Son las hormonas, estúpido.

Plagiando la frase que se hizo famosa en tiempos de Bill Clinton os comparto un artículo mío sobre la influencia de las hormonas en la crianza. En tiempos en los que muchas madres alcanzamos la menopausia con hijos en la flor de la adolescencia (una paradoja de la que no se habla lo suficiente) creo que será de utilidad.

Porque las hormonas marcan nuestra vida. Ahora que está tan de moda hablar de emociones os puedo decir que son muy responsables de nuestros estados de ánimo —de la desazón absoluta al bienestar completo— y de esos deseos «inexplicables» que surgen en la vida: como el enamoramiento repentino o el deseo de tener un hijo a toda costa.

De todo ello hablo con una experta en el tema; le endocrina Clotilde Vázquez, autora del libro Con hormonas y a lo loco.

Comparto aquí el tema en el link, de la web de La Vanguardia y, más adelante, el texto:

Designada en 2019 como la mejor endocrina de España, a la doctora Clotilde Vázquez le gusta reír. Lo compruebo a lo largo de la entrevista, con motivo de la publicación de su libro, Con hormonas y a lo loco (Vergara). Sin embargo, esta doctora en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid se toma muy en serio el universo de las hormonas y sus efectos —en las mujeres, especialmente— a lo largo de la vida. Porque las hormonas: “El producto de secreción de ciertas glándulas que excitan, inhiben o regulan la actividad de otros órganos o sistema de órganos”, como las define la RAE, son clave para el bienestar.

Su rol también es crucial durante la maternidad: influyen en el deseo de tener hijos y son fundamentales durante el embarazo, el parto, el posparto y en la crianza. Esta etapa tiene uno de sus puntos culminantes con el estallido hormonal de los hijos adolescentes cuando, paradójicamente, cada vez más madres entran en la menopausia. A este periodo clave de la vida de las mujeres está dedicado el libro de la doctora Vázquez, un referente en la cuestión.

 Empecemos por el principio: con el deseo de ser madre. Muchas lo definen como algo “inexplicable”, que les asalta, de repente, un día… ¿Intervienen las hormonas en este deseo?

Para lanzarse hacia la maternidad hay un condicionante cultural, por supuesto, pero también hay un componente biológico. Y, aunque aún no está muy estudiado lo que te impulsa a nivel biológico, sabemos que a medida que el ovario va madurando y llega a su plenitud (es decir, la secreción de progesterona y de estrógenos es buena), aumenta ese sentido maternal. Desde luego, en los animales sí se ve claro.

 El embarazo implica cambios hormonales importantísimos: ¿cómo influyen en este estado?

La gran protagonista en el embarazo es la progesterona, hormona que hace que al principio del embarazo tengamos más náuseas, por ejemplo, pero que tiene una parte muy buena, que es que da un estado de bienestar, de sueño, de apacibilidad… Después del parto, la progesterona baja pero si hay lactancia materna, el relevo lo toma la oxcitocina, que es una hormona maravillosa. Por eso la lactancia, cuando va bien, es tan placentera.

— De hecho, hay mujeres que aseguran que tienen orgasmos al dar el pecho. ¿Puede ser?

Sí, sí, en los orgasmos naturales, sexuales, hay un piquito de oxcitocina. Y, efectivamente, la succión del bebé provoca la síntesis de oxcitocina y produce un placer que puede ser similar al orgasmo: no tan intenso pero más continuado. Hay mujeres que te lo cuentan como algo maravilloso y yo creo que esa sensación está vinculada también a ese enganche de lactancias muy prolongadas, que a veces distorsionan la vida de pareja. ¡Pero es que la mujer ahí encuentra mucha felicidad!

— Hoy existe un culto, casi, hacia la lactancia. ¿Qué pasa si no funciona? ¿Cómo se reemplaza esa oxcitocina?

Con toda tranquilidad, dándole un biberón y sintiéndose bien por ello. Creo que es fundamental desculpabilizar a las mujeres que no pueden o que no quieren dar el pecho, pero hay un talibanismo brutal con este tema. Y es verdad que la lactancia natural es lo mejor, pero se puede criar un niño perfectamente sano y feliz con biberón. 

 

— Las hormonas ¿juegan un papel clave en los tratamientos de fertilidad?

Sí, para estimular primero y mantener, después, la ovulación, se dan muchísimas hormonas, por lo que la mujer se encuentra en una hipersensibilidad tremenda. La mayoría se hinchan, tienen unas sensaciones rarísimas y algunas se encuentran muy mal. Tener un hijo es un deseo de dos pero la que lo sufre es la mujer.

— En el parto, las hormonas también juegan un papel importantísimo…

Sí, aquí la oxcitocina es fundamental para que se inicie, y en muchas ocasiones, cuando el bebé se retrasa, se les dice que se estimulen ellas o con su pareja, para que se genere oxcitocina. A veces, el parto se tiene que inducir pero lo que se pone es un preparado de esta hormona.

 La depresión posparto ¿está vinculada a unos bruscos cambios hormonales?

