NEPOTISMO: ¿AYUDA A LOS HIJOS O FAVORITISMO DESCARADO?

El nepotismo, el trato a favor a un familiar, está muy arraigado en la sociedad. De hecho, en el siglo XXI, campa a sus anchas, hasta el punto que, en general, se ve como algo normal. En parte, porque es ubicuo: está presente en la empresa, la política, la cultura, el espectáculo, la moda y la universidad y en profesiones como el periodismo, la abogacía o la medicina, donde las sagas familiares son habituales.

Nepotismo y corrupción están muy relacionados pero… ¿No es lo normal echar una mano a los hijos, si se puede? ¿Qué hay de malo en favorecer a la sangre de tu sangre? Son cuestiones que implican una reflexión moral y por eso escribí este artículo en mi sección de Parenting del Magazine de La Vanguardia. Os comparto el link y a continuación, el artículo.

En la actualidad, una de las caras mas visibles del nepotismo está en Hollywood. Basta hojear una revista, zapear por televisión o navegar por las redes sociales para toparse con la versión más glamurosa de esta práctica de favorecer a un familiar: allí están los hijos actores de los actores o directores. De las tres hijas de Meryl Streep a la joven Maya Hawke (hija de Uma Thurman y Ethan Hawke), pasando por Lili-Rose Depp (Johnny Depp y Vanessa Paradis), Jaden Smith (Will Smith), Zosia Mamet (David Mamet), Dylan Penn (Sean Penn) y Dakota Johnson (Melanie Griffith y Don Johnson). Son tantos que desalentarían a cualquier aspirante que no tengan un pariente con conexiones en el cine

Las tres hijas de la genial Meryl Streep también se dedican al cine; Mammie, la mayor, ha actuado varias veces junto a su madre.

En la moda y el deporte también abundan los hijos de modelos y deportistas. Sin olvidar los hijos de famosos, que perpetúan la fama de sus progenitores en las páginas couché y los programas de televisión.

El término nepotismo tiene sus orígenes en la palabra latina nepos, por sobrino o nieto. Sin embargo, la etimología más correcta es la que nos lleva a la palabra italiana «nepote», referida a cualquier miembro de una familia. De ahí surge, entre los siglos XIV y XV, el concepto de “nepotismo”, que se utilizaba para describir la práctica corrupta de los papas de colocar a sus parientes en el Vaticano. Los susodichos “nepotes” solían ser los hijos ilegítimos de los pontífices.

«Las hijas de» también abundan en el mundo de la moda y las modelos; como el caso de Leni, la hija de Heidi Klum, cuya carrera está siendo dirigida y promocionada por su madre.

El término no ha perdido vigencia, aunque su acepción varía en función del diccionario que se consulte. En el de la Real Academia se define como “la desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos”, mientras que María Moliner lo describe como: “El vicio de la administración pública que consiste en que los personajes den los cargos a sus parientes o que se den los cargos por favor y no por el mérito».

En el Oxford Dictionary este favoritismo no se limita al poder público, el nepotismo es: “Dar una ventaja injusta, en especial, en forma de trabajo, a un miembro de tu familia desde una posición de poder”.

Pero, ¿no es lo natural, el ayudar a los hijos al máximo posible? Si uno tiene un negocio o los contactos: ¿Qué hay de malo en favorecer a la sangre de tu sangre? Son cuestiones que implican una reflexión moral y por eso se las planteo a Norbert Bilbeny, catedrático de ética de la Universidad de Barcelona. De entrada, coincide con que el nepotismo es “una práctica cultural muy arraigada y consentida” en nuestra naturaleza de grupo, “además de una manera de demostrar poder por parte de los padres. Aquello de: ‘Ya los tengo a todos colocados…’ Es la empresa feudal, es ‘mi reino’ con mis príncipes e infantes”. Y sí, también tendría su versión institucionalizada en el sistema monárquico que para este ensayista: “Es un nepotismo en su versión dinástica”.

El nepotismo, añade Bilbeny, es tanto cultural como biológico: “Tiene mucho que ver con la conducta de nuestra especie que, como la de otros mamíferos, es la de proteger a nuestras crías por encima de las de los otros. Pero también es cultural, porque depende de las tradiciones y los usos de cada comunidad”. Por ejemplo, sería lógico que, en sociedades más igualitarias, el nepotismo fuera menos habitual, ya que si hay más igualdad de oportunidades no hace falta estar tan pendiente ni favorecer tanto a la prole.

El nepotismo, añade Bilbeny, no es específico de clases altas: “Se nota más en estos sectores porque hay más recursos para transmitir, pero creo que es un fenómeno interclasista”. Se heredan tanto grandes fábricas como tiendas del barrio, lo que ocurre es que casos como el de Marta Ortega —hija del dueño de Inditex y que en abril se convertirá en presidenta de la empresa que fundó su padre—, son mucho más llamativos que el del hijo del tendero. Pero en ambos casos, la lógica de los padres, al ceder el testigo del negocio o mover sus contactos para «colocarlos», es la misma: ayudar a los hijos.

