VALIENTES, NO PERFECTAS

Es un eslogan, sí, pero me encanta. Es una buenísima manera de sintetizar dos cuestiones que niñas y adolescentes se están encontrando hoy en día:

1) La exigencia de ser perfectas (especialmente, a nivel físico) y 2) la poca importancia que se le da a una cualidad fundamental para ir por la vida: la valentía.

Reshma Saujani autora del libro Brave, no Perfect, (Valientes, no perfectas: teme menos, falla más y vive más audazmente) asegura que le preocupa “el déficit de valentía””. En esta charla TED que es el origen de su libro, asegura que “nuestra economía, nuestra sociedad, salen perdiendo si no educamos a nuestras niñas para ser valientes”.

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Imagen de la página web de GIRLS WHO CODE, destinada a incentivar el rol de niñas y mujeres en el mundo de la computación. https://girlswhocode.com/

Saujani es abogada, activista y pionera de la iniciativa Girls who Code, cuyo objetivo es aumentar el número de mujeres en las ciencias de la computación.

Cuando lanzó las primeras campañas le sorprendió que, al enseñar a las niñas a escribir código informático, hubiera que hacer un trabajo paralelo en el entrenamiento de la valentía. “Escribir código es un proceso interminable de ensayo y error. A veces, la diferencia entre éxito y fracaso es solo un punto y coma. El código se rompe y se desbarata y, a menudo, requiere de muchos intentos hasta ese momento mágico cuando lo que estás tratando de crear toma vida. Requiere perseverancia. Requiere imperfección”.

Y la imperfección, especialmente entre los más jóvenes (y no solo las mujeres), parece ser algo terrorífico. Ya he comentado alguna vez como uno de los nuevos miedos entre los adolescentes es el miedo a fallar, a equivocarse. Es un miedo azuzado por un constante aluvión de imagenes y testimonios fotoshopeados y maquillados —FALSOS, directamente—, que inundan las redes sociales y de los que nos nutrimos.

 

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Yo ya tengo mis años y nunca me he creído lo que veía o leía en esas revistas cuché donde todos eran “felicísimos” pero se divorciaban cuatro números después. Mi escepticismo también existe en el día a día. Los seres humanos somos poco sinceros y nos cuesta admitir que fallamos, que nos equivocamos, situaciones inherentes a la condición humana.

Si a esta falta de honestidad le añadimos el bombardeo de “perfección” que asalta a nuestros jóvenes en su día a día digital, se entiende que el fallar sea considerado uno de los mayores fracasos de la vida, una posibilidad que genera los miedos a los que se refiere Saujani, especialmente entre las chicas: “En nuestro programa vemos el temor de nuestras chicas de no hacerlo bien, de no ser perfectas”, explica. “Todas las maestras me dicen lo mismo: la primera semana, cuando están aprendiendo a escribir código, una alumna les dirá «no sé qué código escribir». La maestra mirará la pantalla y la verá en blanco. Si no supiera, pensaría que su alumna pasó los últimos 20 minutos mirando la pantalla. Pero si presiona ‘deshacer’ unas cuantas veces, verá que su alumna escribió un código y después lo borró. Lo intentó, casi lo consiguió, pero no logró hacerlo correctamente. En lugar de mostrar el progreso que hizo, prefiere no enseñar nada. Perfección o fracaso“.

Esta dicotomía es un engaño, porque la perfección es algo que se alcanza contadas veces en la vida: son momentos fugaces de plenitud en nuestras existencias que deberían considerarse como pluses, no como norma. Y como insta el mensaje con el que titulo esta entrada, en la vida es mucho más asumible y satisfactorio ser valiente que perfecta.

La congresista Alexandria Ocasio-Cortez es la última que se ha adherido a la campaña Brave, no Perfect. Este es su testimonio en la web de la misma. Esta joven política explica que, cuando decidió presentarse al Congreso de Estados Unidos, nadie la apoyó, nadie quería hacerse una foto con ella. Hoy es la más buscada y fotografiada de Washington pero ella insiste que no tiene nada de perfecta. Eso sí: procura ser valiente: “Cuando optas por la valentía se te abren muchas más posibilidades que en la búsqueda de la perfección”.

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Por cierto Ocasio-Córtez ha irritado a Ivanka Trump, la personificación de la palabra entitlement (“derecho a TODO por ser quien soy”). A la hija favorita del presidente no le gusta su propuesta de un Green New Deal, orientado a combatir el cambio climático y garantizar el empleo y la igualdad de oportunidades en el país. Ivanka ostenta un puesto de mucho poder en la Casa Blanca pero, a día de hoy, no se conoce ninguna iniciativa suya que haya mejorado la vida de los americanos. Eso sí acude impecable a cada acto el que participa: una imagen de perfección que, francamente, no cuela.

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Ivanka siempre luce per-fec-ta pero carece de la valentía para contradecir algunas de las políticas más aberrantes de su padre. ¿O será que le gustan?

 

 

CHARLAS sobre HIPERPATERNIDAD

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En las jornadas de familia del BBVA, en Madrid.

En marzo de 2016, un mes después de la publicación de Hiperpaternidad, del modelo mueble al modelo altar (Plataforma), recibí una llamada de una biblioteca de una localidad cercana a Barcelona para dar una charla sobre este fenómeno, en el que me he especializado.

Desde entonces, podría decirse que no he parado. He dado conferencias sobre los hiperpadres y los hiperhijos en toda España. En castellano, catalán e, incluso, en inglés. He estado en escuelas de todo tipo, públicas, concertadas y privadas; grandes y pequeñas, urbanas y rurales, pero también, en escuelas de padres y en jornadas de educación organizadas por ayuntamientos y gobiernos autonómicos. En universidades, en empresas y en eventos más mediáticos, como Gestionando Hijos.

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Izda: conferencia inicio de curso en la facultad de Ciencias de la Educación de la Universitat Blanquerna-Ramón Lllul de Barcelona (aquí tenéis el feedback ) / Dcha: en la diputación de Girona, dentro del ciclo de formación maestros de guarderías y parvulario.

El tema siempre despierta mucho interés y tengo que decir que la experiencia de tratar con el público, visitar escuelas y hablar con docentes es: ¡genial! Los medios, además, respaldan este tipo de actos y cuando viajo fuera de Barcelona suele haber una repercusión que, desde aquí, agradezo de nuevo.

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izda: En la celebración del 50 aniversario del colegio Pineda, en Hospitalet del Llobregat  —— dcha. entrevista en ‘La Voz de Galicia’ a raíz de las dos conferencias, en Pontevedra y Sanxenxo, para las Jornadas de Familias.

De hecho, el interés es tal que, a octubre de 2018, mi intervención en la exitosa plataforma digital Aprendemos Juntos encabezaba la lista de los vídeos más vistos, con 13 millones de reproducciones.

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Fotograma de mi participación en “Aprendemos Juntos”. El video, a octubre de 2018, encabezaba la lista de los más vistos, con más de trece millones de reproducciones.

Mi conferencia explica cómo en las sociedades más ricas del siglo XXI el modelo de crianza ha cambiado radicalmente: explica porqué los hijos se han convertido en el centro absoluto de las familias, con unos padres dispuestos a «darles todo» para conseguir esa prole perfecta que la sociedad parece demandar.

Se divide en tres partes: 1) orígenes de este modelo, 2) causas y consecuencias —entre ellas, la de los hipohijos, a los que dedico mi segundo libro y 3) cómo hemos de empezar a rebajar esta crianza tan intensa. Lo que en inglés se llama el “underparenting”: una paternidad y una maternidad más relajadas, con tiempo para estar en familia, sin mil planes ni actividades por delante. Con espacio para que los hijos jueguen —y, ¿por qué no?, se aburran—. Para que prueben, se equivoquen y vuelvan a probar y adquieran responsabilidades y la necesaria autonomía para desenvolverse por la vida.

maristas de lleida y el ejido
Izda: En la semana de la Infancia organizada por el ayuntamiento de El Ejido — dcha: charla en la escuela Maristas de Lleida

Si queréis más información sobre mi conferencia y/o mi disponibilidad, por favor, no dudéis en contactarme (evamillet@yahoo.es)

Entretanto, os dejo algunos comentarios que he recopilado:

— “Recomiendo la charla de Eva Millet ya que describe a la perfección la situación actual de la educación con gran realismo, llena de anécdotas reales que ilustran mejor la charla, haciéndola además amena y muy entretenida. A pesar del realismo deja un amplio margen para la esperanza y siempre alienta a la reacción de los padres como educadores. Muy interesante y muy práctica” — Carmina Sampere Led —  Directora de promoció i comunicación — Escuelas Avantis y Pineda

— “La intervención fue muy interesante y agradable. Las famílias asistentes salieron muy contentas y así lo transmitieron en las encuestas de valoración”.  — Carme Estivill — AMPA escola Gravi 

— “Tuvimos ocasión de comprobar el tirón que tienen tus ideas entre tantos padres y madres. También tuvimos ocasión de la claridad de tus exposiciones. Pero sobre todo te conocimos y, creo que fue generalizado, nos dejaste encantados. Dicho esto, una cosa importante: la sobreprotección y la sobrestimulacion hacia los niños y niñas es un riesgo cierto y real de problemas a medio y largo plazo con esos chicos y chicas. Salvando las distancias, una idea dicha mil veces, debe convertirse en “hiperverdad”. Y esta lo es. Lean a Eva, que lo explica muy clarito”. — Manuel Ariza — ayuntamiento de El Ejido

— “¡Qué descubrimento, EVA!..
Estuve en la charla del Poveda y salí encantada con todas las cosas que nos hiciste ver. ¡Encantada! Hoy mismo empiezo tu libro. .. Por cierto, mi hija ya lleva su mochila ella sola  😉 ¡Gracias per darnos un poco de luz, Eva! — Vanessa — asistente conferencia escola Pare Poveda, Barcelona.

— “Estuve eschuchándote en tu conferencia en la escuela Vedruna Balaguer  y debo decirte que me gustó mucho escuchar en voz alta muchos de mis pensamientos, de la manera en la que hago las cosas con mi hijas a las cuales, a veces, siento (o me hacen sentir) que no les doy todo o que no hago todo por ellas (…) Comentarte que aprendí a no ser tan exigente. A veces, un poco de espacio es más beneficioso que querer que sean las primeras en todo lo que hacen”. — Mercè Montané Guillaumet  — asistente.

– “El análisis que hizo Eva Millet sobre las crecientes desigualdades sociales que han propiciado la crianza polarizada es más necesario que nunca. En la Fundación Pere Tarrés acompañamos a las familias socialmente vulnerables para que mejoren sus competencias parentales pero, a la vez, vemos como muchos padres y madres pracgtican la hiperparentalidad. Los conejos de Eva Millet sobre como educar sin intervenir, sino acompañando a los hijos, son imprescindibles para garantizar una buena educación”. — Josep Oriol Pujol i Humet, director general de la Fundació Pere Tarrés

— “Nos gustó mucho compartir un rato con Eva. Puso un ojo crítico sobre algunas prácticas de crianza sobreprotectora que, todo y las buenas intenciones que tienen detrás, obstaculizan el aprendizaje de vida de nuestros hijos e hijas. Gracias, Eva” — Montse Cartanyà Salvat — maestra, escola Vedruna, Lleida.

— “Estuve en la conferencia que hiciste en Ontinytent. Nos gustó muchísimo. Enhorabuena!” — Jose Fernando Reig Donat — asistente.

— “Hemos recibido una muy buena información para educar a nuestros hijos en la confianza, no en la sobreprotección. Ha sido muy interesante, muchas gracias, Eva”. — Núria Parella Comas — regidora educación ajuntament Calella 

— “Un auténtico placer haber contado con Eva para hablar sobre hiperpaternidad en los EDUTALKs CEU. Contamos con ella para varios de nuestros colegios en Madrid, Murcia, Alicante…, donde cientos de padres pudieron poner nombre y solución a un problema cada vez más importante en la educación de hoy, ofreciendo consejos muy prácticos para evitar sobreproteger a los niños y haciéndoles capaces de afrontar su futuro con decisión y valentía. Mil gracias Eva por tu profesionalidad” —  José María Sangrador, Fundación Universitaria San Pablo CEU

— “Me ha encantado conocerte, quiero agradecerte tu visita por Murcia, me ha gustado como cuentas y como transmites el tema de la hiperpaternidad y darte de nuevo las gracias por ser tan cercana y hacer que me sintiera bien. Muchísima suerte. — Quique, docente CEU San Pablo, Murcia 

— ” En el mes de octubre tuvimos la suerte  de contar con Eva Millet como conferenciante en una actividad dirigida tanto a docentes  como a familias desde el CFR (Centro de Formación e Recursos) de Pontevedra. La acogida fue muy buena y el resultado excelente, tanto profesorado como familias quedaron encantados y para mí ha sido un placer conocerla personalmente y escucharla. Y me quedo con la frase que rescaté de uno de sus libros y que usé en su presentación “Los padres quieren lo mejor para sus hijos, pero a veces el instinto de protección es tan intenso que acarrea consecuencias negativas. La nueva hiperpaternidad ve a los hijos como seres intocables..”  Creo que la frase encierra una gran verdad de lo que está ocurriendo”. — Carmen Martínez Dapena, CFR Pontevedra, Xunta de Galicia.

— “Eva Millet,  grandísima profesional, una comunicadora excelente y una persona fantástica.

Conocimos a Eva tras su aparición en algunos medios de comunicación y desde ese momento, como padres involucrados en al educación de nuestros hijos y observadores del entorno educativo, pensamos que el mensaje que Eva Millet transmite llegaba como una respuesta a algo que no conseguíamos poner nombre pero que está ocurriendo en nuestra sociedad y nos preocupaba mucho: la hiperpaternidad.

En un tiempo récord, gracias a la unión de 11 centros y a las muchas facilidades y amabilidad de Eva, conseguimos tenerla entre nosotros el pasado día 20 de noviembre.

Con un auditorio lleno (más de 200 personas), entregado, Eva Millet nos dejó a todos y cada uno de nosotros pegados a nuestros asientos,  padres, madres, docentes… Eva, de una forma muy amena, nos hizo una radiografía absolutamente perfecta de cómo estamos criando hoy día a nuestros hijos, los errores que cometemos sin apenas darnos cuenta y que están llevando a nuestros hijos a ser los niños menos autónomos de la historia. Errores que cometemos con la mejor de las intenciones, errores que a veces parecen nimios, pero que tienen consecuencias nefastas para ellos. Y errores que cometemos, en un aspecto u otro, en mayor o menor medida, casi el 100% de los padres de hoy día.

El poder observar a tantos padres reflexivos durante la hora y media que duró la charla, el escuchar comentarios de padres y madres reflejándose en muchas de las situaciones que comentaba Eva Millet, el ver la cara agradecida de los docentes, un sector últimamente tan injustamente tratado, normalizando y poniendo en su justo lugar su profesionalidad y su labor; en definitiva,  el poder mirarnos todos y cada uno de los presentes al espejo con cierta capacidad de autocrítica. Todo ello nos hizo ver que habíamos conseguido el propósito perseguido con la charla.

Los efectos de la conferencia aún se siguen notando entre las muchas familias que estuvieron con nosotros el día 20 de noviembre. Definitivamente, Eva Millet ha conseguido cambiar la perspectiva de la crianza de muchas familias, un regalo para nuestros hijos que agradeceremos siempre. Gracias, siempre, Eva”.

 Mónica Pérez Sánchez — Presidenta AMPA CEIP Santa María de Gracia de Murcia

 

 

Dedicado a los padres y madres de adolescentes

“La vida, se tenga la edad que se tenga, puede ser muy complicada”. Así empieza mi reportaje sobre justicia de menores, publicado hace unas semanas en el Magazine de La Vanguardia. Este sector de la justicia, esencial en toda democracia, cumple treinta años de su instauración en España. Me picó la curiosidad por el mismo tras entrevistar a Emilio Calatayud, el juez de menores más famoso de estos lares. Tuve la suerte de que la juez María Sagrario Guitart me permitira acceder a su juzgado y pasar allí dos jornadas, además de poderla entrevistar a ella y a más personas involucradas en este sector de la justicia.

Y lo que descubrí me gustó, porque descubrí que la justicia de menores funciona y no es vengativa: aunque está regida por una ley penal, tiene una  función educativa. No sólo prima la reparación a la víctima sino, también, la rehabilitación del infractor. Se cree en las segundas oportunidades, vaya.

Y se tiene muy en cuenta que el infractor está en la adolescencia —esta jurisdicción abarca los 14 y los 18 años—: un momento vital que todos hemos pasado (y recordamos intensamente), y que muchos estamos pasando con nuestros hijos. Un momento vital brutal, en lo bueno y en lo malo, donde chicos y chicas experimentan tantos cambios, dudas, necesidades e impulsos, que no sorprende que esta jurisdicción exista.

Captura de pantalla 2018-12-30 a las 13.55.26.pngPorque, como me explicaba otra de las entrevistadas, Concepción Rodríguez González del Real, titular del juzgado de menores nº 1 de Madrid: “Los menores se encuentran en un proceso de formación: no pueden responder igual que un adulto”. La magistrada coincide con Emilio Calatayud en que la mayoría de los chavales a los que juzga cometen delitos, pero no son delincuentes. “Son sólo menores que cometen delitos. Y si se interviene de forma adecuada es más difícil que terminen en la jurisdicción de adultos: son más permeables y dan mejor respuesta en reinserción”.

“Intervenimos en una parte de la sociedad muy sensible, que representa el futuro. Por ello, el tratamiento tiene que ser distinto”, añade la juez Guitart.

Los menores que aquí se juzgan “presentan déficits y factores de riesgo en un momento vital complicado, como es la adolescencia, que deben ser abordados y superados”, resume la juez González del Real.

Padres y madres, tomen nota de los factores de riesgo que me desgranaron los expertos en justicia de menores: el grupo de iguales (las clásicas malas compañías), las adicciones, la falta de capacidad normativa y formativa de los padres, el fracaso escolar, la ociosidad, la falta de empatía y la impulsividad. Sin olvidar la baja tolerancia a la frustración, característica que aparecía en casi todos los informes psicólogicos de los chicos y chicas que desfilaron por los juzgados los días en los que estuve allí.

Captura de pantalla 2018-12-30 a las 13.55.34Estoy muy contenta con el resultado de este reportaje que pueden leer al completo tanto en este link como en este pdf: JUSTICIA DE MENORES. Hay una cosa que, sin embargo, cambiaría. En la primera frase. Hoy lo empezaría así:

“La vida, especialmente en la adolescencia, puede ser muy complicada”.

Así que tengan  paciencia, padres y madres. Feliz año a todos.

EL NIÑO QUE LEÍA

Los niños lectores nos emocionan a muchos. En parte, porque cada vez hay menos. Con la publicación de mi primera novela infantil he puesto mi granito de arena para que esta sana costumbre no se extinga.