A veces, antes de que acabe la cuarentena, ha habido tal descenso de hormonas que provoca que, en mujeres que tienen una mayor sensibilidad a esa bajada hormonal, pueda haber un periodo de tristeza. Pero si este se agrava o si se está predispuesta genéticamente (mujeres que han tenido depresiones posparto graves cuentan que sus madres también las tuvieron), hay que pedir ayuda. De todos modos, aún no teniendo una depresión, este es un periodo en el que la mujer necesita apoyo, porque después de haber estado en este ambiente hormonal tan fantástico, te puedes sentir extraña, sin energía. Hasta que empiezan la ovulación o la lactancia y se produce suficiente oxcitocina, puede ser durísimo.

— Una experiencia de este tipo puede marcar una crianza: ¿Dónde estaría el límite entre la normalidad y la depresión posparto?

Yo he conocido mujeres que se pasan el día llorando y reciben respuestas tipo «pero con esta monada de bebé, ¿cómo puedes estar así?» Hay que pensar que es normal estar cansada pero, en cuanto la mujer note que no tiene energía, que no puede con la situación y que no quiere ver a nadie o está llorando todo el día… Eso es una bandera roja y, antes de que pase un minuto más, hay que consultar. Y poner tratamiento.

— Menciona la palabra energía: ¿qué influencia tienen las hormonas en ella?

Un equilibrio hormonal es fundamental para tenerla. En la menopausia, entre las mujeres que tienen un descenso más brusco de los estrógenos, se padece de un cansancio e insomnio extremos. La situación premenstrual también provoca que muchas mujeres noten una falta de energía, de impulso, aparte de la tristeza y la irritabilidad, que pueden ser máximas.

— ¿Existe el síndrome premenstrual? ¿No es un invento del patriarcado?

Sí, existe, y lo más inteligente es saberlo y conocerlo y ver qué cosas te lo pueden aliviar para vivir mejor. Ahora, es verdad que se utiliza como arma contra las mujeres.

 Después de la maternidad, parece que las hormonas nos dan una tregua ¿es así?

En líneas generales, entre los treinta y los cuarenta y largos años —hasta los cincuenta, incluso—, hay un periodo de madurez ovárica bastante estable. Dentro de que cada 28 días las hormonas suben y bajan: esos días antes de la regla en los que no soportas a tus hijos a tu pareja, al mundo en general… En fase premenstrual, mides los estrógenos y ves que tienes 20 microgramos mientras que, en el pico, hay 600, 800… La normalidad es una cierta montaña rusa hormonal y fíjate en el poder que tendrá esto en nuestras vidas.

 «Estaba bien hasta la menopausia»: ¿se lo oye decir a muchas pacientes?

Yo tuve una menopausia bastante precoz y tuve la suerte que me la traté, sin discusión, pero cuando empiezas a oír mujeres que te repiten: ‘Estaba bien hasta la menopausia’… te das cuenta de que es un momento catastrófico para la mujer en el que hay mucha desorientación. La menopausia es un proceso biológico en el que el ovario deja de liberar óvulos y se produce una cantidad menor de estrógeno y progesterona. En casos, de forma fulminante. Es como si tuvieras un hipotiroidismo brusco: de repente tu tiroides, cero. Pero te dicen que ‘hay que aguantar’ y… ¡no! Hay que tratarla porqué te afecta para el resto de tu vida, que ahora es muy larga.

— La menopausia también marca, la vida familiar, de pareja, en el trabajo…

En todo. Aparte de insomnio, sofocos, migrañas, cambios emocionales y de peso, cansancio, tampoco hay libido. Pero en los hombres, salvo que sufran una enfermedad, el declive es más tardío y paulatino. Su producción de testosterona, por ejemplo, va bajando a partir de los 65-70 años. Mientras que muchas mujeres, sencillamente, ‘no pueden vivir’, te lo dicen así.

— ¿Cómo se soluciona?

En mi libro detallo las soluciones que existen, la principal, el tratamiento hormonal. Como yo digo, con cuarto y mitad de estrógenos se hace un cambio radical (ríe). ¡Es increíble! Porque la menopausia, como dice la doctora Casquet en el prólogo del libro, no es falta de autoestima ni el síndrome del nido vacío: la menopausia es que no tienes estrógenos y punto.

— Debido a que la maternidad se retrasa, hoy lo habitual no es ‘el nido vacío’ sino la madre menopáusica y los hijos híper adolescentes, atacados por un exceso de hormonas: ¿cómo lidiar con esta paradoja?

Lo que más ayuda a atenuar esos brotes brutales que tienen los chavales (sí, son brotes) es el deporte, la actividad física. Para subir endorfinas y gastar energía, porque ese exceso de testosterona en lo chicos y de estrógenos, en general, de las chicas, provoca que tengan energía de sobra. Mientras que las madres, las mujeres, tienen que pedir ayuda para equilibrarse, porque ellas sufren lo contrario: un bajón de hormonas.

— ¿Por qué hay recelos sobre la terapia hormonal sustitutiva?

Porqué ha habido mucha desinformación y dos trabajos sesgados que han hecho mucho daño, que la relacionaban con el cáncer de mama. Pero te juro que me he leído la letra pequeña de todos estos estudios y te aseguro la terapia hormonal ni previene ni aumenta el riesgo a sufrir cáncer de mama. Y, aunque hay muchísimo cáncer de este tipo, a partir de los 50 años las mujeres mueren, sobre todo, de infarto: y ese riesgo sí que aumenta mucho por el déficit de estrógenos que ocurre en la menopausia.//

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