Los niños (entre otras cosas), son capaces de dar paseos de tres horas y llevar (ellos), su mochila.

Llueva, nieve o haga sol. Los niños de parvulario del proyecto PEQUEÑOS GRANJEROS de la Granja, una conocida granja-escuela a los pies del Montseny, cerca de Barcelona, tienen entre uno y tres años y salen, cada día, a pasear tres horas por el bosque. Si se caen, se levantan ellos mismos o los ayuda un compañero. Si llueve (ese temor de tantas madres; ¡que se moje su hijo o hija!), se ponen un chubasquero. Si nieva, disfrutan del espectáculo.

La Granja1

No se trata de imitar la educación espartana (que se iniciaba arrojando al párvulo por un barranco, a ver si sobrevivía), sino de acostumbrar a los niños a algo tan fundamental como es caminar, por un lugar, además, precioso. Los paseantes miran, tocan, se ensucian, disfrutan, no gritan si ven un insecto… «Los niños y niñas adquieren conocimientos sobre la naturaleza y potencian su psicomotricidad. Trabajamos el sí, puedo, cada día», aseguran desde La Granja. El proyecto, en fase experimental, está teniendo muy buenos resultados, tanto a nivel psicomotor como motivacional. En este reportaje de TVE puede verse como caminan y caminan, sin traumas aparentes.

La Granja 2Los padres también podemos acostumbrar a nuestros hijos a caminar. Cuesta, no hay duda: lo que teóricamente es un agradable paseo familiar puede convertirse en una pesadilla de llantos, gritos, protestas y diversas formas de cargar al niño pequeño en el camino de vuelta. Pero se puede. En Inglaterra, donde el caminar es una pasión nacional, a los niños se les educa a ello desde muy pequeños y bajo condiciones climatológicas a menudo poco agradables.

caminar 3

Por cuestiones familiares, llevo años veraneando allí y cada día, llueva o no, se sale a pasear. En la ceremonia del walk participan todos y las protestas de los pequeños son ignoradas con británica flema. En ocasiones, para distraerlos, se proponen juegos: en mi caso, el favorito es puntuar del 1 al 10 los cadáveres de conejos que a veces aparecen por los páramos. El más desagradable de los conejos muertos por mixomatosis es el que merece mayor puntuación.

En el proyecto educativo de La Granja se insiste en evitar la sobreprotección a los hijos, una tendencia  actual. La autonomía de los niños es fundamental y se consigue con cosas sencillas. De acostumbrarlos a dar paseos a levantarse solos si se caen, pasando por otro gesto rutinario importantísimo: que cada niño lleve su mochila al ir y al volver del cole.

MOCHILACada día, en miles de colegios, millones de niños, prácticamente antes de saludar al adulto que los ha venido a recoger, le tienden, como príncipes renacentistas a sus mudos servidores, su mochila. Y los mudos servidores, diligentemente, cargan con ella. Un mala costumbre que no pasa inadvertida a muchos educadores. Entre ellos, a los de La Granja, que incluso han montado este video para animar a los adultos a que acostumbren a los niños a cargar con su mochila.

mochila 2Parece una tontería, pero es un gesto importante: una «pequeña contrariedad» diaria que los hará mas fuertes. Ah, y si la mochila pesa demasiado (cosa habitual), les podemos ayudar sacándoles un par de libros. Pero cargarla… que la carguen ellos. Es pedagógico.

 

Padres, madres, hij@s y ropa: un tema que va más allá del estilismo

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Como una relación de poder: así describe el periodista Carles Capdevila los conflictos que se dan entre padres e hijos a la hora de escoger el vestuario. Este tema se tocó en el programa Hoy por Hoy de la cadena Ser, en su sección: El Aula. Adjunto el enlace para escucharlo, aunque aviso que, hasta pasado el minuto cinco, los participantes no empiezan a hablar del asunto que toca. Entonces, entre comentarios sobre leotardos y trajes de Spiderman, Capdevila se hace oír preguntándose cosas como estas:

«¿Tus hijos son tus hijos o son personas libres a las que tú educas? ¿Visten como tú quieres o como ellos quieren?» En su opinión vestir a los hijos no deja de ser una exhibición de los principios de los padres, con los que, en ocasiones, los hijos no están de acuerdo, por lo que este es un tema que expresa una relación de poder en la que acaban cediendo unos u otros.

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Preguntado por la edad a partir de la cual los niños pueden escoger sus propios modelitos, Capdevila dice que lo importante es que se vistan solos. A cambio de que se vistan, que se vistan como quieran.

Vestirse solos es una de las más importantes afirmaciones de autonomía en los niños y, por propia supervivencia familiar, se ha de tratar de que empiecen lo antes posible, aunque sea por partes. A menudo, las maestras se quejan de que, en parvulario, ellos mismos se sacan abrigos, cuelgan las carteras, se ponen y se sacan las batas y los zapatos a la hora de la siesta pero, en cuanto llegan a casa, los padres destruimos diligentemente todo el trabajo, asistiéndolos en estas tareas como si ellos nos fueran capaces.

