DESPISTES CON RIESGO

DESPISTES. MÁS ALLÁ DE LA ANÉCDOTA

Los despistes son esas distracciones, errores y fallos cotidianos con consecuencias en general anecdóticas. Pero también pueden ser causa de situaciones muy serias, como accidentes de tráfico y olvidos con consecuencias trágicas. Prevenirlos es posible. Texto de E.M.

Publicado en MAGAZINE LA VANGUARDIA, julio 2009 DESPISTES pdf

Ser despistado es un defecto confesable, incluso para los que olvidan constantemente las citas, pierden las llaves o tras mucho buscar, encuentran las gafas en el lugar más insólito de la casa.  Aunque molestos, los despistes son en general anecdóticos; parte de la vida cotidiana de muchos. Sin embargo, también pueden tener terribles consecuencias.

Ya es habitual que, en especial con la llegada del calor, aparezcan en los medios sucesos con final trágico sobre padres que se olvidan a sus hijos en el coche. En Sevilla, el pasado verano un niño de dos años murió deshidratado tras ser olvidado por su padre en su vehículo durante tres horas a pleno sol. En Olot, otro tremendo despiste provocó la muerte de un bebé colocado por error en un maletero.

Los descuidos con mal final son en especial muy frecuentes en piscinas y playas. Son muchos los casos de niños que se ahogan por un desliz de la atención. Muchos accidentes domésticos (de sartenes que se incendian a explosiones de gas) también tiene como origen una distracción.

Ésta es sin duda la cara más oscura del despiste, un fallo de la memoria que la Real Academia describe concisamente como “distracción, olvido, error”. Pero el neuropsicólogo Daniel Schacter, de la Universidad de Harvard, va más allá. Para él, el despiste es “un lapsus de atención que implica no ser capaz de recordar una información que nunca fue codificada por nuestro cerebro de forma adecuada (si llegó, alguna vez, a ser codificada)”. Añade que el despiste también puede ser esa información que está disponible en la memoria “pero que se puede pasar por alto en el momento en el que la necesitamos”.

Schacter lleva veinte años en investigando los aspectos psicológicos y biológicos de la memoria y la amnesia. Considera que la memoria es tanto una acción de pasado como de futuro y ha jerarquizado el olvido en siete pecados distintos. El resultado es un libro apasionante, “Los siete pecados de la memoria” (ed. Ariel), en el que incluye al despiste como uno de ellos.

Schacter revela que el tener una buenísima memoria no implica el no despistarse. Hay gente con una impresionante capacidad de almacenar datos que no puede recordar dónde ha puesto las llaves. De hecho, Schacter identifica la distractibilidad como un momento de desconexión entre la atención y la memoria. Un momento que se debe a un tercer factor, como puede ser el estrés, la acumulación de tareas o tener un asunto tan importante en la cabeza que, sencillamente, no hay espacio para nada más (un perfil, este último, en el que encaja muy bien la figura del ‘sabio despistado’). “Los despistes”, escribe Schacter “pueden producirse por preocupaciones con otros temas, que hacen que la energía mental sea absorbida por otros canales y se reduzca la efectividad en realizar tareas mundanas, pero necesarias para nuestro día a día.” Así, estos pecados de omisión de la memoria son especialmente pesados para gente muy ocupada.

La rutina es otra causa de los despistes. Los lapsus que pueden dar paso a los despistes son típicos de actividades rutinarias, que no requieren una codificación mental muy elaborada. Conducir, por ejemplo. Una acción que cuando se aprende implica una altísima atención… que decrece a medida que la práctica aumenta. Se llega a operar “en automático”, una actitud que puede implicar equivocaciones en la ruta y también, accidentes. Este ‘piloto automático’ no es el único lapsus peligroso en un coche. Según la Dirección General de Tráfico distracciones como hablar por el móvil, fumar o manipular en marcha aparatos del  vehículo son algunas de las principales causas del 38% de los accidentes de tráfico. El Servicio Catalán de Tránsito acota más la estadística y asegura que las distracciones estuvieron presentes en 20’1% de los accidentes con víctimas graves y mortales en el 2007.