Marta Ortega Pérez, hija del fundador de ZARA, ha sido designada por su padre presidenta de la multimillonaria empresa.

Entonces: ¿Por qué tiene tan mala fama el nepotismo? ¿No es un impulso generoso? “Contiene un elemento de generosidad, sí”, responde Bilbeny, “pero también de exposición al riesgo a los que estás ayudando, porque les restas motivación y esfuerzo; la posibilidad de desarrollar sus capacidades”, reflexiona. Esta sería una de las toxicidades de esta práctica. La otra, el hecho que el nepotismo atente contra la meritocracia, provocando: “Un efecto global de discriminación, ya que no se tienen en cuenta las capacidades de aquellos que son perjudicados a causa de este trato de favor”.

En teoría, este trato a favor no está permitido en el ámbito público, donde ha reinado sin complejos durante siglos: “En España hubo un caso clarísimo de nepotismo con Ramón Serrano Suñer, el cuñado de Franco, que fue el segundo del Estado… Aquí hay una tradición de cuñadismo y de hermanismo que es obvia”, explica Bilbeny. 

Hoy estas prácticas acarrean problemas: “Porque en el ámbito público es ilegal y, además, está considerado una ‘mala práctica’, algo inmoral, ya que no se puede ser juez y parte a la hora de nombrar o contratar a alguien”. Bilbeny es tajante: “En una democracia que valore la ética el nepotismo representa una discriminación y un principio de lesión de los méritos para concurrir a un cargo público. Perjudica el prestigio y la credibilidad de las instituciones”.

Un ejemplo reciente de nepotismo en altas esferas: el ejercido por el ex presidente Donald Trump hacia su hija Ivanka y su yerno, Jared Kuschner, que no estaban en absoluto preparados para ejercer los cargos que su respectivo padre y suegro les concedió en su gobierno.

El nepotismo en política hoy está muy mal visto. Sin embargo, en otros ámbitos (como la moda, la cultura y el espectáculo) no solo parece ser aceptado, sino admirado. Parece encantar que el hijo de o la hija de decidan dedicarse exactamente a lo mismo que sus padres y no tengan ningún problema en conseguir su primer papel protagonista o su primera columna de opinión, presenten programas de televisión o consigan contratos millonarios con firmas cosméticas. 

El ensayista Adam Bellow, que ha analizado en profundidad este tema, habla de un “nuevo nepotismo”, más discreto, en el que son los hijos los que siguen los pasos de los padres, por iniciativa propia. Entonces, como escribe: “El fenómeno sucesorio implica, en apariencia, menos nepotismo por parte de los progenitores y más oportunismo por parte de los hijos”.

Para Bellow (hijo, por cierto, de Saul Bellow, premio Nobel de Literatura), el nepotismo no es por sí algo negativo. De hecho, su ensayo se titula In praise of Nepotism (En alabanza del nepotismo) y en sus páginas reivindica que esta práctica radica “en los vínculos entre padres e hijos y en la transmisión de los legados familiares”. Para él, representa un ciclo de generosidad y gratitud que teje la sociedad. Y debido a que no va a desaparecer, lo que sugiere es hablar de él sin complejos y “tratarlo como un arte, que se puede practicar bien o mal”.

Pero, asegura Norbert Bilbeny, el nepotismo no puede ser bueno: “Desde un punto de vista ético solo estaría justificado cuando al lado de esos favorecidos ha habido otros que han podido ejercer su derecho a disputarse esa oportunidad”. Y, por supuesto, que el familiar elegido tenga las capacidades y los méritos requeridos para ocupar este lugar. “Si esto es así, es menos criticable moralmente, pero el nepotismo, como tal, es una práctica que no es ética y, además, ilegal en el sector público”.

«Padre trabajador, hijo vividor, nieto mendigo». «El padre la crea, el hijo la mantiene, el nieto la cierra»… Otro clásico dentro del nepotismo es que la persona favorecida no reúna las capacidades para ejercer el poder que se le ha otorgado. No siempre es así, es cierto, pero abundan los ejemplos. Por ello, como señala Bilbeny: “Creo que hay también motivos estéticos, de prestigio social de la empresa”, para evitar esta práctica. 

Además, no siempre es lo más adecuado darles todo a los hijos. “La mejor manera de ayudarlos no es darles el pez, sino la caña”, aconseja. “Incentivarles a espabilar. Decirles que los protegeremos y que siempre que nos necesiten, estaremos, pero que se han de buscar la vida por ellos mismos”. Lo ideal es criar hijos autónomos, no dependientes.//

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: