¿Por qué siguen fumando nuestros hijos?

Se les ha dicho por activa y por pasiva que perjudica seriamente la salud, se han hecho incontables campañas sobre sus peligros, las cajetillas parecen retazos de películas gore pero… los jóvenes continúan fumando. Intento averiguar por qué en este artículo del Magazine de La Vanguardia que os comparto vía link y, también, a continuación:

“No lo sé, la verdad”. “No sabría decirte por qué”. “Empecé a fumar pues… ¡no sé!”. “No te lo sabría explicar”. Estas son las respuestas de Sara, Simó, Violeta y Mar —todos ellos adolescentes e inteligentes—, a la pregunta de por qué fuman. Ninguno puede dar una razón clara al por qué se convirtieron en fumadores. Precoces, además: todos empezaron un poco antes de cumplir los 14 años. Una edad que, según la última encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España (Estudes), es la media de debut en el consumo de tabaco en nuestro país.

Pese a las campañas que se llevan realizando durante décadas, pese a la mayor dificultad para adquirirlo y el aumento del precio, las cajetillas ilustradas con imágenes que parecen salidas de una película gore y el conocimiento —supuestamente generalizado— de que el tabaco perjudica seriamente la salud, los jóvenes… ¡Siguen fumando! Y bastante, además.

NI IDEA DE PORQUÉ FUMAN…

“Yo he llegado a fumar dos paquetes de tabaco de liar por semana”, explica Simó, que recuerda su primera calada a un cigarrillo, en la plaza Molina, de Barcelona: “Me animaron dos amigas, que empezaron antes que yo”. Y dos años después, tanto él como las dos amigas siguen fumando: “Yo tenía curiosidad por saber cómo era y un día, pues lo probé… Podría decirse que soy la instigadora”, dice una de ellas, Violeta, aunque puntualiza que no fuma demasiado: “Aunque sí, fumo… Y si me preguntas por qué, pues no lo sé: tienes curiosidad, empiezas y acabas fumando cada día. Es como un bucle, literalmente”.

Un bucle que, como explica Xavier Fàbregas, médico experto en adicciones, está aumentando. “Hay estadísticas que indican que se consiguió disminuir el número de gente que empezaba a fumar, pero este ha vuelto a repuntar en los últimos cinco años”, explica. Las principales razones: “Los cambios que ha hecho la industria en la presentación del tabaco: este incremento tiene mucho que ver con el tabaco de liar, que se promocionó como algo rebelde; un gesto con el que parecías que ibas contra la industria cuando, en realidad, es como si fueras a Ikea y te lo montaras todo tú mismo, porque te venden su tabaco, su papel de fumar y sus filtros”.

EL ENGANCHE DE LAS NUEVAS FORMAS DE FUMAR.

Este formato, cada vez más habitual entre los más jóvenes, es una manera diferente de acceso al tabaco de siempre. Sin olvidar, añade Xavier Fàbregas: “La industria de los vapeadores y estos nuevos aparatos para consumir tabaco sin quemarlo, que se han vendido como ideas más sanas, pero que no dejaban de ser otra forma para introducir en este mundo a los que no eran fumadores”. De hecho, la citada encuesta Estudes indicaba que en 2019 el 48,4% de los estudiantes de 14 a 18 años había probado cigarrillos electrónicos, frente al 20,1% de 2016.

El perfil de los consumidores, en esta franja de edad, también está cambiando. Estudes indica que las adolescentes españolas fuman antes (representan el 56,3%) ¿Las razones? Por un lado, las conductas más precoces de las chicas en este periodo. Por otro, el factor deporte, que los chicos suelen practicar más y que sirve de freno para empezar a fumar. De todos modos, esta brecha entre sexos “se va igualando: empiezan fumando más ellas, pero luego el porcentaje es equivalente”, dice Fàbregas.