Hace unos días Cristian Segura publicaba en EL PAIS este estupendo artículo, recibido con entusiasmo por todos aquellos que fuimos niños lectores. El periodista contaba la historia de Hao Yu, un niño que pasa horas y horas leyendo en una librería de Barcelona. Como escribe Segura: “Una tarde de agosto de 2017, aburrido de no hacer nada, Hao Yu entró en la librería +Bernat de Barcelona, se sentó en la que ahora dice que es su butaca, y empezó a leer. Un año y tres meses después, Hao Yu, de 12 años, sigue ocupando cada día su butaca para leer y leer: lo hace durante el parón del almuerzo en el colegio —de 13.30 a 14.30—y por la tarde —de 18.00 a 20.00—”. 

Los padres de Hao Yu son de origen chino y, como escribe Segura: no entienden de dónde le sale este fervor lector. “En casa no hemos leído mucho”, dice Lili, la madre. Ella y su esposo regentan un bar frente a la librería. “El verano de 2017, Hao Yu estaba harto de no hacer nada en el bar mientras sus padres faenaban (…) y se fugó a +Bernat”, reza el artículo.

Entonces empezó a leer. A devorar lo que encontrara; aunque, al parecer, le encanta la ciencia ficción. Como escribe Segura, el niño ya cuenta con su rincón fijo en la librería: “La butaca de Hao Yu tiene una lámpara de pie y una mesita en la que deja los libros que tiene a medias: esta semana tiene pendiente de acabar El problema de los tres cuerpos, del genio de la ciencia ficción Cixin Liu. Si vuelve de la escuela y la butaca está ocupada, no para hasta que consigue echar al invasor. «Hay días que ha dejado un papel en el que escribe: ‘Ocupado’»”, explica Montse Serrano, la dueña de la librería.

 

El artículo ha sido muy bien recibido en las redes sociales, creo que por todos aquellos que fuimos niños lectores y nos reconocemos en la pasión de Hao Yu. También, porque el caso es una rareza: en un mundo de hiperconexión y estímulos constantes en el que la gente (no solo los niños), cada vez lee menos, la pasión y la concentración de Hao Yu son sorprendentes. Sabemos que está en otro universo, el de los libros, y que este es un lugar muy agradable. Un lugar donde aprendes, creces, sufres, te emocionas y te diviertes (y a un módico precio, además). No podemos dejar de envidiarlo un poquito y, algunos, desear que a nuestros hijos se les contagiara esta pasión que a nosotros también nos proporcionó tantos buenos ratos.   

Como les decía a principios de esta crónica, he puesto mi granito de arena para tratar de seducir a algunos lectores. He publicado mi primera novela infantil, titulada La última sirena a partir de un cuento que surgió hace ya unos años: se la conté a mi hija mientras caminábamos hacia una playa. La niña estaba cansada, quejica, etc. (pueden imaginar) y, para distraerla, le conté la historia de una niña y una sirena. La medio escribí, la dejé en un cajón y la recuperé hace un par de años. 

Al hacerlo, me sorprendió (o no) que Clara, el personaje central, fuera una hiperniña de once años cuya frenética existencia entre colegios de élite, ristras de extraescolares, fines de semana siempre planificados y un sinfín de actividades se corta en seco debido a una grave crisis familiar. Llega el verano y sus padres —sin medios para veranear ni para mandarla, como solían, a un campamento en el extranjero—, deciden que lo pase con unos tíos abuelos, a los que Clara no conoce, en una pequeña isla delMediterráneo.

En la casona de sus tíos Clara descubre que es capaz de llevar una vida tranquila y feliz, entreteniéndose por si misma y en contacto con la naturaleza. El lugar es precioso y Clara está fascinada por su enigmática tía Esmeralda: una dama que le recuerda a una reina elfa, va en silla de ruedas y canta maravillosamente, pero transpira melancolía y misterio. También descubre que las aventuras pueden estar donde menos te lo esperas. La suya le llega en forma de otra niña: Coral, una sirena solitaria que vive en la playa cercana a la casa de sus tíos.

Os dejo aquí el primer capítulo BL24251_La_ultima_sirena-Capítulo1 y este es el dossier de prensa. La novela ha ganado el premio Boolino de Narrativa infantil y yo siempre he creído en ella: creo que es una buena historia, que engancha. Pero claro, eso lo han de decidir los lectores, no yo.//

 

Contra el olvido: croquetas y estofado.

Homemade pizza for dinner

Soy una especie en vías de extinción: hago croquetas caseras. Y cada vez que las hago (con la bechamel, el pollo triturado y un poco de jamón, dándole forma a cada croqueta con las cucharas, bañándolas en huevo y cubriéndolas de pan rallado —repito: especie en vías de extinción), me acuerdo de la persona que me enseñó a hacerlas, cuando era adolescente. No fue mi madre, a la cual no le gustaba particularmente cocinar, aunque hacía un tajo redondo estupendo, que a mí me sale bastante bien.

De mi padre he aprendido a cocinar estofado y fricandó de ternera, un plato de tonos oscuros en el que la clave son los moixernons (Calocybe gambosa); unas setas que bajo una apariencia reseca y torturada encierran un sabor increíble. Los macarrones boloñesa con un toque de jamón y toneladas de orégano —el plato más socorrido en cualquier familia española—, son receta de una tía paterna favorita, mientras que a hacer magdalenas me enseñó mi tía materna favorita. A Proust el olor de las magdalenas le remontaba a su niñez y a su tía mojando la magdalena en el té, en una casona. Salvando las distancias, a mí el olor de las magdalenas también me recuerda a una casa en el campo, con vistas fabulosas, a una mesa de cocina ovalada y a mi querida tía, que murió hace muchos años, enseñándome la receta de esa masa deliciosa que sabía a limón, a frío y a harina.

Baking Cupcakes in Progress

Así, cada vez que hago croquetas o guiso una carne o precaliento el horno para meter unas magdalenas me acuerdo de ellos y de ellas, estén vivos o muertos. Cocinar no deja de ser una receta contra el olvido: “los canelones de la abuela”; “las croquetas de mi madre”; “los macarrones de mi padre”. Aunque ellos ya no estén, sobrevive esa pequeña muestra de sabiduría familiar que, además, resulta muy práctica: en tiempos de padres obsesionados por darles habilidades a sus hijos, yo diría que saber cocinar es una capacidad indispensable en la vida.

Dicen las estadísticas que en las casas se cocina cada vez menos: no hay tiempo. Como en los países anglosajones el take away y la comida preparada avanzan a marchas forzadas en los países mediterráneos. En la sociedad moderna, cocinar cada día va camino de convertirse en una rareza.