Normalmente, hasta la pre-adolescencia, son las madres las que compran y escogen la ropa de la prole. Hay excepciones, naturalmente; precoces estilistas de moda (suelen ser niñas) que ya eligen lo que llevar desde muy pequeñas. Tienen un look fácilmente detectable y detrás de cada una suele haber un progenitor resignado o bastante orgulloso de la creatividad de su pequeña. Yo, personalmente, nunca he sido partidaria de que se vistan como ellos quieran, por razones puramente prácticas y estéticas, pero he tenido la suerte de que (en este aspecto), mis hijos han sido bastante dóciles. Pero puedo entender que, si el niño o niña se pone bravo e insiste salir a la calle vestido de futbolista o en lucir falda floreada con camiseta de rayas y leotardos lila, se acabe cediendo.

niños y ropa 8El conflicto, además, llegará tarde o temprano. Concretamente, en la adolescencia, como señala Capdevila: «Cuando de repente el hijo empieza a tener su propio criterio y de repente te das cuenta de que ocurren cosas que a ti no te gustan». Ahí es donde empiezan las broncas y las decepciones. Como la de María, una madre sevillana que llama al programa (minuto 8.30» aprox) y cuenta, con mucha gracia, como su hijo, de trece años, al que toda la vida ha llevado monísimo: «Con polos, pantalones y náuticos» ha decidido que lo suyo es el estilo «cani» o «poligonero»: chándals, camisetas fosforescentes y sin mangas, enormes bambas  y gorras gigantes.

ESTILO CANILa madre está desesperada: cada vez que van comprar ropa «es un show en la tienda» explica. Si le compra chándals, el niño los rompe y se los baja para enseñar el culo. Si le compra «los politos» que había lucido de crío, estos se quedan colgando en el armario, muertos de risa. La madre es criticada por su suegra y por su propia madre, por permitir que el nieto salga la calle como si «estuviera recogiendo cartones del cubo de basura», describe María. Se ha tenido que quedar en casa de una de sus abuelas porque quería ir a una primera comunión: «Con una camisa amarillo fosforito botines rosa fosforito y bermudas blancas». Los padres debieron decirle el clásico: «Así no vas» y… no fue.

Capdevila cree que el del vestir: «Es el tema que más y más divide a las generaciones. Incluso los padres más progresistas, por ejemplo, consideran que la hija va demasiado provocativa… El adolescente tiene una gran intuición y siempre va a buscar lo que más va a molestar a los padres».

Por otro lado, en el programa se menciona, al final, la tendencia de algunos de vestir a sus hijos como adultos. En especial, a las niñas, donde la moda hoy es vestirlas como pequeñas mujeres; como mini-objetos del deseo. El de las niñas sexualizadas es un tema alarmante que, además, se da, no en ambientes «poligoneros», si no en las glamurosas páginas cuché de revistas como ‘Vogue’. niños ropaSe ha escrito bastante sobre el asunto, pero destaco esta entrada ‘Hipersexualización de las niñas’ en el estupendo blog Mujeres para la salud. Para la psicóloga Elena Mayorga, es un patrón que responde a necesidades del mercado de consumo: «Hoy en día, los niños y, sobre todo, las niñas, están siendo utilizadas y “sexualizadas” como medio para vendernos a los adultos y a ellas mismas, todo tipo de productos (…) Se está exponiendo a nuestros hijos y sobre todo a nuestras hijas como “mercancía sexual” y eso en un mundo donde los abusos a menores aún es moneda común en muchos lugares, es un hecho extremadamente grave y peligroso». Otra psicóloga, Olga Carmona, denuncia cómo las niñas «van asumiendo con naturalidad perversa su condición de objetos sexuales. Así, se desarrollan mujeres frágiles, extremadamente vulnerables, inmersas en una batalla constante consigo mismas, de la cual es imposible que salgan victoriosas».

ropa niños

Y, no quiero pecar de alarmista, pero oigo más y más noticas relacionadas con la demanda, cada vez mayor, de jovencitas por parte de los usuarios de la prostitución (como en este artículo de El País cuyo título lo dice todo:«Los clientes piden carne fresca»). El cómo hemos llegado hasta aquí merecería una ponencia pero, mientras tanto, el mercado, cada temporada, provee de nuevos modelos de mallas de leopardo para niñas y trikinis en tallas infantiles y con estampados de princesas, entre otros. Absolutamente innecesario.niños ropa 4trikini niñaniños ropa 5trikini 2

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Los niños, los miedos y los padres de los niños con miedos

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Leo en el diario La Vanguardia una carta de Cristina Gutiérrez Lestón, una de las fundadoras de La Granja Escuela de Santa Maria de Palautordera, en las afueras de Barcelona. Este centro, cada vez más reconocido, tiene como objetivo ofrecer una experiencia lúdica a los niños pero, también, trabajar en aspectos como su educación emocional y la gestión de los miedos.
MIEDOS 1
En su impecable carta, titulada Los miedos de los niños, Cristina explica cómo está detectando a través de su trabajo que «el miedo en los niños es algo cada día más presente en sus miradas, su manera de actuar y, lo peor de todo, en originarles un montón de creencias limitadoras».
Pone como ejemplo el miedo de una niña de cinco años, durante una estancia en la granja, ante una actividad con un caballo. «Es que me dan miedo los caballos» le dice a la monitora quien, ante el comentario, le pregunta qué es lo que, en concreto, le da miedo de los caballos… La niña responde que «la boca» lo que da pie a que la monitora le señale que «entonces, no te dan miedo los caballos, sino la boca de los caballos». A continuación, la acompaña hasta el animal para que le toque el lomo, desde no se ve la boca. La niña está encantada porque «acaba de enfrentarse a un miedo y se siente más segura y tranquila», escribe Gutiérrez. Al final del campamento, acabará subida al caballo, feliz de la vida, porque subirse a un caballo es una sensación que no debería perderse ningún niño.
Un tema interesante que también comenta Gutiérrez en su carta es que no sólo los miedos infantiles son cada vez más frecuentes, sino que cada vez son más los padres que, en vez de ayudarles a enfrentarse a esos miedos, procuran ocultárselos. Lo ilustra con un ejemplo: «Nos llama una madre. Su hijo de once años vendrá de colonias y nos pregunta si tenemos actividades donde no hayan animales». Pacientemente, ellos le preguntan por qué no quiere que el chaval participe en actividades con animales y la madre responde que a su hijo «le dan mucho miedo los animales»… La lógica se pierde aquí por partida doble: una granja-escuela implica actividades con animales así que, si decides enviar a tu hijo con miedo a los animales a una, quizás es el momento para que venza este miedo, no para llamar a la granja-escuela y pedir que no le incluyan en actividades con animales. «No les ocultemos las dificultades a los hijos porque cada día estas serán mayores», observa Gutiérrez.
El miedo ha existido siempre. Es una emoción básica y su abanico de variedades, inacabable. Hay miedos de todo tipo. Conozco a una niña de ocho años que tienen miedo… a tirar la cadena del wáter. Mis dos hijos hace unos días me despertaron a aullidos porque vieron en el pasillo a una pobre araña a la cual, seguramente, se le paró el corazón ante tales gritos. Una amiga mía me explica, con toda naturalidad, que no lleva a su hijo a que le pongan unos muy necesarios aparatos en los dientes porque el niño «tiene miedo de la radiografía».
Hay miedos clásicos: a la oscuridad, a las serpientes… Miedo contemporáneos: a volar, a perder el móvil (se ve que es uno habitual ahora). Miedos indefinidos, como el miedo «a lo que pueda pasar» o «a lo desconocido» (que está directamente relacionado con la angustia), y miedos aparentemente tan absurdos como el ya mencionado ejemplo de no tirar la cadena del lavabo. Pero su esencia es la misma. El miedo nos paraliza. Nos impide desarrollarnos como personas. Nos impide estar bien.
El filósofo José Antonio Marina, un experto en miedos, asegura que «el miedo es una enfermedad, como el dolor de estómago o la gripe y, por lo tanto, hay que tratarlo con el mismo desprecio y distanciamiento que a estas enfermedades». Cristina Gutiérrez añade que «No podemos evitar el miedo pero sí que podemos escoger nuestra reacción: somos valientes y lo afrontamos o somos cobardes y lo rehuimos». Marina tiene claro que hay que enfrentarlo, porque el miedo se aprende, pero la valentía también, asegura. De eso va su último libro, ‘Los miedos y el aprendizaje de la valentía, (editorial Ariel), del cual habla en esta entrevista en RNE, y donde da algunos consejos para que los padres ayudan a quitarles miedos a sus hijos.
No se trata de llevar a cabo tratamiento de choque tipo vieja escuela, como tirar al agua al niño que tiene miedo de ella o encerrar en un cuarto oscuro al que teme a la oscuridad, sino comprenderlos y ayudarlos a que se habitúen a ellos. En el caso de un niño que tiene miedo a los gatos, por ejemplo, se puede empezar a «insensibilizarnos progresivamente», como dice Marina, acariciando el gato frente al hijo, animándole a acariciarlo también pero sin obligarle a cogerlo… En definitiva: «un proceso de acercamiento al peligro que va poco a poco desactivando el peligro». Como hizo la monitora de la granja-escuela con la niña y el caballo.
Marina también aconsejpremiar cualquier acto de valor de nuestros hijos: «Si de repente ha ido a una habitación a oscuras, hay que jaleárselo, porque cuando un niño se da cuenta de que ha sido capaz de enfrentarse al miedo, empieza a ser valiente». Y, también, explicarles qué es realmente lo que temen. Como el miedo a las tormentas: otro clásico que atemoriza todavía a tantos adultos. «Este miedo precisa también de un acercamiento paulatino y, además, de una información: explicarles que no son peligrosas y por qué», aconseja Marina.
Con los miedos y los niños lo importante como padres es ayudarles a enfrentarse a ellos pero no evitárselos, lo que parece ser la tendencia actual. Además, como recuerda la Cristina Gutiérrez en su carta (que tanto ha dado de sí); «superar un miedo es una fuente brutal de autoestima».

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De madrastras, cenicientas e hijas sin madre

Ya sé que, como en la vida hay de todo, en el mundo existen buenas madrastras. Pero este es un post dedicado a las madrastras-madrastras. A las malas. A esas que, como dice el diccionario de la Real Academia Española, no son sólo la «mujer del padre respecto de los hijos llevados por este al matrimonio» sino también, la «cosa que incomoda o daña«.

Quien esto escribe vivió durante unos años con una madrastra y no guarda precisamente buenos recuerdos de la experiencia. De todos modos, nada comparable con este testimonio aparecido en The Guardian a raíz del debate que ha surgido en el Reino Unido en torno a la llamada «ley Cenicienta»; una iniciativa que contempla incluir el concepto de maltrato emocional hacia los niños en la legislación.

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El texto (cuya lectura provoca una mezcla de angustia y rabia), se titula My cruel stepmother’s abuse cast a long shadow over my childhood (El cruel maltrato de mi madrastra amargó mi niñez) y en él, su autora, Chrissie Thomas, explica cómo su quedó huérfana a los tres años y, sin que pasara demasiado tiempo, su padre se casó con su secretaria. De este modo le metió en casa una madrastra tremenda, la cual se dedicó a machacarla durante toda su niñez, con todo tipo de retorcidos métodos que alternaban la violencia física con la emocional: de romperle el peluche que le había regalado su madre a quemarle la nuca con el secador, pasando por semi-ahogarla en la bañera y obligarla a comer cosas repugnantes («A los diez años, se empeño en convertirme en gorda», escribe Thomas. «El desayuno era leche hervida con mucha crema, copos de avena –porridge– y un bocadillo de mermelada con una capa de mantequilla de un dedo de grosor. Una vez vomité en el porridge pero, como tenía tanto miedo de ella, me lo comí»).

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La pesadilla, duró años y años y (como suele ocurrir en estos casos), incluía un trato preferente al hijo biológico de la madrastra. Y, como también suele ocurrir en estos casos, (¡y creo que es la parte más escandalosa!), el padre hacía ver que no se enteraba de nada… La autora asegura que su historia es perfecta para justificar una ley que haga que «los padres y madres que priven de afecto y amor a sus hijos puedan ser procesados criminalmente». El nombre propuesto, Cenicienta, le parece estupendo. A ella, de pequeña, el cuento le daba esperanza.

Detrás de las madrastras, sobre las cuales se ha escrito mucho, hay otro perfil menos conocido sobre el cual, en cambio, se ha escrito muy poco: las hijas sin madre. Niñas y adolescentes que se quedan huérfanas y quienes, como Chrissie y quien esto escribe, crecen sin esta figura fundamental. Algo que, madrastras aparte, es una auténtica putada.

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He buscado información sobre el tema y, hasta la fecha, lo mejor que he encontrado es un texto del reconocido psiquiatra Luis Rojas Marcos, parte de su libro Antídotos de la Nostalgia. En origen apareció en un artículo de opinión de ‘El País’, hace ya años, pero el enlace no aparece por ninguna parte, así que resumiré su contenido. A mi todavía me emociona.

«Casi un millón de niñas menores de dieciocho años viven en hogares sin madre en Estados Unidos (…) A pesar de esta abrumadora realidad, se nos hace muy difícil aceptar que las madres puedan morir jóvenes. Pienso que esta resistencia colectiva se alimenta del convencimiento de que ellas son la única fuentes inagotable de amparo. Es el miedo infantil que todos llevamos dentro a que nos dejen solos y sin sustento. La muerte del padre también es traumática, pero no inspira tanto estremecimiento, tanta indignación. Hiere menos nuestras premisas fundamentales de la vida».

«Las jóvenes que perdieron a su madre tenían un falso sentido de seguridad. En su corazón albergaban la creencia de que las madres son inmortales, que una madre nunca abandona a sus hijos pequeños. Esta impensable pérdida se convierte luego en la experiencia más profunda e impactante de sus vidas, en el acontecimiento cumbre que determina su futura identidad. Muestran además un impulso casi incontrolable de contarlo (…) Recuerdo a la estudiante de medicina que me llamó un día para acordar una cita. Al pedirle que me describiera su aspecto físico para poder reconocerla me respondió con esta precisión: ‘Tengo el pelo castaño, soy más bien bajita, llevo puesto un abrigo rojo y mi madre murió cuando yo tenía catorce años»

«Las hijas sin madre que he conocido posee un sentido muy agudo de la mortalidad. Hablan de espacios interiores vacíos, de piezas que faltan, de la herida abierta que llevan en la boca del estómago. (…) Avanzan desprotegidas por la vida. Aprenden a ser madres por su cuenta. Algunas se convierten en acaparadoras emocionales. Acostumbradas a recibir menos de todo lo que quieren o necesitan, tratan de acumular lo más posible.»

«Todas las hijas sin madre son conscientes de que su duelos las ha marcado y endurecido, pero también las ha impulsado a seguir caminos que, en circunstancias normales, no hubieran elegido. No pocas afirman que «la gran pérdida» hizo brotar en ellas un torrente inesperado de energía vital y creativa. No debe ser simple coincidencia el hecho que docenas de mujeres notables perdieran de niñas a sus madres: Marie Curie, Gertrude Stein, Eleanor Roosevelt, Jane Fonda, Madonna, Liza Minnelli, Oprah Winfrey, Virgina Woolf… Son muchas las hijas sin madre que no sólo superan aquella privación y aquel dolor, sino que resurgen con más fuerza y vuelven a volar.»

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(Mi madre y yo, a principios de los 70) 

 

Contrastes: la madre tigre y el padre de Malala.

chua 1Publico en el suplemento QUIEN de La Vanguardia un artículo sobre Amy Chua (chua pdf), quien saltó a la fama hace un par de años gracias su biografía, “Madre Tigre, hijos leones”, donde contaba cómo había criado a sus dos hijas con la premisa de que fueran las mejores en lo que ella les dijera, costara lo que costara.

Eso implicaba, entre otras cosas, horas y horas de lecciones de violín y piano (los dos únicos instrumentos permitidos por la madre), broncas si bajaban del sobresaliente y la prohibición de ir a dormir a casa de amigas, asistir a fiestas o ver televisión. Una disciplina estricta, sazonada por los gritos de Chua, que primaba inculcar los logros sobre la autoestima porque, para ella, son los logros los que la producen. Así, si su hija de cuatro años le dibujaba una felicitación de cumpleaños que consideraba mal hecha, no tenía ningún problema en tirarla a la papelera y decirle que le hiciera otra. Tampoco en llamarla “basura” si la situación lo requería, ante el horror (y algún llanto de consternación, incluso), de las madres norteamericanas.

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El libro de Chua causó conmoción en los Estados Unidos, donde la tendencia es sobreproteger a los hijos. La madre tigre se convirtió en una celebridad pero también, en una mujer odiada, que recibía centenares de e-mails semanales vilipendiándola. Desde su página web, Chua asegura que fue la primera sorprendida ante aquellas reacciones. Allí también confiesa que el libro fue una especie de expiación: “Lo escribí en un momento de crisis, cuando mi hija menor, Lulu, se rebeló contra mí y creí que la perdía”.

Al parecer, la niña no podía más: llegó a cortarse el pelo un día, cuando su madre le prohibió ir a la peluquería porque no había acabado su horas diarias de práctica de violín. En otra ocasión, durante unas vacaciones familiares en Moscú, le montó una escena en la plaza Roja donde le dijo, a gritos, que estaba harta del violín y de recibir la estricta educación a la china que su madre había recibido. Lulu, remarcó, no quería ser como ella.

madre tigre 3Chua nació en 1962 en Champaign, Illinois. La mayor de las cuatro hijas de un matrimonio de inmigrantes chino-filipinos. En su hogar, las normas eran férreas y la prioridad, la excelencia. Se les exigía mucho y se concedía muy poco. Siempre la mejor de la clase y licenciada en Harvard, no le costó encontrar un buen empleo: primero en una prestigiosa firma de abogados y, más tarde, como docente en Yale. Por ello, cuando fue madre, tenía clarísimo que iba a educar a sus hijas “del mismo modo que me educaron a mi”.

