‘Supermadres’: la maternidad perfecta e irreal de las mamás ‘celebrities’

Estaba harta de verlas todo el santo día en redes y revistas diciendo tonterías pero cuando en un ¡Hola! una millonaria —que mostraba su bebé y su pisazo—, aseguraba que, el día después de parir «ya estaba trabajando», me propuse escribir este artículo, aparecido en la sección de Parenting de El Magazine de La Vanguardia. En mi opinión, la figura de las madres celebrites es un gran fake de la cultura contemporánea. Aquí el reportaje:

La “flamante mamá” sale en una conocida revista del corazón. Ha abierto las puertas de su espectacular piso, en el que abundan los metros cuadrados y no se atisban ni una gota de polvo ni un indicio de desorden. La entrevistada posa en los diferentes rincones de la casa, luciendo en cada estancia un atuendo diferente. Es descrita como “emprendedora y audaz” pero el reportaje sirve para presentar a su bebé, criatura a la que adora, obviamente. Detrás de cada foto se intuyen una saneada cuenta bancaria y un servicio a tiempo completo. Sin embargo, la nueva mamá confiesa que no ha podido tomarse “ni un solo día” de baja por maternidad.

Las mamás-celebrity se están convirtiendo en omnipresentes. Los embarazos, partos y crianzas de las famosas -y no tan famosas- ocupan un generoso espacio en los medios de comunicación. Tanto los medios tradicionales como las redes sociales se hacen eco de las experiencias de unas madres que parecen extraterrestres. Mujeres que después de embarazos “estupendos”, “sin apenas molestias”, paren sin problemas, recuperan su figura al instante, crían hijos guapos y creativos y son “inmensamente” felices.

La maternidad perfecta se ha convertido en una nueva manera de reafirmarse (y competir) como mujer y, también, de hacer negocio. Las clásicas exclusivas de la prensa del corazón por los nacimientos de los hijos se han ido reemplazando por los esponsors en Instagram. En esta red abundan las mamás-influencer que muestran sus felices jornadas con sus criaturas: la lactancia, el biberón, los paseos, las vacaciones… Todo ello siempre sin despeinarse, vestidas de forma impecable y asegurando vivir en una dicha perpetua.

Las mamás-celebrity/influencer están bajo el paraguas de las super-madres, el ideal a imitar en el siglo XXI. Son la evolución de la figura de la ‘superwoman’, surgida en los años 80 en Estados Unidos. “Este concepto de la super-mujer apareció en España en los 90, con el boom de las revistas femeninas”, añade Juana Gallego, profesora de Periodismo de la UAB. “Ahí nació la idea de esta mujer que llegaba a todo y debía estar en todos los frentes a la vez: guapísima, elegante, siempre dispuesta para seducir y llevar la casa y, especialmente, para trabajar”.

Es en este último aspecto, señala Gallego, donde la figura de la ‘superwoman’ ha experimentado un cambio: “Antes se ponía mucho más el acento en la parte laboral, la maternidad quedaba un poquito relegada”. Pero, con el tiempo, el énfasis ha cambiado: “Ahora, en lugar de poner el acento en el trabajo, se lo ponen en la maternidad, porque se supone que esta super-mujer se ha incorporado al mundo laboral. Hemos pasado de la ‘superwoman’ a la super-madre”.

Juana Gallego, experta en género y comunicación, subraya que las revistas -tanto las de la prensa del corazón como la prensa femenina-, han tenido mucho que ver con la difusión de esta idea de mujer perfecta y en plenitud gracias a su condición de madre. A este tipo de publicaciones se les ha sumado en los últimos años la prensa diaria —que cada vez dedica más espacio a este tipo de noticias y personajes— y, por supuesto, las redes sociales. Y el público parece no tener suficiente. Si, como señalaba en The New York Times la periodista Jessica Grose, en Estados Unidos existe “una obsesión cultural” por los embarazos, partos y crianzas de las mamás-celebrity, en España no vamos a la zaga.

A través de estas mujeres ricas y famosas la figura de la super-madre se convierte en lo que el marketing denomina “aspiracional”; un ideal a conseguir. “Estos reportajes sobre mujeres guapísimas, con unas mansiones increíbles, que han sido madres recientes, son una manera de nutrir el imaginario de la audiencia. Es como una especie de reafirmación: ver a estas madres tan felices, que no han tenido ningún problema ni en el parto, ni el embarazo, que recuperan el peso al día siguiente… ¡Es como un cuento!, observa Juana Gallego.

Un cuento, sin embargo, que puede afectar a esas millones de madres que no salen en las revistas: “Sí, porque algunas las ven y se crean esa ilusión: «Si estas pueden, yo también»” continúa Gallego. “Y entonces, se intenta imitarlas, pero lo que se crea es una insatisfacción que se trata de superar realizando esfuerzos de todo tipo”.