Desde Venezuela me escribe un padre, Jean Paul Nouel, autor de “Papá, ¡vamos a negociar!“, en su libro explica que lo que más le gusta en la vida es cocinar con sus dos hijos. Tiene dos normas sagradas: “Todos para atrás” cuando algo está friéndose o hirviéndose y “si está caliente, avisa”. Cumplidas estas instrucciones, sus dos hijos participan activamente en la cocina: amasan, mezclan, prueban… Cocinan y aprenden, en definitiva, y seguro que, cuando crezcan y se metan en la cocina se acordarán de su padre y de las recetas que les enseñó. Seguro.

NATURALEZA, ASIGNATURA URGENTE

Los expertos coinciden en que nunca el ser humano ha estado tan desconectado de la naturaleza como hoy. Este déficit es especialmente agudo en los niños, cautivos de la tecnología y las agendas frenéticas. Es urgente que retomen el contacto con el medio natural: no solo por sus beneficios emocionales y cognitivos sino porque a ellos les tocará lidiar con la crisis ecológica del planeta. Comparto mi reportaje sobre este tema aparecido en el MAGAZINE de La Vanguardia.

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Apertura del reportaje, publicado en el Magazine de La Vanguardia. Foto: LLIBERT TEIXIDÓ

“¿Sabes cual es el nombre científico de la encina?” Txell, de nueve años, formula esta pregunta a la periodista, quien solo es capaz de recordar que el nombre en latín de uno de los árboles más hermosos del Mediterráneo empieza por “Quercus”. “Es Quercus ilex”, remata Txell, encantada, para a continuación, pronunciar muy cuidadosamente el nombre en latín de otro árbol que conoce, el haya: “Fa-gus syl-va-ti-ca”, dice. Héctor, uno de los educadores ambientales a cargo de los niños del campamento de naturaleza organizado por la Associació Sorellona en lago de Banyoles, aprovecha el intercambio para preguntarle si sabe el nombre científico del abejaruco. Con el pecho cuajado de plumas azules y verdes, la cabeza color canela, el cuello amarillo y un seductora línea negra marcándole los ojos, el abejaruco es uno de los pájaros más hermosos que viven en España. Unas horas antes, los niños lo han escuchado durante la primera salida al campo del día. No han podido verlo y Txell tampoco recuerda su nombre científico (Merops apiaster), pero tanto ella como sus compañeros son conscientes de la belleza de esta ave.

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Pareja de abejarucos (Merops apiaster) Fuente: Enciclopedia de las aves de España SEO BIRDLIFE https://www.seo.org/ave/abejaruco-europeo-2/

“Esto es una actividad científica, sí, pero lo que también estamos haciendo es lo que yo llamo «seducción ambiental», porque uno no puede amar lo que desconoce. Si no conoces tu entorno natural es más difícil tener la sensibilidad para apreciarlo”. Así se expresa el ornitólogo Miguel Ángel Fuentes, encargado de impartir la clase práctica de anillamiento a los niños esa mañana. De forma clara y sin atisbo de condescendencia, les explica en qué consiste esta técnica para marcar los pájaros —que muchos ya conocían— y les recuerda que, aunque puede provocar estrés a las aves, se hace “por una buena causa”. Como un mago, Fuentes va extrayendo de unos saquitos negros la docena de pájaros que ha atrapado en una red esa mañana. Mientras los manipula con suma delicadeza, anillándolos, pesándolos e identificando su sexo, aporta todo tipo de datos. También les recuerda a los críos que los pájaros salvajes no se pueden enjaular: solamente se encierran los que se venden en las tiendas, que han sido criados en cautividad.

Muchos lo saben, como también saben que el vencejo (Apus apus) es capaz de dormir mientras vuela. Uno de los niños, incluso, es capaz de identificar el canto de un pito real (Picus viridis) que se escucha en la distancia. En tiempos en los que la dispersión infantil es un problema creciente, su nivel de atención es notable. Se intensifica en el momento en el que el ornitólogo les pide que sujeten el ave ya anillada para dejarla en libertad. Al hacerlo, se observan tanto caras tanto de placer como de susto pero ninguno declina su turno. Todos tienen clarísimo que lo mejor de esa actividad es “soltar” a los pájaros.

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En los campamentos de verano de La Sorellona dos niños descuelgan la cámara nocturna, bajo la mirada de un monitor, Héctor. FOTO: LLIBERT TEIXIDÓ

Estamos a principios de agosto y el calor aprieta así que se levanta el campo de anillamiento y se vuelve al campamento base, uno de los que organiza esta asociación, fundada en 2013 por un grupo de biólogos, ambientólogos y naturalistas con el objetivo de que niños y adolescentes descubran la naturaleza. “Un conocimiento”, alertan, “que cada vez está más diluido entre las nuevas generaciones”. La Sorellona organiza campamentos de educación ambiental en entornos tan privilegiados como Banyoles o los parques naturales del Cap de Creus, Alt Pirineu y Cadí. “Aquí vienen tanto niños y adolescentes por interés propio o por iniciativa de sus padres como otros que desconocen completamente el medio natural”, explica Núria Canals, una de las coordinadoras. Esta joven bióloga detecta que hoy: “Los niños apenas tienen tiempo de estar al aire libre, por lo que esta es una oportunidad para que aprendan a convivir, a observar, a caminar en el campo, a respetar… ¡Si no conoces algo no puedes quererlo!”, reitera. Además, el aprendizaje es rápido. “El cambio de chip se detecta enseguida: incluso entre los adolescentes, que siempre son más reticentes, pero que acaban entusiasmándose con lo que ven y aprenden o, por lo menos, reconocen que la naturaleza no es tan «chunga» como algunos creían”.

Nunca en la historia el ser humano ha estado tan desconectado del medio natural. Especialmente, en el mundo desarrollado, donde las nuevas generaciones se están educando de espaldas a la naturaleza. En 2005 el periodista estadounidense Richard Louv acuñó el término “Déficit de naturaleza” para alertar de una carencia que detectaba entre los niños de su entorno, cada vez más protegidos, ocupados, conectados y recelosos del que hasta no hace mucho era su hábitat cotidiano. En su exitoso ensayo Los últimos niños del bosque (que acaba de ser reeditado por Capitán Swing), Louv insta a los adultos a evitar lo que no duda en calificar de “trastorno”. No es el único experto que relaciona algunos de los problemas psicológicos actuales de los niños —como el déficit de atención— con la carencia de un buen vínculo con la naturaleza. “Para las nuevas generaciones, la naturaleza es más una abstracción que una realidad”, escribe Louv, quien señala que nuestro bienestar físico y mental está directamente vinculado con una buena relación con esta.

