asegura, lo son porque no hay una opción que sea mejor que la otra.

A partir de esta premisa, Chang ha desarrollado una teoría sobre cómo abordarlas que, entre otros, la ha convertido en una estrella en YouTube (su charla Ted acumula más de 9 millones de visitas). Además de profesora invitada en las más prestigiosas universidades. Para ella, las decisiones difíciles tienen el poder de construirnos como personas. En esta entrevista telemática, desde su despacho en Oxford, nos explica cómo:

— Es licenciada en la universidad Dartmouth, después se graduó en la Harvard Law School y tiene un doctorado en filosofía en Oxford. ¿Qué le inculcaron de niña para llegar hasta aquí?

Vengo de una familia inmigrante, muy pobre: mis padres huyeron de China durante la Revolución. Mi padre obtuvo una beca para ir a América, a la universidad de Minnesota, el estado donde nací. En la cultura china hay una tradición confuciana que cree que aprender es algo respetable y reverenciado. Y en mi casa, cuando era niña, se sobreentendía que iba a ir a la universidad y que mis hermanos y yo íbamos a sacar sobresalientes. No se contemplaba otra cosa.

— Antes de dedicarse a la filosofía trabajó como abogada. ¿Qué provocó el cambio de carrera?

Siempre he estado enamorada de la filosofía pero fui demasiado cobarde para dedicarme a ella. Me parecía ridículo que una hija de inmigrantes tuviera una carrera profesional como filósofa. Así que estudié Derecho y lo detesté. Y trabajé en un bufete de abogados y lo detesté. En especial, me enfrenté a dos casos que hicieron que no quisiera pasar más tiempo con el derecho. Esa experiencia me comprometió con lo que hago hoy, que es la filosofía.

— Tenía veinticinco años: ¿fue esa su primera decisión difícil?

Es una buena pregunta y me sorprende mucho que no lo haya pensado antes… Sí, fue mi primera gran decisión difícil.

— ¿Y la condujo a su actual campo de investigación?

Sí. Tanto los filósofos como otros académicos trabajamos sobre nuestras “bestias negras” y yo era una persona con una gran dificultad en tomar decisiones, porque siempre miraba los pros y contras, siempre dudaba: temía lo que iba a suceder después de tomar la decisión.

Hábleme de las decisiones “difíciles”: ¿Son esas decisiones clave, que nos cuesta hacer por miedo a equivocarnos?

Ante una elección difícil cometemos el error de pensar que una alternativa es mejor que otra pero que somos demasiado tontos o ignorantes para ser capaces de descubrir cuál. Pero las decisiones difíciles no funcionan así: son difíciles porque no hay una opción que sea mejor. En este tipo de disyuntivas hay múltiples factores en juego y ninguna de las alternativas parece mejor que la otra de forma obvia.

— ¿Se pueden decidir a cara o cruz, entonces?

No, la solución para elegir una carrera, un trabajo o si vivo en el campo o en la ciudad, no es lanzar una moneda al aire. La solución es ejercer el poder que tienes como ser humano para comprometerte con algo.

— ¿Cómo?

Frente a las elecciones difíciles tenemos que ejercitar nuestro poder normativo, crear razones, valores propios. Al abordar una elección difícil, no deberíamos machacarnos tratando de averiguar qué alternativa es mejor, porque esta no existe. En vez de buscar las razones fuera, deberíamos buscar las razones dentro: ¿Quién quiero ser? Y el ser humano tiene un poder para comprometerse con sus elecciones, para respaldarlas y hacerlas mejor: para hacer de uno, por ejemplo, el tipo de persona para quien la vida rural es preferible a la urbana o que prefiere estudiar A frente a B.

— Pero crear esas razones cuesta: ¿Es por eso por lo que evitamos tomar decisiones difíciles?

Sí, absolutamente. Una de las reacciones habituales frente a una decisión difícil es demorar su resolución. Se hace con la esperanza de que cambien las circunstancias y la decisión sea sencilla… Es algo muy natural que nace del miedo de tomar la decisión errónea. Pero mi argumento es que en una decisión difícil genuina no se puede tomar la decisión equivocada, porque ambas opciones están a la par: lo que haces es que te comprometes con una opción y haces que esa sea la mejor para ti. 

— Usted cita a George Bernard Shaw, quien dijo que la vida no era cuestión de encontrarse a uno mismo sino de crearse a uno mismo…

La habilidad para construirnos es lo que nos hace humanos y las decisiones difíciles nos ayudan a ello. Cuando te enfrentas a opciones parejas puedes hacer dos cosas: o comprometerte con una y hacer que sea la mejor para ti, que funcione o —y esto es algo también perfectamente racional—, puedes dejarte llevar por una: muchas personas toman decisiones difíciles sin comprometerse.

