POR QUÉ EL INGLÉS SE NOS RESISTE

EL INGLÉS, ¿UNA ASIGNATURA PENDIENTE?

Inglés

 

Se ha convertido en la lengua franca del siglo XXI. Reina en internet, en el mundo de las finanzas y el del entretenimiento. Es requisito en las ofertas de trabajo e, incluso, promesa electoral. Parece que sin inglés no se puede ir por el mundo, aunque en España son muchísimos los que todavía no lo dominan. Sin embargo, las cosas están cambiando. por Eva Millet

(La Vanguardia Magazine, 3/10/2004  – VER EL PDF ORIGINAL INGLES)

Al morir, en 1997, Joan Riera, un empresario textil de Santa Coloma de Farners, en Girona, poseía una fortuna de 31 millones de euros. Toda, sin excepción, la legó a la Generalitat de Catalunya bajo una condición: el dinero debía de ser invertido, enteramente, en la enseñanza del inglés en su comarca natal. Riera emigró a América en su juventud y lo pasó tan mal al no saber decir ni “hello”, que su última voluntad fue que los jóvenes de su zona pudieran defenderse en una lengua que se considera básica para ir por el mundo.

El hándicap que sintió Riera lo sienten todavía hoy millones de españoles. Y, aunque una parte ni se plantea el ponerse a estudiarlo, otra, cada vez más joven y numerosa, lo hace. De hecho, el inglés se ha convertido casi en una obsesión: los padres no dudan en invertir respetables sumas de dinero para que sus hijos lo aprendan, proliferan nuevas academias y métodos de enseñanza, y las instituciones de prestigio que llevan años establecidas han aumentado su oferta de cursos de forma espectacular. Incluso en el terreno político el inglés es una baza: forma parte de los programas electorales de los principales partidos españoles y, para el actual gobierno, es una prioridad en materia educativa el que los estudiantes lo hablen con fluidez al término de la enseñanza obligatoria.

¿Es esto posible? ¿Puede España, como Holanda, Dinamarca o Suecia, tener una población en la que la gran mayoría (casi 3 de cada 4 habitantes), hable el idioma de Su Graciosa Majestad? Según un reciente informe del Consejo de Europa, España está en la cola de los países europeos en dominio de inglés: se considera que éste no llega al 20% de la población, mientras que en los Países Escandinavos, el porcentaje casi alcanza el 80%.

Lo cierto es que, hasta hace no demasiado, las motivaciones de los ciudadanos españoles para aprender inglés u otros idiomas no eran demasiadas. En primer lugar, porque el castellano es un idioma mayoritario y los hablantes de este tipo de lenguas (ingleses, americanos y franceses incluidos), no suelen ser políglotas. Además, el español salía poco más allá de sus fronteras (para el 47% de lo europeos viajar es la primera razón para aprender una lengua extranjera), y la presencia de multinacionales era escasa. Sin embargo, esta situación ha cambiado radicalmente en las últimas dos décadas: “El boom del inglés hace tiempo que dura”, asegura Joan Melción, director de la UAB Idiomas, la escuela de lenguas de la Universidad Autónoma de Barcelona. “Coincide con la entrada de España en la Unión Europea y con la aparición de ofertas de trabajo en las que el dominarlo es un requisito”.

Maggie Hawes, profesora del Instituto Británico, coincide con Melción en que las dos últimas décadas han cambiado mucho las actitudes respecto al inglés: “Básicamente, la gente aprende un idioma por la necesidad y, hace veinte años, aquí no había tanta. Hoy hay multinacionales, la gente viaja más y se sabe que en el mundo actual, especialmente con la importancia de internet, hay que tener un mínimo nivel en ciertas cosas, y una de ellas es el inglés”.