La vida moderna, con una tecnología muy invasiva y mucho estrés, es una efectiva fuente de distracciones. Tras el trágico suceso del coche en Sevilla, el Defensor del Menor de Andalucía aseguró que este hecho ponía de manifiesto que la conciliación de la vida laboral y familiar no está aún resuelta y que cada vez son más los padres con demasiadas cosas en la cabeza y poca calma para el cuidado de los hijos.

Porque es precisamente la tranquilidad, el concentrarse, una de las maneras más efectivas de evitar estos lapsus. Interrupciones cuando se presta atención e informaciones excesivas son recetas perfectas para provocar el despiste. Está comprobado que muchos errores de este tipo son atribuibles a una constante dispersión de la atención, algo habitual en la vida diaria. Esta dispersión puede darse con más frecuencia en la vejez, aunque ello no es necesariamente síntoma de una enfermedad degenerativa.

También en la niñez se dan los despistes: de olvidar hacer los deberes a llevar el equipo de deporte. Su alta frecuencia, sin embargo, puede ser un síntoma del TDAH (el Trastorno por déficit de atención), que tiene tres manifestaciones claras: la hiperactividad, la impulsividad y la dificultad para mantener la atención (que provoca los despistes). Como explica Beatriz Mena, psicopedagoga de la Fundación Adana, en los niños con TDAH, el lenguaje interno -que es el que nos dice qué hacer-, es un lenguaje desorganizado: “Con muchas interferencias que hacen que la conducta no esté bien modulada: por eso vienen despistes, porque llegan disgresiones, los ruidos, que impiden concentrarse”, especifica Mena.

Con la llegada de la edad adulta esta imposibilidad de prestar atención es el síntoma del TDAH que más persiste de los tres. Un síntoma que repercute en especial en la vida laboral; los adultos con TDAH son personas que olvidan con frecuencia reuniones de trabajo, plazos de entrega, etc. Esta distractibilidad, sin embargo, puede ser también una valiosa “pista” para diagnosticar un trastorno que se calcula, afecta al 4% de la población.//

Trucos para evitar despistes.

Todavía no hay píldoras para estimular este campo de la memoria pero para combatir los despistes no hace falta ir a la farmacología. Hay soportes muy eficaces y sin contraindicaciones, empezando por tener un cerebro descansado y alerta.

1. Recordatorios visuales: Notas, listas, imágenes y un cordel en el dedo, entre otros, son herramientas caseras útiles para no despistarse. Pero estas ayudas externas han de cumplir, según el profesor Schacter, dos criterios: ser informativas y actuar en el momento en el que se precisa llevar a cabo la acción. Por ello el cordel en el dedo o el reloj en la otra muñeca no son tan efectivos, ya que aunque cumplen el primer criterio (son visibles, avisan de que hay algo pendiente para hacer), no especifican el qué: es fácil olvidarse qué significaban.

2. Los “Post-its”: esas notas adhesivas amarillas son grandes aliadas contra los despistes. De hecho, Russel Barkley, uno de los máximos estudiosos del TDAH, dice es que los niños con este trastorno deberían ser niños “Post-it”. Lamativas e informativas, cumplen los dos requisitos de Schacter: se ven y dan una información escrita. Todavía más si se colocan en el punto de ejecución (la nota que pone LLAVES en la puerta, por ejemplo).

3. Las nuevas tecnologías. En el mercado existen aparatos que nos avisan de cosas fáciles de olvidar: de planchas con alarmas a dispositivos que nos recuerdan que hay que regar esa plantas. En la cocina, un ambiente en el que los despistes pueden ser fatales, hay robots con alarmas y fogones con sistemas de apagado automático. Móviles, blackberries y iphones también son herramientas que ayudan a recordar. Siempre y cuando, por supuesto, no olvidemos programarlas.

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