Pero su maternidad-tigre no ha acabado de funcionar; algo que habrá sido una frustración para una perfeccionista como ella pero que, no olvidemos, también la ha hecho millonaria. De su ideología solamente me gusta la idea de que la autoestima se logra en gran parte con el esfuerzo y que no hay que decirles a los niños que algo está fantástico si, realmente, no lo está. También intuyo que la exigencia materna es puramente académica: es un misterio si las niñas Chua se hacían la cama o ayudaban en casa, por ejemplo.

malala 1Los métodos educativos de la madre-tigre contrastan con los del padre de la que es seguramente la niña más respetada del mundo: Malala Yousafzai. Coincidiendo con la elaboración del texto sobre Chua, leo un artículo en ‘The Guardian’ sobre Ziauddin Yousafzai, el padre de la famosa activista pakistaní. Yousafzai es maestro y vive con su familia en Inglaterra después de que los talibanes tirotearan a Malala por defender la escolarización de las niñas en su país. En el artículo da unas pistas interesantes sobre su rol como padre de la que hoy ya es una adolescente y un símbolo internacional.

Lejos del ansia de Chua de moldear a sus hijas como ella quería, Yousafzai asegura que él, con Malala, hizo todo lo contrario: «No me pregunten qué hice, pregúnteme qué no hice», explica. «No le corté las alas». Para él, los niños «crecen por ellos mismos. Nosotros no tenemos que hacer que crezcan».

Llama la atención el no-intervencionismo de un hombre quien siempre estuvo disconforme con el trato desigual a las mujeres de su país y es un firme defensor de su derecho a la educación. Pero sin duda, fue él quien le inculcó a Malala sus convicciones y su pasión por la importancia del poder aprender. Sospecho que a partir del respeto, el ejemplo y la firmeza, pero sin tener que someterla a horas y horas de prácticas de violines o similares.

Yousafzai dice que siempre ha visto a su hija como «una compañera, una amiga, una camarada» y que solía discutir con ella cuestiones sobre la escuela mixta que abrió en 1994 en el valle de Swat, en Pakistán. Se fiaba de «su sabiduría», dice (Malala es muy sabia, según esta entrevista de Rosa Montero en El País es «evidentemente superdotada», pero también hace falta inteligencia para educar  a niños así).

malala 2En una sociedad tan machista como la pakistaní, la actitud de Yousafzai hacia su hija y su campaña por la educación de la niñas son remarcables. Sin embargo, Yousafzai asegura que Malala es más brillante que él («siempre se ha expresado mucho mejor»). Como padre, se siente lógicamente orgulloso de su hija: «Mucha gente hablaba en favor de la educación cuando los talibanes bombardeaban escuelas en el valle de Swat, pero la voz de Malala era como un crescendo. Era la más pequeña, pero su voz era la más grande, porque hablaba por ella misma», asegura.

Pese a los éxitos indiscutibles de Malala, Yousafzai dice que, cuando era pequeña, él no tenía aspiraciones muy elaboradas de cara a su futuro. «Pensaba en su presente», afirma. Que las madres-tigre tomen nota.

Malas madres latinas y obsoletas leyes anglosajonas.

malas madres 1Con una estética impecable y un sentido del humor poco habitual alrededor de un tema siempre tan trascedente como la maternidad, ha irrumpido en la web el club de las malas madres, donde un grupo cada vez más numeroso de progenitoras intercambia experiencias sobre su malas praxis maternas.

Lo cierto es que alguien quien se preocupa en ahondar sobre lo que es una mala madre no es necesariamente una mala madre, sino más bien lo contrario, pero aquí el mensaje es desdramatizar la labor materna y solidarizarse con aquellas mujeres que, más de una vez, hemos pensado secretamente que lo estamos haciendo fatal.

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Las web nace a partir del blog de una publicista malagueña, Laura Baena, madre de una niña de dos años y supervisora creativa en una agencia de publicidad. Baena, como tantas otras, trabaja, es madre y se ocupa de la intendencia doméstica. Como tantas otras, no llega a todo pero, lejos de achantarse, se ha dado más trabajo al fundar el exitoso club, donde comparte experiencias frustrantes con una legión de seguidoras-malas madres.

Los testimonios varían: de madres a quienes se les queman las croquetas a otras que se sienten culpables por no dar el pecho los primeros seis meses, como aconseja la OMS; de madres que no saben lo que son las pulseras de gomitas, tan de moda hora, a otras que olvidan cortarles las uñas a sus hijos y son discretamente amonestadas en la escuela; de madres que no se fían de sus suegras ni de sus maridos a madres que gritan en el mundo digital que NO querían ser madres.

malas madres 2La web no deja de ser una fiesta para celebrar un sinfín de supuestas malas maternidades y está llena de blogs, enlaces y testimonios. Entre tanta información, destaca el manifiesto del club, cuya última frase reza: «Detrás de una mala madre hay una sociedad que te mira de reojo porque ‘no cumples las normas’, tienes metas en la vida y planes en los que no entran tus hijos».

malas madres 4Y mientras las malas madres despuntan en España, en el Reino Unido se está considerando ampliar la ley que castiga las malas paternidades y maternidades. Según ha informado la BBC esta semana, el gobierno estudia una ampliación de la legislación contra el maltrato infantil para incluir en ella el concepto de crueldad emocional. La ley criminal, que se ha quedado obsoleta, no contempla como delito el abuso emocional a los niños, lo que dificulta el trabajo de los trabajadores sociales y la policía en casos de abuso, abandono y negligencia infantil.