¿Se ha avanzado, entonces, en el dominio de esta lengua? “Sí, absolutamente, creo que hay una gran diferencia de nivel en los últimos años, especialmente con los niños”, asegura Amaky Kassa, responsable de estudiantes del Instituto Americano de Madrid. Para Richard Jacques, profesor de lengua inglesa y traducción de la Universidad Pompeu Fabra, “El nivel ha mejorado muchísimo desde que vine aquí hace 25 años: hoy mucha más gente se defiende en inglés. Sin embargo, puntualiza Jacques, “hay pocos que tengan un dominio excelente, porque esta es una lengua relativamente fácil al principio que se complica a medida que se avanza”. Maggie Hawes también ha percibido este cambio a mejor: “Una de mis responsabilidades en el Instituo Británico es la de asignar el nivel de los nuevos alumnos. Hace unos años teníamos más elementales, mientras que hoy cada vez hay más intermedios hacia arriba… Esto es una prueba de que vamos por buen camino y, también, de que la escuela pública funciona”.

Sin embargo, los entrevistados y muchos otros entendidos opinan que, pese a estos avances, es necesario que se arrope el interés por esta lengua con un contacto más cotidiano con ella. La presencia minoritaria de la versión original en las televisiones (salvo en el dual o en algunos tímidos subtítulos de madrugada), y la manía de doblar la mayoría de películas de cine (algo rarísimo en el norte de Europa), son dos tradiciones que deberían olvidarse. “Los profesores siempre nos lamentamos de este entorno poco amigo”, explica Amaky Kassa. “El inglés no es sólo gramática: es también conversación y comprensión oral  (el listening, uno de los puntos flacos de los estudiantes españoles). En el Instituto Americano nos encontramos con chicos bastante buenos en gramática pero con una capacidad de comprensión y conversación muy baja”.

Y es que el machacar con la gramática ha sido uno de las formas tradicionales de enseñanza en las escuelas y, asimismo, la mejor receta para hacer aborrecer esta lengua. Sin embargo, los métodos lectivos están cambiando: los profesores están cada vez más formados y se utilizan sistemas más ágiles. “Se está promocionando mucho el escuchar y el hablar”, explica Ocilia Bosch, profesora de inglés de secundaria del Instituto Municipal Juan Manuel Zafra, de Barcelona. “Hace dos años, el examen de selectividad de inglés empezó con un listening, y se planea que pronto hayan exámenes orales. Por eso, los profesores nos estamos reciclando mucho para tener pautas y mejorar los sistemas de enseñanza”. La maestra cree que hay muchísimo interés entre sus alumnos en esta materia: “Todo es en inglés: internet, los juegos de ordenador… Además, está el deseo de los padres de que se defiendan en esta lengua”.

En efecto: según una encuesta de la UE, el 96% de los padres españoles es “muy favorable” a que sus hijos aprendan el inglés. La principal razón para ello es que mejoren sus oportunidades laborales. Esto ha provocado un auténtico auge en la enseñanza para los más pequeños y el que, incluso, algunos políticos hablen de proyectos de bilingüismo y trilingüismo a partir de edades muy tempranas.  “Yo no sé si se necesita enseñar inglés en P3, P4 y P5”, explica Maggie Hawes, “pero, si se hace, la clave es que los niños estén expuestos a la lengua, que jueguen con ella”. Para Richard Jacques, los objetivos tendrían que ser “menos ambiciosos y más realistas. Los niños de tres y cuatro años pasan demasiadas horas en el colegio, y enseñarles desde tan pequeños los puede someter a mucha presión. A esta edad no se tiene una motivación real, a no ser que la lengua nativa de algunos de los padres sea la inglesa… El inglés puede aprenderse a cualquier edad. Es cierto que de niño es más sencillo, pero el adulto compensa con la motivación.”

Para Jacques, ciertos anuncios de métodos milagrosos de enseñanza en los que se ridiculiza al que no sabe inglés y la idea que, si no lo hablas, eres un fracasado o nunca conseguirás trabajo, sólo provocan una reacción negativa. “Porque mucha gente lo percibe como una obligación, cuando es mucho más fácil acercarse a un idioma por curiosidad o por interés personal”.

Un interés que parece haber perdido una generación que aprendió francés, que ronda o supera los cincuenta años y que, en su mayoría, ha renunciado a defenderse en inglés (un buen ejemplo son muchos de los políticos españoles). Amaky Kassa percibe un desencanto entre esta franja de alumnos más mayores: “Abandonan… Están cansados de haber estudiado durante tantos años sin resultados. Además, son gente que trabaja, viene cansada a clase o no puede ser constante, por lo que se frustra”.