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Vuelta al campamento en un día de mucho calor. Después de comer, los niños elaboran cuadernos de campo. ©LLIBERT TEIXIDÓ

“Es imprescindible educar en la naturaleza: es el medio en el que el ser humano se ha desarrollado y su contacto implica incontables beneficios, tanto en la salud física como mental”, añade la escritora Heike Freire, impulsora en España de la llamada “Pedagogía Verde”. Entre otros, Freire es autora de Educar en verde (ed. Graó) y lleva años batallando para acercar la naturaleza a las aulas y a las familias. Porque los beneficios, recalca, son incontestables. “Pero hoy la mayoría de niños y niñas se pasan veinte horas al día encerrados —son estadísticas, ¡no me lo estoy inventado!—. Esto es algo inaudito en la historia de nuestra especie y, también, patológico porque está estudiado que muchos de los problemas que existen entre los menores de salud física y mental, de aprendizaje, del desarrollo psicomotor y cognitivo, de la sensibilidad y de la capacidad de atención, están relacionado con este encierro”.

No deja de ser curioso que mientras que los niños pasan más y más horas en casa, delante de la pantalla, o bajo techo, acompañando a sus padres al centro comercial, entre los adultos se están poniendo de moda los «baños de bosque» (con empresas que los comercializan) y algunos, incluso, se lanzan al movimiento «ecosexual», que propugna, literalmente, hacerle el amor al planeta. Es una de las muchas contradicciones de la civilización actual, ajena a la importancia de educar a las nuevas generaciones en el respeto y el conocimiento de la naturaleza. En especial, en tiempos de crisis ecológica como los actuales: como líderes o votantes, los niños van a tener que jugar un papel crucial para afrontar cuestiones como el cambio climático, que ponen en peligro a nuestra propia especie.

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El paseo con niños, en el bosque, la playa o el campo, imprescindible.

“Este el otro aspecto clave. No solo se trata de educar en verde para que los niños tengan una mejor salud sino para que empiecen a adquirir una conciencia medioambiental”, coincide Heike Freire. Pero para ello, señala, no hay que inundar las aulas de datos catastrofistas, como se está haciendo. Buena parte de la educación medioambiental se ha basado en un discurso muy negativo. “Y aunque la realidad es así, el estar machacando con los desastres del cambio climático, con imágenes como los osos que se ahogan en el Ártico, produce lo que David Sobel, un educador canadiense, llama ecofobia”. La ecofobia sería el temor al deterioro ecológico, la asociación de la naturaleza con el miedo y el apocalipsis. Por eso, recalca Freire, hay que cambiar el enfoque y tratar de cultivar nuestro amor innato por la naturaleza, en vez de convertirlo en fobia, aislando o alarmando a los niños. “Primero hay que dejar que amen la tierra y después les pediremos que la salven. Para ello, es fundamental desarrollar un contacto con el entorno, porque cuando pasas tiempo en la naturaleza se fomenta ese instinto que Edward O. Wilson llamó la biofilia: la capacidad de amar la vida”.

Nacido en Albama en 1929, Wilson está considerado uno de los cien científicos más influyentes de la historia. Entre otros, es uno de los artífices de la formulación del concepto de “biodiversidad”. Profesor emérito de Harvard, ganador de incontables premios y divulgador de primera fila, su amor por la naturaleza se gestó de niño: un accidente le provocó la pérdida de visión de un ojo que le obligó a concentrarse en lo que llamó “las cosas pequeñas”. Así se apasionó por las hormigas, que descubrió con nueve años, cuando arrancó la corteza de un árbol podrido y se topó con una colonia de hormigas cidronelas en el parque urbano de Rock Creek, en Washington DC. Wilson se quedó anonadado ante aquellos bichitos “bajos, gordos y de un amarillo brillante, que emitían un fuerte olor a limón”, como describió. Unos años después estudió biología, especializándose en mirmecología (el estudio de las hormigas), del que hoy está considerado la eminencia mundial.

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Edward O. Wilson de niño y en una imagen de Wikipedia.

La historia de Wilson es un buen ejemplo para ilustrar que la naturaleza puede descubrirse en el balcón de casa o en el parque del barrio. En las ciudades hay árboles, pájaros, insectos, reptiles y mamíferos. Y esta naturaleza cercana también pueden ser un espacio clave para que los niños empiecen a descubrirla. Aunque para ello se necesita el compromiso tanto de las familias como de los municipios y escuelas. “La educación en verde no debería formar parte de un mercado, destinado a unos pocos, sino ser parte de un derecho, fundamental, del niño y de la niña, de disfrutar de su entorno”, sintetiza Heike Freire.

Afortunadamente, ya hay avances: en Ontinyent, Valencia, una iniciativa de padres y maestros de la escuela pública Martínez Valls, respaldada por la administración, ha transformado el desolador patio de cemento original en un espacio vivo. “Tenemos hasta una zona de césped natural: allí los niños van a leer o hacen volteretas”, explica, orgullosa, la maestra Desirée Sánchez. Como toda la comunidad educativa, está encantada con ese patio más verde (con árboles, plantas, cabañas recubiertas de hiedra y hasta un rocódromo), que “ha cambiado la vida a la escuela”. Desirée asegura que el nuevo espacio ha mejorado los conflictos de convivencia y, también, ha fomentado el concepto de cuidado en los niños: “Hemos plantado mucho. Y lo que se ha plantado, se cuida”. Sin olvidar la potenciación de la capacidad de observación. Todos los árboles, por ejemplo, tienen códigos QR, parte de un proyecto para saber sus nombres en cuatro idiomas. “También hemos diseñado lupas y los niños van por el patio, mirando. Y si ven una hormiga, es el momento de enseñarle el ciclo de la hormiga”. De este modo, incentivando el conocimiento y los cuidados, se construye el respeto por el entorno. Es decir: a la hormiga no se la mata, sino que se aprende de ella.

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Imágenes del blog de la escuela Martínez Valls (http://patiactiu.blogspot.com/) donde se explica la transformación del patio.

En la escuela Ur Tanta, en Navarra, tampoco se aplastan bichos. En gran parte es debido a la existencia de una pequeña laguna, junto al centro, que es uno de los ejes de su proyecto educativo. “Nos da muchísimo juego. Gracias a ella aprendemos de las libélulas de las ranas…”, explica la fundadora del centro, Pilar Seminario. Esta maestra y psicóloga no oculta su asombro con la rapidez con la que los críos aprenden a respetar el medio. “Cuando son más pequeñitos y se van a coger renacuajos, no se dan cuenta de que son seres vivos, los sacan del agua y olvidan devolverlos. Nosotros les vamos indicando que están vivos, les instamos a observarlos y en muy poco tiempo, es increíble ver cómo los cuidan. Lo mismo pasa con las hormigas, los grillos, la arañas… ¡No matan un bicho! Es también un aprendizaje de la empatía”, resume.