Los supuestos de la nueva ley (conocida como «Ley Cenicienta»), que viene impulsada por la oenegé Action for Children, comprenden una serie de comportamientos de padres o tutores que van desde ignorar constantemente a los niños a no estimularlos, pasando por la denigración de los pequeños, el hacerles presenciar episodios de violencia doméstica, aplicarles castigos degradantes y corromperlos en conductas criminales o anti-sociales. 

ley cenicienta/malas madres

El reponsable de la oenegé Action for Children, Sir Tony Hawkhead, asegura, que de implementarse, el reconocer la crueldad emocional como delito supondrá un monumental paso adelante para miles de niños, ya que el abuso de este tipo puede causar un serio daño psicológico en las personas. El Gobierno británico quiere introducir la medida antes de la próximas elecciones. Posiblemente se pueda dar a conocer en el tradicional discurso de la Reina Isabel II en el Parlamento el próximo mes de junio.

 

Los papás y el fútbol de los hijos

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«Nos han robado un gol» le informa por teléfono, indignada, una madre enfundada en un voluminoso y brillante anorak de plumas a su interlocutor. Acto seguido, le pasa el móvil a su hijo quien, como si fuera un mantra, le repite al interlocutor (que deduzco debe de ser el padre) que, efectivamente, «los otros», les «han robado» un gol.

Los «otros» son el equipo de fútbol-sala de mi hijo de doce años del cual, obviamente, soy fan incondicional. Ese día ganaron un partido la mar de emocionante, donde un decisivo gol de portería a portería pudo o no haber entrado (el árbitro lo dio por bueno). El equipo de fútbol-sala de mi hijo gana unas veces, empata otras y, naturalmente, también pierde, pero ni en este último ni en ninguno de los otros casos se me ocurriría decir que «nos han robado» goles ni cosas parecidas.

La falta de deportividad y el mal comportamiento de algunos padres en los partidos de fútbol (u otros deportes) donde participan sus retoños es de sobra conocido. Gritos a los niños (propios y contrarios), insultos al árbitro y al entrenador, palabrotas… Pero parece ser que el tema se está desbocando en los últimos años (o quizás, es que se habla más de ello), y se está pasando de los siempre desagradables ataques verbales a los ataques físicos. Hace unos días, en León, un padre de un equipo de pre-benjamines (6-7 años) le dio una paliza al árbitro, mandándolo al hospital. El árbitro tenía 16 años. ¿Algo excepcional? No. En la crónica del suceso en la web sportleon.com se explica asimismo cómo, la jornada anterior; «tres colegiados tuvieron que refugiarse en los vestuarios hasta que llegó la Policía a salvarlos de quienes trataban de agredirles».

La violencia en el fútbol profesional es un problema reconocido y existen campañas a nivel internacional para promocionar el fair-play (el juego limpio), tanto dentro como fuera del campo. Pero quizás lo más eficaz sería empezar a promocionarlo desde las canchas de los más pequeños, en unas etapas en las que se aprende todo más fácilmente. Es lo que ha hecho la asociación juvenil la Rotllana, en Badalona, que ha montado una liga de barrio con una peculiaridad: se valoran los goles pero también, el juego limpio. De hecho, el fair-play tiene el mismo valor en relación a puntuación en la liga que un partido ganado o empatado.

La coordinadora, Olga Gascón, lo explica en esta intervención en la Ser, de la que hago un extracto:

– «Quisimos que no sólo se tuvieran en cuenta la competitividad sino también el fair-play. Dentro de este se valoran el respeto al árbitro, al rival y a los propios miembros del equipo; la puntualidad, la participación dentro de la liga de fútbol y el tema del juego colectivo».

futbol 4En la liga de Badalona participan 20 equipos con niños de entre 12 y 18 años. En sus inicios, el tema era horroroso: competición extrema, peleas… Así que empezaron a trabajarlo, hace dos años, dándole este nuevo enfoque. El resultado: «Las peleas ya son mínimas o nulas», explica Gascón. «Hay muy buen ambiente». La iniciativa cuenta con el soporte y colaboración de escuelas e institutos de la zona.

Desde Italia, otro país de padres futboleros y apasionados, llega otra iniciativa, ‘Genitori bordo campo’ (algo así como padres al borde del campo), que tiene como motto una indicación muy clara: los padres estamos fuera, no dentro de la cancha.

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Sabias palabras, quizás no comprensibles para todos, que ellos rematan con estos otros sabios consejos para los «genitori»:

«El entrenador entrena, el árbitro arbitra, tu DIVIÉRTETE»

«Tu misión es animar al equipo de tu hijo (…) no pensar en consejos técnicos. DISFRUTA del partido».

«El partido empieza en el vestuario, sigue en el campo y acaba en la ducha. Respeta estos momentos y DEJA QUE TU HIJO VIVA LA EXPERIENCIA DEL GRUPO»

«No discutas las decisiones del entrenador. Explica a tu hijo que su trabajo durante los entrenamientos se verá premiado y llegará su momento».

«Aprende a valorar las mejoras del equipo y de tu hijo pero no pienses sólo en el resultado. No importa si «ha ganado» o «ha perdido», piensa solamente en esto: SE HA DIVERTIDO».

nota: he respetados las mayúsculas del texto original.