Entonces se buscan excusas como el “no estar dotado para los idiomas”, ser demasiado viejo para aprenderlos o la falta de tiempo o de dinero. “Los españoles no tenemos una constitución cerebral distinta a la de los holandeses o los suecos”, explica Joan Melción, quien considera que para facilitar el buen aprendizaje de este idioma harían falta “la regulación del sector privado (es decir, imponer criterios de calidad académica); potenciar la enseñanza en primaria y en las universidades (incorporando asignaturas en inglés), mejorar el rol de las escuelas oficiales de idiomas y, ante todo, desterrar la idea de que aprender un idioma es algo sencillo”.

Porque las fórmulas mágicas, “el aprender sin esfuezo”, son un fraude. Especialmente con una lengua cuya gramática es sencilla al principio pero se complica a medida que se avanza. Un idioma que posee muchas variantes (británico, americano, australiano…), un vocabulario riquísimo y en constante expansión, miles de expresiones idiomáticas y, para muchos, palabras sencillamente impronunciables.

Aunque, como explica Maggie Hawes, “La pronunciación puede solucionarse. Yo creo que el mayor hándicap que tienen los españoles con el inglés es el sentido del ridículo, aunque va disminuyendo poco a poco. Además, los latinos son unos grandes comunicadores, lo que es muy positivo”.

En lo que respecta al precio, los costes de los cursos de inglés son muy variables: de los veinte a treinta euros por hora que pueden costar unas clases particulares a los diez a quince euros por hora de las entidades privadas hasta los cinco euros por hora en las escuelas oficiales de Idiomas.

Lo cierto es que si hay motivación y esfuerzo, el inglés puede aprenderse. Hoy, además, hay más herramientas a nuestro alcance: más hablantes nativos viviendo en España, productos diseñados para su aprendizaje (como la revista Speak Up, que se publica desde hace 20 años), la oportunidad de tener el sistema dual en casa y de sintonizar programas en esta lengua gracias a la parabólica (aunque en la nueva programación infantil de TVE los lunnis hablarán inglés); de leerlo (porque, leer, en cualquier idioma, es fundamental) y de oirlo a través de internet o en los cines que ofrecen versión original. Y es que escuchar, como ya se ha mencionado, es esencial. Prueba de ello es que, más de una vez, los periodistas de la BBC se han topado con excelentes hablantes de inglés en las estepas rusas o en las selvas africanas: autodidactas con impecable acento británico que lo aprendieron, dicccionario en mano, escuchando el canal internacional de esta radio pública.//

 LA LENGUA GLOBAL.

 Aunque hay más hablantes nativos de mandarín y de castellano, el inglés está considerado como la lengua de la globalización. Las causas de este estatus mundial no tienen nada que ver con el número de personas que lo que lo hablan como primera lengua, sino con la cantidad de personas que lo utilizan. Y hoy, se calcula que un cuarto de la población del planeta se puede comunicar en inglés y que un billón lo aprende.

El profesor David Crystal, un lingüista galés que se dedica tanto a estudiar el poder del inglés como la indefensión de las lenguas minoritarias, considera que el inglés ya ha conseguido estar presente en todo el mundo: no sólo es la lengua nativa de unos 400 millones de personas, sino que es el segundo idioma en más de 70 naciones (como India, Nigeria y Singapur) y en la mayor parte de países restantes se ha convertido en el primer idioma extranjero que se enseña.

Además, asegura Crystal, el inglés se ha erigido como lengua de las finanzas, la política internacional, la prensa, la ciencia, el entretenimiento y las nuevas tecnologías. De momento, y tal y como se plantean las cosas, no parece haber otro lenguaje que pueda hacerle sombra al idioma del actual Imperio. “De todos modos”, señala Crystal, “nada es predecible en el mundo del lenguaje. ¿Quien hubiera imaginado, hace mil años, que hoy casi nadie hablaría latín?”.

 

 

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