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La laguna de la escuela Ur Tanta, en Navarra.

Maider Aizpurua es otra educadora que considera urgente reconectar a las nuevas generaciones con la naturaleza. “No puedes crear conciencia de salvar la tierra en un niño si éste no la quiere”, explica. Ella aporta su granito de arena organizando en Irún, donde vive, un proyecto de ludotecas al aire libre llamado Lurmaitte (amar la tierra). “Tenemos un entorno natural maravilloso y tuve claro que había que aprovecharlo”, cuenta. Así que cada semana, dos grupos de niños y niñas de entre cuatro y once años salen con Maider y otras monitoras a explorar los parques y los alrededores de la ciudad. Si llueve, (“que ha llovido mucho este invierno”, apunta), pues chubasqueros, katiuskas y una muda. ¿Resultado?: “Se han mojado y han disfrutado muchísimo en los charcos, con la lluvia. No se me ha quejado ningún niño. De hecho, aunque lloviera, la frase era «Maider ¿vamos a ir a la calle, verdad?» Yo de niña jugué mucho al aire libre y he querido que otros tengan esa oportunidad”.

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Los niños se “dinamizan” solos. Especialmente, si hay charcos. ©: Ludoteca Lurmaitte

Para Maider el juego libre, sin intervenir, es fundamental. “Los niños no necesitan que un adulto les ayude a jugar: el problema es que la tendencia actual es estar encima, dinamizarlos, pero lo mejor que podemos hacer es dejarlos a su aire, especialmente en estos espacios”. No se equivoca: un estudio de 2006 de la Universidad de Cornell indicó que el juego libre en la naturaleza era la fórmula más efectiva para crear una conciencia ambiental.

Otro beneficio incuestionable de este contacto es la calma que este medio transmite. Maider cuenta que en sus ludotecas no se oye un grito: “Se les va el estrés”, asegura. Los gritos también brillan por su ausencia entre la docena de participantes del campamento Sorellona de Banyoles. Tras pasar una jornada con ellos, esta periodista da fe que pocas veces ha visto un grupo de criaturas tan tranquilas. Quizás esta serenidad fuera fruto de la casualidad pero no hay duda que observar estrellas, pasear por el bosque, escuchar el canto de los pájaros, comer moras y jugar sobre la hierba son cosas que relajan.//

“Y no nos hagas caer en la tentación…”

¿A qué nos dedicamos los padres del siglo XXI la mayor parte del tiempo? Yo acabo de descubrirlo este verano, gracias a una observación de mi amiga Lucia: a (tratar) de evitar que nuestros hijos caigan totalmente presos en las cada vez más numerosas tentaciones que ofrece la vida moderna.

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A (tratar) de evitar que coman demasiadas galletas, demasiado helado y demasiado azúcar en general. O demasiadas patatas fritas y otros alimentos poco saludables. A (tratar) de evitar que vean demasiada televisión y demasiadas series de Netflix. A (tratar) de evitar que se vayan a dormir demasiado tarde y que se despierten demasiado tarde. A (tratar) de evitar que no chateen todo el día con sus móviles, no se cuelguen de los vídeos de YouTube y de las InstaStories y de que no jueguen demasiado a Fortnite: la última arma de distracción masiva para millones de adolescentes de medio mundo y el último dolor de cabeza de millones de padres y madres de medio mundo.

fortnite

«Me doy cuenta de que paso el día diciéndoles a mis hijas que no tomen demasiadas chucherías, que no vean tanta televisión ni agarren mi móvil cuando quieran… El mundo hoy es una oferta inagotable de distracciones, gadgets, audiovisuales, comida… Cada vez hay más tentaciones. Cuando éramos pequeños, no habían tantas cosas con las que engancharnos. Ni tampoco nuestros padres estaban tan informados de lo perjudicial que parece que sea ¡casi todo! para las criaturas», me comentaba la lúcida Lucia. Sus dos hijas son más pequeñas que los míos pero nuestras dinámicas de parenting son muy similares: dedicamos muchas energías a tratar de evitar o de dosificar tentaciones en una sociedad hipercapitalista, donde la oferta es abrumadora. Y sí, no solo para los niños.

Kids playing with mobile devices header
©PATAT FOTÓGRAFO

El problema es que los adultos, teóricamente, poseemos una cosa que se llama autocontrol que, con la disciplina y la responsabilidad, son las herramientas para no caer totalmente preso de las tentaciones. Sucede que, en general, los padres no podemos tragarnos cinco capítulos seguidos de Netflix porque, quién más y quién menos, tendrá alguna responsabilidad que llevar a cabo que le obligará a dosificar esa serie. Asimismo, los padres de la era pre-Netflix sabemos lo que era esperar ¡una semana! para conocer lo que pasará en el próximo capítulo: a nuestros hijos estas plataformas de la inmediatez les han arrebatado ese sano ejercicio de contención.

Creo que uno de los signos de la madurez es la capacidad de autocontrol. No seguir con esas patatas fritas ni acabarse esa tableta de chocolate. No tomar ese otro vaso de vino. Irse a dormir —aunque no se tengan ganas—, porque mañana hay que ir a trabajar. Resistir la tentación de dejar esos platos sin lavar. Acabar la tarea, aunque nos surja una distracción más atractiva.

En un mundo de hiperestimulación e hiperoferta, el autocontrol va a ser una habilidad cada vez más importante. Pese a que como padres el formular esos constantes recordatorios nos resulta agotador —porque, entre otras cosas, ya tenemos bastante con autocontrolarnos nosotros—, es importante que lo hagamos. Y aunque a menudo parece que les entra por un oído y les sale por el otro, recuerden: todo queda. Es cuestión de perseverar. //

 

 

APRENDEMOS JUNTOS: EDUCACIÓN EN LA RED.

Una de las experiencias más satisfactorias que he tenido en estos últimos meses ha sido participar en APRENDEMOS JUNTOS, un proyecto educativo transversal impulsado por EL PAÍS, BBVA y Santillana.

Para grabar mi participación pasé unas horas muy intensas y agradables en Madrid, con un equipo estupendo. Esta es mi participación (una de las más vistas): en sus primeros cinco meses de vida la plataforma ya ha alcanzado los cien millones de visualizaciones.