Esfuerzos, añade, que suelen costar dinero. “Es un negocio: primero se crea la insatisfacción y después se crea la oferta para intentar suplirla o repararla: belleza, gimnasio, asesores, doulas, cursillos, ropa…” Pero es imposible ponerse a la altura de estas maternidades de papel couché o de filtro de Instagram. 

Para empezar, enumera Gallego, porque “estas maternidades perfectas son falsas”. Detrás de ellas hay mucho photoshop y ejercicio de relaciones publicas. 

Y ahí, en esta cierta deshonestidad, está el peligro del fenómeno de las super-madres. “Porque en la maternidad pueden haber momentos de felicidad y de placer, por supuesto, pero lo que no puede ser es que parezca un cuento de hadas. La maternidad implica mucha tensión, mucha dedicación y mucho estrés. Por tanto, ver que tu no estás cumpliendo con ese papel idílico que te están vendiendo puede crear infelicidad”.

Los hijos se han convertido en el último gran signo de estatus y las maternidades perfectas invaden las redes y las revistas del corazón.

Para colmo, ahora la mamá-celebridad no solo tiene tipazo veinticuatro horas después del parto y un cuarto de ensueño para el bebé. También se incorpora al trabajo “al día siguiente” de parir o sigue dirigiendo sus exitosos negocios mientras da el pecho. O pare en casa. Cuando las clases medias y bajas no podían, eran solo las ricas las que tenían a sus bebés en el hospital y se permitían una baja maternal. Ahora, en un curioso giro, lo más entre las millonarias es el parto en casa (rodeadas, eso sí, de personal médico) o seguir trabajando como si nada hubiera pasado. Lo que no cuentan, por supuesto, es la infraestructura y el servicio que hay detrás de cada uno de estos gestos.

“Efectivamente”, coincide Juana Gallego. “Las mamás que salen en las revistas tienen una posición social que, seguro, implica el gozar de personas que les ayudan o de unos trabajos que no requieren estar ocho horas cada día”. Gallego cree que tras estos gestos de rechazar avances como la baja maternal, que tanto ha costado conseguir, se esconde un concepto cada vez más en boga: la libre elección. “Es una idea neoliberal que, en esencia, postula que el individuo es libre para actuar y que todo se puede elegir. Y, por tanto, cualquier elección está aceptada… Si, por ejemplo, tu eliges tener una criatura para otra familia, pues hay que respetarlo. Y si tu eliges volver a trabajar después de parir, pues también, porque es tu libre elección”.

Gallego considera que la libre elección es una trampa que “nos está matando, especialmente a las mujeres, que parece que siempre tenemos que demostrar algo más”. Porque, en su opinión, no es cierto que la gente pueda elegir. “Son las condiciones materiales de la existencia las que te hacen hacer según que cosas. No eliges libremente. Es un concepto neoliberal que está haciendo mucho daño”, reitera.

Hay otro factor a destacar en la construcción de este ideal materno: en los países más ricos, los hijos cada vez son más escasos. Lo que hasta hace relativamente poco era normal, hoy empieza ser una rareza. Y todavía lo es más tener muchos críos, en parte porque criarlos cada vez cuesta más dinero (ya no vienen, con un pan bajo el brazo). 

Hilaria Baldwin cuenta el día a día con sus seis hijos en Instagram.

Por ello, en países como Estados Unidos las familias numerosas son un símbolo de estatus. Y un filón para algunas super-mamás como Hilaria Baldwin —la mujer del actor Alec Baldwin— que ha construido una familia numerosa en tiempo récord y cuyo día a día monetiza a través de sus 900.000 seguidores en Instagram.

Los hijos, además, se tienen cada vez más tarde. Este detalle incide también en esta glorificación de la maternidad: para muchas mujeres maduras (que ya han estudiado, viajado y trabajado), la prole se convierte en un estimulante nuevo proyecto de vida. “La maternidad se ha retrasado: ahora se tiene el primer hijo casi con 40. Quizás eso ha hecho revalorizar la maternidad en el sentido de ‘ahora o nunca’, magnificándola”, dice Gallego.

Estos son algunos de los ingredientes de un cóctel del que resultan estas super-madres: mujeres que proclaman a los cuatro vientos su absoluta felicidad gracias a su condición materna. ¿Cómo encaja dentro del feminismo esta figura? Gallego achaca en parte esta exaltación al llamado “feminismo de la diferencia”, que pone el acento en la cultura femenina y la tradición materna.

Mientras que el feminismo clásico, el de la igualdad, explica: “Reivindica políticas que mejoren o eliminen la desigualdad entre hombres y mujeres, esta corriente revaloriza el papel de la función materna hasta llegar, incluso, a lo místico”. Y de ahí surgiría su principal madonna: esta super-madre, elegante e inmaculada, bendecida por una felicidad casi sobrenatural gracias a sus criaturas. Nuevos ídolos posmodernos que, no olvidemos, pueden tener los pies de barro. //

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