A los 17 años, Malala, la precoz activista pro-educación, se ha convertido en la ganadora más joven de los Nobel. No sé si es una buena idea darle un premio tan importante tan pronto, pero Malala tiene tanta cabeza que no creo que le afecte de forma negativa. Aprovechando la noticia, recupero (algo editada) una entrada que publiqué hace unos meses, sobre el contraste entre la educación recibida por Malala y por la hijas de la célebre Madre-tigre americana, Amy Chua. Nada que ver, por cierto… Mientras una estaba todo el día encima de las niñas, para que fueran las mejores en todo lo que ella les dijera, Ziauddin Yousafzai, el padre de Malala, asegura que respetaba y apoyaba a su hija y no tenía aspiraciones muy elaboradas de cara a su futuro…
En una sociedad tan machista como la pakistaní, la actitud de Yousafzai hacia su hija y su campaña por la educación de la niñas son remarcables. Sin embargo, Yousafzai asegura que Malala es más brillante que él («siempre se ha expresado mucho mejor»). Como padre, se siente lógicamente orgulloso de su hija: «Mucha gente hablaba en favor de la educación cuando los talibanes bombardeaban escuelas en el valle de Swat, pero la voz de Malala era como un crescendo. Era la más pequeña, pero su voz era la más grande, porque hablaba por ella misma», asegura.
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