Captura de pantalla 2018-07-15 a la(s) 13.16.24Y van subiendo. Porque hay material excelente.

Sin ir más lejos: la reciente entrevista con Gregorio Luri, maestro, filósofo y escritor, sobre el valor de la atención como el nuevo cociente intelectual. O la charla del para mí hasta ahora desconocido Francisco Mora: un buen antídoto contra los neuromitos educativos que alimentan la hiperpaternidad, como la obsesión por la lectoescritura precoz.

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Sin olvidar las intervenciones del neuropsicólogo Álvaro Bilbao (Límites: mejor que castigos); de Melisa Tuya, periodista y madre de un niño con autismo; de Jordi Nomen, autor de El Niño filósofo; del biólogo David Bueno (¿Cómo funciona el cerebro de un adolescente?); la socióloga Marina Subirats (sobre cómo educar en la igualdad de género); el escritor Tim Elmore (Prepara a tu hijo para la vida, no la vida para tu hijo) y la psicóloga Silvia Álava (quienes también inciden en el flaco favor que la sobreprotección les hace a los hijos).

El proyecto continúa, así que voy a seguir actualizando esta entrada. De momento, les dejo con el link a Todos los videos, por si tienen un ratito estas vacaciones.

 

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“Se debería prohibir el móvil en los colegios y en el Congreso, también”

Así titulamos en La Vanguardia mi entrevista con Emilio Calatayud, juez de menores de Granada, un referente en España por sus sentencias educativas.

Este magistrado evita las condenas punitivas, dando una oportunidad para rehabilitarse a través del esfuerzo. Ha condenado a centenares de jóvenes a aprender a leer –una carencia que, asegura, le desespera–, acabar la ESO y, también, aprender un oficio (sentenció a un chico que había atracado una peluquería a formarse como peluquero y a cortarle el pelo).

Para él, la reinserción es posible porque la mayoría de los chavales a los que juzga “cometen delitos, pero no son delincuentes”. Cargado de sentido común, Calatayud se ha convertido en un referente en España, no solo por sus sentencias sino, también, por sus consejos y reflexiones a la hora de educar.

 

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El blog de don Emilio, como se le conoce: http://www.granadablogs.com/juezcalatayud/

Os paso el link y los pdfs de la entrevista (JUEZ CALATAYUD 1 — JUEZ CALATAYUD 2) , pero os resumo algunas de las respuestas que me parecen más interesantes, que es la intención de este blog:

SOBRE EL CASTIGO Y LAS CONSECUENCIAS

 ¿El castigo, por si solo, no funciona?

No. Yo creo que hay muchas formas de reparar el delito, no solamente la privación de libertad (…)  Ya desde el principio creí que habían otras alternativas. También siempre digo que, en mayores, la gente escarmienta y en menores, se reinserta.

Pero: ¿se puede educar sin que hayan consecuencias? En las familias actuales el término “castigo” es casi un tabú.

Pienso que no: creo que a los ­chavales hay que hablarles de ­derechos y de deberes. Y de las consecuencias del incumpli­miento de sus deberes. Y un cas­tigo… pues no viene mal. Como el premio, forma parte de la vida ­misma. Creo que estamos so­breprotegiendo a los menores. No se les habla de deberes.

SOBRE LA SOBREPROTECCIÓN Y EL MIEDO A EJERCER LA AUTORIDAD:

¿De dónde cree que viene esta sobreprotección?

Hemos pasado del padre autoritario al padre colega. Y ni el término anterior, el autoritario, era el bueno, ni el padre colega es el bueno. Siempre digo que yo no soy amigo de mis hijos: yo soy su padre y punto. Para lo bueno y para lo malo. Y tengo que tener autoridad sobre mi hijo, y mi hijo tiene que saberlo.

¿No cree que, también, a muchos padres les da miedo ejercer la autoridad?

Sí. Ahora también se dice que todos somos iguales, en la familia, pero yo digo que en la familia no todos somos iguales, como tampoco los maestros son iguales que los alumnos. Toda autoridad debe de tener un derecho sancionador, punitivo, y eso se nos ha quitado a los padres y a los maestros, cuya autoridad no está socialmente reconocida. Hemos confundido autoridad con autoritarismo. Así nos va.

SOBRE LA IDEA DE QUE LA FAMILIA ES UNA DEMOCRACIA:

“¡¿Cómo va a ser una democracia?! Se puede más o menos pactar, pero llega un momento en el que dices: ¡El padre soy yo! ¡La madre, soy yo! Es sentido común. Creo que nuestros padres tenían menos formación pero tenían más sentido común”.

SOBRE EL MIEDO A LOS PADRES A DECIR «NO»:

“A muchos padres hoy les da miedo decir no. Y sí, entiendo que decir que no a un hijo es muy duro, pero hay que decirlo. La vida te dice no continuamente. A los hijos hay que enseñarles la realidad y la vida da muchas satisfacciones pero también hay situaciones ingratas, frustraciones, que se superan”.

SOBRE LOS MÓVILES EN LA INFANCIA (Y EDAD ADULTA):

“Ahora resulta que se dan cuenta (y hacen no sé cuantas tesis doctorales), que el móvil con los niños es una barbaridad ¡Yo llevo diciéndolo hace años! Son aparatitos que dan problemas, solo problemas. Primero: son una droga porque crean adicción. Son también un instrumento muy peligroso para cometer hechos delictivos: el ciberacoso (sexual, contra la intimidad, amenazas…) está subiendo como la espuma entre los menores. Y, tercer problema: es un instrumento muy peligroso para ser víctima de un delito”.

¿Qué les recomienda a los padres respecto al móvil de los hijos?

El móvil lo deberían tener cuando fueran capaces de pagarlo ellos, ni más ni menos, pero hoy, como hay que ser “moderno”… Yo no se lo daría, por lo menos, hasta los catorce años: cuando ya se les puede exigir con arreglo a la ley ciertas responsabilidades. Pero lo que es una vergüenza es que el regalo estrella de fin de curso, Navidad y comuniones, sean móviles de última generación. Las criaturas están pidiendo los móviles con ocho y nueve años ¡y los padres se los están dando!

Pero hay también mucho adulto enganchado al móvil, ¿no cree?

Sí, sí: yo lo que digo es que se debería prohibir el móvil en los colegios pero en el Congreso, también.

SOBRE LA FAMILIA:

“La familia es la base. La humanidad aguanta porque hay un amor desinteresado de padres hacia sus hijos. Si fuésemos egoístas, se acaba el mundo. Después está la escuela, como complemento, pero la que tiene que educar es la fa­milia.”//