Pero ¿por qué fuman? Dadas las respuestas un tanto vagas de los jóvenes entrevistados, le formulo la pregunta del millón al doctor Fàbregas. Él, que es fundador del centro de tratamiento de adicciones Mas Ferriol, lo tiene clarísimo: “¡Fuman porque el tabaco engancha!”. Porque es adictivo y, aunque cuesta entrar (el primer cigarrillo suele saber y sentar fatal), cuesta salir. “El tabaco tiene muchas sustancias añadidas que tienen como destino que penetre más fácilmente en los pulmones, hacerlo más adictivo. Y una vez lo has probado por razones culturales, es muy fácil que te enganche y sigas fumando por dependencia física”.

¿Es cierto que engancha más, incluso, que la heroína? Al tratarse de algo “muy subjetivo”, esta comparación es difícil de hacer: “Pero tengo muchos pacientes que me explican que les ha costado mucho más dejar de fumar tabaco que dejar el alcohol, la heroína o la cocaína. Aunque también hay una razón a tener en cuenta: cuando dejas cosas que teóricamente son mucho más perjudiciales, te guardas como última carta el tabaco. Pero sí, tengo muchos pacientes que se quejan que les cuesta más dejar de fumar que dejar las drogas ilegales”.

¿ANTESALA A OTRAS DROGAS?

Uno de los miedos de los padres cuando descubren que sus hijos fuman tabaco es, precisamente, que sea la antesala a drogas ilegales. Este especialista, sin embargo, no cree que sea una consecuencia directa. “Aunque con los adolescentes puede ser la antesala a fumar marihuana —o al revés; empiezan fumando marihuana y acaban en el tabaco—, hay muchas personas que han fumado toda la vida y nunca han pasado a otras drogas”.

NO CALMA LA ANSIEDAD, ¡LA GENERA!

El fumar parece tener una relación directa con la gestión de la ansiedad. Así lo ve, por lo menos, Sara, que a sus 19 años sabe muy bien “que fumar no es bueno para la salud, pero a mí me ayuda a lidiar con mi ansiedad”. Algo similar cuenta Simó: “Sé que corro un riesgo y, de hecho, noto que físicamente fumar me afecta, pero… ¡me tranquiliza!”. Esta idea, la de tranquilizar es para Xavier Fàbregas “un mito”, porque lo que se hace al fumar es gestionar la propia ansiedad que genera el tabaco. “Cuando tienes mono —que es lo que te pasa cuando no fumas— y te enciendes un cigarrillo, lo que haces es recuperar los niveles de nicotina. Y sí, te tranquilizas, pero no es que te tranquilice per se, es que estabas mal antes. Esta es la trampa de las adicciones: lo haces porque lo necesitas, no porque quieras”.

Pero pese a décadas de campañas y educación a nivel escolar e institucional, de reiterar que “fumar perjudica seriamente la salud” y de vetos al tabaco hasta en las playas, los adolescentes siguen fumando. Debutando en este hábito ya sea por curiosidad, presión de grupo o puro desconocimiento. “Si me preguntas qué hemos hecho mal yo te diría que las políticas de prevención están un poco anticuadas: hemos jugado mucho la carta de «el tabaco mata» etc., pero si te fumas un cigarro no notas que estás muriéndote y para que una cosa sea creíble, tiene que estar muy relacionada la causa y el efecto”.

¿COMO PREVENIR (O EVITAR)?

Para este experto la política basada en el miedo no sirve de mucho. Especialmente en un colectivo como el adolescente, donde la noción de riesgo es baja. Él se inclinaría por recordarles que “son unos consumidores manipulados por una industria potentísima, que lo que hace es ofrecerles una sustancia que engancha y, además, está admitida a nivel social, porque de ella se generan muchos impuestos”. Y apostaría por campañas “similares a las que se hacen para que se coma menos carne, por ejemplo; que sepan que al fumar se generan problemas colectivos, muy serios”. Los jóvenes, recuerda, “son muy solidarios” y plantearles esta renuncia al tabaco como una forma de ayudar tiene, asegura, mucho sentido.

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