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La tele tóxica

Recojo en El País, esta semana, este artículo sobre los horarios de le televisión en España. Su autora, , explica que más de medio millón de menores (de entre cuatro y 12 años) ven la televisión a partir de las diez de la noche, horario habitual en todas las cadenas para comenzar sus programas estrella.

tele toxica1La noticia se publió con motivo de la emisión de la final de La Voz Kids: un concurso de talento infantil (supuestamente familiar), que empezó a emitirse a las 22.00 y acababa, teóricamente, a la 1.25 de la madrugada. Un jueves.

La autora desgrana la dinámica de la audiencia infantil: «Cuando empieza La Voz Kids hay más de un millón viendo la televisión. Se van desenganchado poco a poco, pero al filo de la medianoche se mantienen despiertos casi la mitad. Y entre la una y la una y media de la madrugada 132.000 siguen atentos a las imágenes».

El caso de La Voz Kids es una vuelta de tuerca en un fenómeno habitual en España, donde los horarios supuestamente «mediterráneos» justifican pocas horas de sueño (no sólo de los niños). Pese a que hay movimientos para racionalizar los horarios a la europea, la «costumbre» se impone. Y, mientras que en Inglaterra, la BBC Children se apaga, con británica puntualidad, a las 19.00, aquí la televisión infantil emite prácticamente a todas horas. Por otro lado, los principales canales emiten sus programas familiares (como La Voz o El Hormiguero, que tantos fans tiene entre niños de diez y doce años), a partir de las diez de la noche.

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Pese a las quejas de asociaciones de usuarios, las dinámicas siguen. Pero, realmente, es aquí donde los padres nos hemos de poner firmes y hacer una cosa quizás algo pasada de moda pero que resulta la mar de efectiva: mandar a los niños a la cama. No sólo nos haremos un favor a nosotros mismos (un rato de soledad es estupendo) sino, también, a ellos.

El sueño es fundamental para el desarrollo de los niños y para su buen rendimiento escolar. Su carencia es muy perjudicial. Coincido con el pedagogo Gregorio Luri, autor de libro «Mejor educados», cuando escribe que «el elemento tóxico que está más a su alcance no es ni el tabaco ni el alcohol ni ninguna otra droga, sino la falta de horas de sueño«. Y es nuestra responsabilidad permitir que les sea o no suministrado.

La preinscripción

Ayer acabó el plazo de preinscripción escolar. Como madre que (creía) estaba curtida en este tema, no he querido ponerme esta vez demasiado nerviosa. Naturalmente, no lo he conseguido. Escoger colegio es siempre una decisión importante, aunque intuyo que crea más estrés en los países con sociedades menos igualitarias que en los que existe una educación pública, universal y de calidad y, en consecuencia, el principal criterio que prima es que el colegio esté cerca de casa.

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Aquí, priman docenas de criterios: desde «la fama» (buena o mala), del centro (un concepto en ocasiones abstracto, cuyos orígenes no son claros pero es fundamental a la hora de justificar una decisión); si es público, concertado o privado; su método educativo, las instalaciones; si hay cocina propia o catering; qué tipo de gente va; qué idiomas se enseñan; si van de viaje de fin de curso; ratio de alumnos hay por clase; ¿los controlan?, ¿cómo?…

Para llegar a acumular todos estos conocimientos, los padres y madres nos pateamos, durante varias semanas, los diferentes colegios, en jornadas de puertas abiertas donde se nos presentan con mayor o menor grado de sinceridad.

Durante todo el proceso se ejerce una especie de periodismo de investigación amateur que implica discretos paseos por las inmediaciones de la escuela que gusta o tocaría en las horas de entrada y salida de los alumnos; exhaustivas navegaciones por sus webs y por foros de internet, a ver si pillamos alguna opinión esclarecedora; una búsqueda de fuentes entre padres de alumnos, a los que se les somete a un interrogatorio más o menos disimulado; entrevistas personales con los responsables de los centros; llamadas telefónicas a los mismos, intercambio de informaciones con los otros padres que, como tú, también buscan escuela y que pueden pasar de colegas a rivales en en un plis plas (especialmente, si tienen más puntos).

preinscripción 3Al final, una vez recopilados el máximo posible de datos, llega el día clave de aplicar todos esos conocimientos en un formulario plagado de códigos, numeritos y letras diminutas. Es entonces cuando entra en el juego la estadística (¿cuántas solicitudes hay?; ¿para cuántas plazas?; ¿qué probabilidades tendré con mis puntos?…) Otra disciplina, el periodismo de datos, que puede llegar a ponernos realmente nerviosos.

Palabra de una que esta noche ha dormido fatal.

Las niñas… ¿son mandonas?

Quien esto escribe fue una niña mandona. Al menos es lo que decían (y siguen diciendo) los hombres de mi familia. Es por eso muy gratificante ver que en los Estados Unidos se ha puesto en marcha una campaña para, literalmente, prohibir la palabra «mandona». Ban Bossy (algo así como «Prohibir Mandona«), tiene como misión «animar a las niñas a ser líderes» y hacer entender a los que las rodean que ser firme, asertivo, tener ideas propias e iniciativa no equivale a ser una pequeña tirana… La campaña es un proyecto de la muy brillante Sheryl Sandberg*, directora de operaciones de Facebook; las Girl Scouts y el Girls Leadership Institute, organización sin ánimo de lucro dedicada a aumentar la autoestima de las niñas y potenciar su capacidad de liderazgo. La han apoyado, entre otras, Beyoncé y la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice.BAN BOSSY BEYONCÉ

A diferencia de otros países, en América, el aspirar al liderazgo y ser ambicioso son cosas vistas como algo positivo. Sin embargo, al igual que en otros países, el liderazgo y la ambición parecen ser un territorio masculino. Y ya desde la infancia, prácticamente. Como se explica en la web de Ban Bossy, en lo que se refiere a niñas y ambición, el patrón es claro: se las disuade del liderazgo bastante precozmente y a veces, basta una sola palabra para ello. Mientras que si a un niño que se impone o toma el mando en un juego se le llama “líder” con una sonrisa complacida, cuando es una niña la que hace lo mismo se arriesga a que la tilden de “mandona” (que viene a ser un sinónimo de otros términos como “agresiva” y “demasiado ambiciosa”). Por eso no es extraño, concluyen desde la web, que en secundaria las niñas estén menos interesadas que ellos en desempeñar roles de liderazgo, una tendencia que continúa en la edad adulta.