— ¿Y funciona?

Tanto cuando te dejas llevar como cuando te comprometes, puede pasar que te encuentres con que el mundo no coopera contigo, que hay reveses. Pero la diferencia —y esto es absolutamente crucial— es que cuando has hecho un compromiso y aparece un obstáculo, lo entiendes como algo que puedes superar, no como un error por tomar la decisión. ¿Por qué? Porque ya te has comprometido con ello: esa es tu vida, ese eres tú.

— Con su teoría se pierde el miedo a equivocarse, siempre tan presente a la hora de tomar una decisión importante. ¿Es así?

Como comentábamos, mucha gente trata de evitar este tipo de decisiones, lo que es una pena porque, al no enfrentarse, lo que hacen es posponer esa oportunidad, muy valiosa, de modelarse a uno mismo. ¡Y es una oportunidad que debe de ser celebrada, no evitada! Pero una de las razones por las que la gente teme las decisiones difíciles es porque creen que hay una opción correcta y, repito, aquí no hay una opción correcta, sino que tú la puedes hacer correcta. No es palabrería, es algo genuino: al comprometerte con ese camino el modo en el que ves las cosas cambiará de forma radical. Los compromisos nos dan la oportunidad de encauzar nuestras vidas como nosotros queremos.

— La sabiduría popular recomienda “consultar con la almohada” antes de tomar una decisión clave. ¿Son los factores físicos importantes a la hora de elegir?

Mi estudio favorito sobre este tema es holandés y sostiene que si tu vejiga está llena y tienes que hacer una elección bajo esas circunstancias, resulta que el control que necesitas para aguantar afecta a cómo tomas la decisión: en esas circunstancias tiendes a ir a la opción más continuista. Hay todo tipo de situaciones físicas que inciden en lo que decides, por lo que es bueno relajarse y tomar una cierta distancia antes de tomar una decisión difícil.

— ¿Qué pasa con la intuición, el instinto? ¿Ayuda?

¡No! Es un mito muy común. Lo que los datos científicos nos dicen es que el instinto solo es útil para tomar decisiones en un caso algo curioso: cuando eres experto en el tema sobre el que has de decidir. Si sabes mucho de coches y tienes que escoger entre varios modelos, tu instinto será como un atajo para tomar la decisión. Pero no te fíes de tu instinto si no eres un experto en la materia. 

— Vayamos a las elecciones cotidianas. Hoy la oferta es descomunal: en el supermercado, en el menú de Netflix… ¿Estamos tomando más decisiones que nunca?

Existe una idea muy extendida, la de la paradoja de la elección: a más posibilidades de elegir menos capacidad de elegir bien. Las alternativas son como un ruido… Pero si se tiene una idea clara de lo que se quiere, no hay necesariamente una consecuencia entre las muchas opciones como consumidor y el perder la habilidad de escoger; lo que debemos tener es una idea clara.

— Muchos padres deciden todo por sus hijos: ¿Deberíamos entrenar a los hijos a elegir?

Si siempre permites que otro escoja por ti nunca adquirirás la experiencia de deliberar sobre los pros y contras de las alternativas, en medirlas y en experimentar las consecuencias de las decisiones. En aprender de los errores. Y, sobre todo, y eso es lo más importante para mí, nunca podrás lidiar con una decisión difícil. Si tu padre o tu madre siempre intervienen y te dice: ‘vas a ser abogado, no artista’, nunca vas a poder expresar tu autonomía: serás como un esclavo pasivo, al que siempre alguien le dicen lo que hacer. Creo que es una consecuencia lamentable de una crianza que tiene buena intención pero…

— ¿Las decisiones difíciles pueden cambiar la historia? Pienso en la decisión de lanzar la bomba atómica en Hiroshima…

A veces sabemos que algo es lo correcto pero el coste de hacerlo es tan enorme que lo hace muy difícil: yo lo llamo el “Caso de James Franco”, por la película 127 Horas, sobre un excursionista que se queda atrapado en una roca y se da cuenta de que la única manera de salvarse será cortándose su brazo… Este sería un modo de pensar en la bomba de Hiroshima: lanzamos la bomba pero acabamos con la guerra… Personalmente creo que no es la forma de enfocarlo, porque creo que lo correcto era no tirar la bomba. Pero la bomba se lanzó y para mí eso no fue una decisión difícil, sino un error. Pero es algo que se puede discutir.//

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: