Cómo criar hijos que no sean gilipollas.

Esta es, literalmente, la premisa del libro de la periodista neoyorquina Melinda Wenner que se titula: ‘Cómo criar hijos y que no salgan imbéciles’ (Kitsune books). Se planteó esta cuestión a partir del entorno político y social que vive en su país, plagado de malos ejemplos.

Hablé con ella para mi sección de Parenting en el Magazine de La Vanguardia. Os comparto el link y, más adelante, la entrevista.

MADRE DE DOS HIJOS PEQUEÑOS, a la periodista neoyorquina Melinda Wenner Moyer le preocupaba cómo iba a afectar a su prole el entorno socio-político en el que estaban creciendo, en plena era Trump. De esta inquietud surgió un curioso libro, que en inglés se titula How to Raise Kids Who Aren’t Assholes (Penguin). Aquí entran los matices de la traducción: como calificativo, asshole, en castellano, equivale a gilipollas mamón. Pero también puede traducirse como necio, estúpido o, simplemente, imbécil. 

Sea como sea, la intención de Wenner es ayudar a los padres a evitar que los hijos se comporten como tales y a criar hijos amables y respetuosos. Conceptos que, reconoce, están algo pasados de moda. Para ello, esta periodista especializada en ciencia y colaboradora de medios como The New York Times, ha echado mano de un extensa bibliografía científica, ha entrevistado a docenas de expertos y ha trufado la receta con su experiencia como madre. El resultado es un libro riguroso y ameno, que se editará en España en marzo, de la mano de Kitsune Books. El Magazine Lifestyle conversó con la autora.

Su libro es tan útil como provocador. ¿De dónde surge la idea?

Fue hace unos tres años, empecé a preocuparme por los mensajes que mis hijos recibían del mundo, porque en Estados Unidos hemos tenido unos líderes que no se han comportado siempre de una forma respetuosa con el prójimo. Había mucha polarización y mucha gente estaba haciendo y diciendo cosas desagradables: me preocupó lo que mis hijos iban a aprender de este entorno, y me pregunté: ¿Qué puedo hacer para asegurarme que crezcan para convertirse en seres humanos buenos? Como soy una periodista científica, pensé que debía de haber ciencia que avalara esta pregunta y descubrí que existen muchísimas investigaciones sobre este tema. Y que muchas no habían sido traducidas para una audiencia no especializada. Así que me puse manos a la obra. Esta es la intención de mi libro: dar a conocer toda esa información y espero, ayudar a los padres.

— «Los niños están recibiendo el mensaje que ser egoísta, ofensivo y cruel está bien», escribe. ¿Fueron Donald Trump y su entorno la única inspiración? ¿O había otros personajes?

Bueno, ciertamente Trump y su entorno han sido un resorte claro, pero no el único. En mi país han habido comportamientos deleznables de personajes públicos: declaraciones y burlas machistas, racistas… También me di cuenta de que las tasas de bullying, de acoso escolar, han aumentado en los últimos años. Y los crímenes de odio. Todo eso me inspiró a escribir el libro.

— Hoy a los padres les preocupa muchísimo el futuro de su prole y las habilidades a adquirir durante la infancia. Sin embargo, como usted dice: la bondad, la amabilidad, no son prioridades. ¿Cómo lo explica?

Creo que los padres tienen la idea de que si ellos son amables y buenas personas, no es necesario tratar estas habilidades en familia. Por ejemplo: si yo me comporto bien con mi hijo, no hará falta que hable con él de acoso escolar, porque nunca será un acosador. Por un lado, existe la idea de que la bondad aparecerá de forma natural pero, por otro, existe la idea de que no es demasiado importante. Que educar a tus hijos en la bondad puede ser una desventaja: que no serán ni tan exitosos ni tan poderosos como otros, porque pueden pisarlos, se pueden aprovechar de ellos. Es una idea muy extendida y desafortunada.

— Y errónea: de hecho, usted derriba esta noción con datos…

Sí, por supuesto, los datos científicos demuestran que la bondad y la compasión te hacen una persona más exitosa en la vida. Hay muchas evidencias que contrarrestan la idea de que para triunfar has de ser una persona terrible. Aunque tengo que decir que hay muchos ejemplos de personas horribles que son muy exitosas, como Trump. De todos modos, creo que todo llega, también a él.

La autora, la periodista Melinda Wenner Moyer

— Usted vive en un país con un ambiente muy competitivo respecto a la crianza de los hijos: ¿A más competición hay más posibilidades de que los hijos se críen como gilipollas?

Creo que, indirectamente, este relación puede darse: en parte porque este tipo de crianza, competitiva, prioriza siempre los logros, los éxitos, las victorias… Y se ponen estos conceptos por encima de otros valores y otras prioridades. Si lo que dices constantemente a tus hijos es que lo que importa, por encima de todo, es que triunfes, entonces no les estamos instando otros aspectos importantes, como el ser una buena persona o ser alguien compasivo.

— Hoy parece que para ser buenos padres hemos de hacer cualquier cosa por proteger a nuestros hijos; sin importar lo que los hijos hayan hecho. ¿Los padres, han de hacer cualquier cosa por los hijos, aunque perjudique a un tercero?

En Estados Unidos existe una tendencia a la llamada «crianza helicóptero», en la que los padres rescatan a sus hijos de cualquier tipo de problema. Creo que es algo contraproductivo porque los retos, los fracasos y los desengaños son parte de la vida y tenemos que darles a nuestros hijos herramientas para poder lidiar con ellos, no socorrerlos siempre. Creo que hemos de normalizar lo que significa tener una desilusión, un revés, un fracaso… Al experimentarlos y superarlos, los hijos aprenden nuevas habilidades. En mi libro hablo mucho del desarrollo cerebral y este está también vinculado a estas experiencias de superación: los niños que aceptan retos, trabajan más duro y tienen más resiliencia, funcionan mejor.

— Uno de los modos más claros de ser un necio durante la infancia es ser un acosador. Pese a que es una cuestión que cada vez se toma muy en serio; el bullying persiste. ¿Por qué cree que sucede?

Los niños aprenden de las conductas de los adultos y, de nuevo, creo que la conducta de gente como Trump —que, en cierto modo, ha normalizado el bullying—, influye en la conducta general. Les dice a los niños que estas actitudes son normales, que son parte de la forma en la que los poderosos se comportan. Pero además, cuando analizas toda la bibliografía que hay sobre el bullying, ves que existe una confusión sobre este tema: esta idea fija de que el acosador es un tipo de persona muy específico, que sabe perfectamente lo que hace. Y no es así. Aunque este tipo de matón existe, hay todo un espectro: hay niños que son acosadores ocasionales o son acosados un día y luego acosan ellos otro.

— No es todo blanco o negro…

No. Por esto, a menudo, los padres nunca piensan que sus hijos también pueden ser acosadores: de hecho, los datos indican que la mayoría de padres ni consideran la posibilidad de que sus hijos puedan serlo. Acosados, sí, pero acosadores, no. ¡Y no abordan del tema con ellos! Por ello, hay niños que acosan porque no entienden o no reconocen que lo que hacen no está bien, que hacen daño. Así que, cuanto más hablemos como padres del tema, mejor. Es la forma colectiva de contrarrestar el bullying.

— Dicen que el amor es ciego pero, ¿por qué es tan difícil ver a nuestros hijos de forma clara?

¡Es una gran pregunta! (ríe) Es verdad que al convertirnos en padres entramos en esta fase de mentalidad mamá oso y solo queremos protegerlos. Es un instinto bastante natural, el de pensar que tus hijos no pueden hacer nada malo. Y es bueno, constructivo, pero tenemos que darnos cuenta de que nuestros hijos pueden cometer errores. Sus cerebros son muy diferentes a los de los adultos y no tienen habilidades como la teoría de la mente: la capacidad de atribuir pensamientos e intenciones a otras personas. Como padres, tenemos que hacer es lo posible para construir esas habilidades. Enseñarles que somos parte de una comunidad.

Edición americana del libro, que en español publicará la editorial Kitsune Books.

— En su libro da pistas para educar hijos que no sean machistas ni racistas: en estas dos cuestiones clave: ¿Es suficiente la labor de la familia?

Es difícil, porque los niños reciben un auténtico bombardeo de mensajes sexistas y racistas de sus culturas. Pero, precisamente por eso, es importante que tengamos conversaciones regulares con nuestros hijos sobre estos temas. Que no dejemos pasar estos mensajes y les hagamos preguntas (¿Qué ha pasado aquí? ¿Os parece justo?). Es importantísimo que sepan reconocer estos estereotipos, estos prejuicios.

— Ha investigado muchísimo pero, si tuviera que escoger dos herramientas para educar bien, ¿cuáles serían?

Hay dos que durante todo el proceso de documentación y escritura surgían constantemente: una es permitir a nuestros hijos que sientan, que tengan emociones. Aunque sean malas. Y hablar de ellas. El saber reconocer tus emociones es una de las bases para la teoría de la mente, para practicar la empatía y ser capaz de entender cómo lo que haces afecta a los otros.

— ¿Y la segunda?

La otra herramienta clave es conversar con tus hijos sobre temas difíciles, como el racismo, el sexismo, la pornografía, el acoso escolar… Son cuestiones que muchos padres prefieren no abordar —por miedo, entre otros, a que los hijos pierdan la inocencia—, pero los datos demuestran que se pueden hablar de los grandes temas desde que son muy pequeños y que es importante que lo hagamos.

— ¿Hay niños que son gilipollas sin remedio?

Como le comentaba, los cerebros de los niños son muy diferentes del nuestro: carecen de control inhibitorio, de capacidad de planificación y, a veces, de pensamiento racional. En consecuencia, nuestros hijos van a tomar decisiones o hacer cosas que nos parecerán erróneas o de mala educación; van a actuar como gilipollas. Pero es que todavía les falta aprender algunas habilidades, algunas costumbres de lo que nosotros entendemos por buena conducta. Eso no es innato, se aprende. Y por supuesto, hay otras influencias; la bioquímica, los neurotransmisores… Así que es normal para los niños actuar como idiotas, en ocasiones, y algunos necesitan más tiempo que otros para aprender a dejar de serlo.//

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