Mi hija tiene ahora ocho años y, si se las observa a ella y a su grupo de amigas cuando, parece muy improbable que ninguna de ellas sea jamás coartada de sus dotes innatas de liderazgo… En su mayoría son niñas con carácter, bravas, que saben muy bien lo que quieren, no tienen reparos de expresarlo y discutirlo en voz alta (quizás demasiado alta, en ocasiones) y jamás se les pasaría por la cabeza que tienen menos posibilidades de dirigir algo que sus compañeros de clase… ¿Qué ocurre, entonces? 

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El Girls Leadership Institute señala que el cambio se produce a partir de los 11-12 años, cuando empiezan lo que en EEUU se llama ‘middle school’. Es un momento en el que a las niñas les empieza a preocupar muchísimo lo que digan de ellas (y que las llamen «mandonas» es una de las cosas que nos les gusta que se diga que ellas).

Durante su trabajo de campo en las escuelas, esta organización detectó que habían niñas que, aunque durante el patio podían hacerse escuchar sin problemas, al hablar en clase apenas se las oía (por cierto, ¡también revelan que a las niñas se les da menos la palabra en clase que a los niños!). Asimismo se detectó cómo, al pedirles que hicieran una lista con sus virtudes, las niñas tendían a responder con humildísimas frases tipo «no quiero que la gente piense que soy creída»… Al parecer es una constante entre ellas su temor a ser juzgadas. Por eso, el asumir riesgos y exponerse, diciendo lo que piensan, el levantar la mano en clase, interviniendo, cuestionando… «podría no gustar a la gente». 

BAN BOSSYSandberg y las artífices de la campaña son mujeres prácticas, y por ello dan pistas para ayudar a las niñas a no perder su capacidad de liderazgo ni sentirse avergonzadas por ello. Entre otros, estos son los consejos a las niñas que pueden leerse al completo en este pdf en español Ban_Bossy_Leadership_Tips_for_girls-spanish (no muy bien traducido, me temo) y este en inglés, Ban_Bossy_Leadership_Tips_for_girls

  • Decir lo que piensan en clase: Que levanten la mano, incluso cuando no estén seguras de la respuesta.  Que  intenten no preocuparse por equivocarse. 
  • Dejar de disculparse antes de hablar: al parecer, con frecuencia, las niñas comienzan sus opiniones con disculpas (“No estoy segura de que esto sea correcto, pero…”) o con preguntas, en vez de afirmaciones («¿Martin Luther King no era un luchador por los derechos civiles?»…).

  • No hacer el trabajo de los demás: Cuando, en clase, uno de los miembros de un proyecto en grupo no trabaja lo suficiente (¡o no hace nada!), es habitual que las niñas lo hagan ellas mismas o que no digan nada al respecto. La solución:  «Aborden el problema preguntándole a su compañero/a de clase cuándo terminará sus tareas. Si no obtienen una respuesta clara, sean más directas acerca de lo que necesitan o pidan ayuda a un maestro».

  • Pedir ayuda: la gente más exitosa no consigue sola el éxito. Que no tengan miedo de pedir consejo o ayuda a maestros, entrenadores u otros adultos sobre cosas que les interesan.

  • Ponerse nuevos retos: la campaña insta a la niñas a salir de su zona de seguridad: animarlas a practicar un deporte que nunca han hecho o una asignatura que nadie esperaría que ellas hicieran. Que aprendan el lenguaje de los ordenadores (ver entrada Code.org) o tomen pequeños riesgos como «presentarse a alguien a quien no conocen».

  • No siempre es fácil decir lo que una piensa pero vale la pena: las niñas están creciendo en un mundo que todavía no tiene claro cómo encajarlas: tienen que estar seguras de sí mismas pero ser simpáticas, ser ambiciosas pero no egoístas, exitosas pero no engreídas… Las normas pueden ser confusas e injustas, lo que significa que no a todo el mundo les va a gustar que digan lo que piensan. Así que, adelante, que no se corten: que practiquen, digan y se lancen. 

La campaña BAN BOSSY, como todo, ha recibido críticas y elogios. En algunos medios importantes españoles ha salido en la sección de ‘Gente’ (cosas de tener a Beyoncé colaborando). Lo cierto es que es un buen punto de partida para ayudar a las niñas a que sean más asertivas y tengan más confianza en sus capacidades en una sociedad que sigue admirando y promocionando el modelo mujer-florero y continúa tildando de «mandonas» a las líderes.

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Sheryl Sandberg, directora operativa de Facebook desde 2008. Licenciada summa cum laude de Harvard, de 44 años, fue jefa de gabinete en el Departamento del Tesoro durante la presidencia de Bill Clinton. Bajo la batuta de Sandberg, Facebook ha incrementado sus ganancias de forma estratosférica. Su paso por dos de las compañías más exitosas del mundo (estuvo también en Google), la ha convertido en una de las multimillonarias más jóvenes, según Bloomberg. Pero más que por su fortuna, Sandberg es conocida por sus discursos sobre el «empowerment» femenino. Madre de dos hijos y defensora de las políticas de igualdad, muchos aseguran que su próximo objetivo será la política. Es autora del libro LEAN IN (Vayamos adelante), publicado en español por editorial Conecta.

BAN BOSSY SHERYL