PORNO PRECOZ: una anormalidad que se puede prevenir.

Los niños están viendo pornografía a partir de los… 9 años. Es debido, en gran parte, a internet, donde reina a sus anchas. Esta exposición prematura acarrea serias consecuencias para el equilibrio emocional, mental y sexual de los hijos. ¿Se puede prevenir? De todo ello hablo en este artículo en la sección de Parenting de La Vanguardia Magazine. Os lo comparto también a continuación:


“Veía muchísimo porno. Empecé con once años. Pensaba que así funcionaba el sexo. Con catorce años, miraba porno violento; destrozó mi cerebro”. Quien se expresa con esta contundencia es la cantante Billie Eilish, un ídolo adolescente que ha sido precoz en muchas cosas: en componer canciones, en vender millones de discos y en ganar premios Grammy. Sin embargo, su precocidad con la pornografía no es tan anormal. Como revela la guía Tenemos que hablar de porno, de Save The Children España: “La mayor parte de investigaciones y los testimonios de muchas familias alertan de que los primeros contactos con la pornografía empiezan en torno a los nueve y once años”.

Y, en la mayoría de los casos, estos primeros contactos llegan a través de internet, donde la pornografía reina a sus anchas. Al teclear “Billie Eilish porno”, por ejemplo, Google nos dirige, diligentemente, a dos webs dedicadas a estos contenidos, situadas en los dos primeros lugares de la lista. En el tercero aparece la noticia de La Vanguardia con las declaraciones de la cantante sobre cómo le afectó esta exposición temprana a la pornografía: Eilish revela que dañó su vida sexual y le provocó problemas mentales.

Según el informe de Save The Children los menores acceden por primera vez al porno por casualidad. En estas edades tempranas: “No suele tratarse de búsquedas deliberadas ni tienen un componente esencialmente erótico, es decir; para despertar o incrementar el deseo, como sucederá en la adolescencia”. Aunque esto último también puede ocurrir de forma precoz. Lo sabe muy bien una abuela barcelonesa a quien su nieta, de doce años, le explicó que “necesitaba ver porno porque si no, no se corría cuando se masturbaba”. La abuela se quedó horrorizada, como en su día se quedó la madre de Billie Eilish cuando su hija le contó su experiencia.

Por lo menos, ambas niñas fueron sinceras, algo infrecuente con unos contenidos que, pese a su ubicuidad, son consumidos de forma clandestina. Uno de los problemas del consumo de porno entre menores es que a la mayoría de padres y madres no se les pasa por la cabeza que sus criaturas puedan estar viéndolo. 

Por ello, como cuenta la psicóloga infantil Núria Casanovas, a menudo se descubre cuando los menores van a consulta por otros problemas: “Aunque la adicción al porno es un problema recurrente, cuando los niños o adolescentes vienen a consulta no es debido a ello. Esta dependencia se detecta porque algunos son mucho más vulnerables al acoso sexual en las redes, han publicado fotos que no eran adecuadas o alguien los ha manipulado”, explica esta experta, presidenta del Consell social del Col•legi Oficial de Psicologia de Catalunya.

Que el consumo de porno en la edad adulta sea o no recomendable sería otro tema, pero lo que está clarísimo es que, a edades tan tempranas, esta exposición es nociva. Los contenidos pornográficos, como corrobora la psicóloga Núria Casanovas, afectan a los menores: “Pueden comportar consecuencias emocionales, sexuales e, incluso, neuronales, porque el cerebro se está formando y puede haber un daño neuronal”. Las imágenes, a menudo perturbadores, violentas y difíciles de asumir serían como un golpe en la psique infantil. ¿Dejan una marca, entonces?: “Sí, es como un traumatismo”, asegura.

El consumo de pornografía también puede resultar en una adicción precoz. “Porque una cosa es ‘yo voy porque quiero’ y otra, ‘porque algo me lleva’”, dice Casanovas. Y está sucediendo. Hay niños y adolescentes, explica, que van de una manera compulsiva al porno sin saber ni el porqué: “Como cuenta Billie Eilish, aunque saben que son contenidos dañinos, no pueden dejar de mirarlos: es como una compensación a un malestar, algo para calmar un sentimiento de ansiedad, porque no encuentran alternativas”.

Núria Casanovas matiza que no todo el mundo que ve pornografía se vuelve adicto: “Aunque estos contenidos pueden descolocar al adolescente y abocarlo a más conductas de riesgo u otras adicciones”, advierte.

En el informe Basically… porn is everywhere (Basicamente, el porno está en todas partes), encargado por el Defensor del Menor en el Reino Unido, se ratifica que la pornografía afecta a las conductas sexuales de niños y adolescentes. Las autoras de estudio —en su día pionero y realizado conjuntamente en cuatro universidades—, no se andan con rodeos. Entre otros, llegan a la conclusión que esta exposición prematura: “Está vinculada a actitudes inadecuadas sobre las relaciones afectivas, a actitudes sexuales más permisivas, a una mayor aceptación al sexo casual y a ideas de que las mujeres son objetos y que el hombre ejerce el dominio sexual”.

Tampoco se tienen dudas de que este consumo precoz está vinculado a prácticas de riesgo por parte de los menores (como “sexo anal y oral sin protección y el uso de drogas y alcohol”). Sin olvidar el Sexting, la autoproducción y difusión de textos, imágenes o videos digitales con contenidos explícitamente sexuales, que en el estudio se definía como “actividad de riesgo” por sus efectos en las vidas de niños y adolescentes.

¿Cómo se contrarresta un panorama así? Una situación en la que, como se describe en el informe inglés, los menores consumen “imágenes explícitas de sexo y violencia así como de violaciones, bestialismo y el uso del dolor y la humillación”, que están a unos pocos clics.

Por un lado, existen las herramientas de control parental: programas, aplicaciones o buscadores que limitan el acceso a ciertas páginas. Sin embargo, como señalan desde Save the Children, estos tienen una duración determinada: “Y tarde o temprano, tu hija o tu hijo buscará deliberadamente material erótico u otros se lo enseñarán. Por ello, su uso debe formar parte de una estrategia pedagógica”.

Porque para contrarrestar este tsunami la educación ha de ser la herramienta principal: “Una información sexual sana, conectada a las emociones”, insta Núria Casanovas. Un trabajo, reitera la psicóloga, que debería ser constante y no recaer exclusivamente en las familias, sino también en las escuelas y en los responsables de contenidos de las redes. “Que el conocimiento del cuerpo y el respeto al otro fueran una temática. Que esto sea un tabú, nos perjudica”, resume. 

La educación, de nuevo, es clave. Porque, como insisten desde Save the Children: “Los controles parentales pueden evitar el problema temporalmente, pero en ningún caso sustituyen a una educación sexual integral que enseñará a desarrollar una actitud crítica, que les acompañe toda su vida”.//

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